Hombres que prescinden de la mujer y siguen su propio camino

SER-HUMANO-PENSANDO
MGTOW: Men Going Their Own Way

Cada vez son más los hombres que adoptan esta forma de encarar la vida en vista de los estragos vertidos sobre la mujer a consecuencia de décadas de intoxicación sufrida al haber ingerido en dosis a espuertas la receta que el pueblo elegido pergeñó para todos nosotros, los goyim, el ganado, los no judíos. A punto de culminar ya el ciclo de la historia temporal resulta evidente las nocivas consecuencias que ya han calado de manera irreversible en la sociedad occidental, y también pero de manera menos agresiva en sociedades donde aún rige la protección de un espíritu tradicional vehiculado principalmente por el islam y la cristiandad ortodoxa. La ideología feminista ha desquiciado por completo a la mujer, y con ello ha descorazonado al hombre, el cual no busca ya la dignidad y la plenitud de la vida en la sagrada unión con su amada, sino en una búsqueda de la felicidad solitaria alejada de la enfermiza y degenerada caracterización de la mujer moderna. La mujer, por ser la depositaria y el soporte vital de la fertilidad-bienestar del ser humano, ha sido el principal objeto del despiadado ataque con vistas a configurar sociedades decadentes y por consiguiente completamente serviles a los intereses de los globalistas en pos del establecimiento de su nuevo orden mundial satánico. La mujer de hoy ya no busca la felicidad en aquello que comanda su más básico instinto natural, que es la conformación de una familia, sino que persigue las metas de un individualismo anclado en la propia gratificación y el estatus personal en un mundo donde todo se valora en función de una productividad mercantilista. La mujer al orientar su vida entorno a todo aquello que atrofia el pleno desarrollo de su naturaleza maternal se mutila a sí misma y se incapacita para el florecimiento de una felicidad genuina, malgastando y frustrando así su vida. Solo hay que darse un paseo por las calles de una gran ciudad para comprobar la infelicidad y carencia de luz que desprenden sus maneras y sus miradas. Definitivamente hay sabiduría en esta filosofía MGTOW. Una sabiduría encauzada de la siguiente manera: la mujer moderna tras dilapidar sus años de lozanía en pos de todo aquello que la desquicia, esto es, que la desplaza del lugar que por su natural le corresponde, y al llegar a  lo que se viene a denominar “el muro”, o sea, su cuarentena de edad, se ve abocada indefectiblemente a la depresión que conlleva la soltería, pues a esas alturas y en abundancia de hombres MGTOW que renuncian por propia higiene personal al trato con mujeres, les resulta muy difícil encontrar tontos útiles que emocionalmente la sostengan, o mejor, que las aguanten. Antes de la explosión de la forma de vida MGTOW la mujer dislocada siempre podía reencontrarse con alguno de esos pobrecitos que las orbitaban en todo el esplendor de su lozanía y que inmisericorde los relegaban a la zona de amigos sin derecho al roce.

Ahora la cosa ha cambiado y cada vez hay menos hombres dispuestos a cargar con semejante lastre de mujer cuya viciada vida en el cultivo de todo aquello que la denigra en su feminidad la convierte en indeseable a la hora de establecer una sana familia. La respuesta inevitable a largas década de adoctrinamiento feminista llega con toda su aplastante y demoledora lógica, la del hombre cansado de ser siempre el malo, la del hombre acomplejado de mostrar su masculinidad y su natural de macho, pues como decía Diego el profeta, pintor de la montaña de color azul:

“Señores de la humanidad,  ¿cómo no voy a ser machista si soy macho? La verdadera identidad de machista es ser macho, así pues no pretendáis que sea hembrista si no soy hembra. Con mucho orgullo soy un machista porque Dios me puso la condición de macho.”

Una verdad tan tremenda y de connotaciones tan abrumadoras para la corrección política que hoy solo se atreven a proclamar nuestros locos benditos. Y es que a estas alturas del proceso dislocador del ser humano por la inversión de su natural esencia, decir las verdades más evidentes se ha convertido en todo un acto de osadía ante la horda de este universo vaginocentrista de hombres castrados y de mujeres anti-femeninas donde todo gira entorno al buenismo y victimismo de ellas frente al malvado que todo hombre es en potencia. Ya es hora que vuelva el macho y de que el hombre retorne a su natural, que recobre su dignidad como ser humano creado no para arrastrase mendigando el cariño de unas endiosadas sino para erguir su viril hombría en la soledad de su retiro mientras aguarda  a su amada, que una vez sanada de sus heridas y recobrado el sentido de una vida plena en la entrega por el despliegue de todo su potencial femenino, abrazará a su hombre para volver a recrear de nuevo el milagro de lo múltiple hecho uno. Por ese tiempo magnífico que está por venir yo, Uzman, suspiro, en la confianza ciega que da el sosiego y la amorosa espera en Layla.

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