-xiv- Un comentario a “Lamma bada yatathanna”, de la tradición Árabe-Andalusí

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Un comentario a “Lamma bada yatathanna” – De la tradición Árabe-Andalusí

Lamma bada yatathanna…

(Adaptado al español por despojosdeoccidente.org)

Cuando ella empezó a andar con ese balanceo asombroso

Su belleza me desconcertó

Y en prisionero me convertí de su mirada;

Su rama comenzó a doblarse en cuanto cobró vida.

¡Oh mi destino, oh mi perplejidad!

¿Quién aliviará mi sufrimiento a causa del amor

Y quién escuchará mi lamento

Sino la reina de toda Belleza?

COMENTARIO

Hay dudas acerca del autor de este famoso poema de la tradición árabe-andalusí, en cualquier caso se trata de un awliá, un amigo de Allah que plasmó por escrito su experiencia del Absoluto, la realidad última que subyace al velo de lo creado.

Cuando ella empezó a andar con ese balanceo asombroso

Su belleza me desconcertó

Y en prisionero me convertí de su mirada;

Ella es la verdad absoluta revestida de las formas externas que configuran el Dunia o mundo sensible. Cuando el ojo se acostumbra a ver la apariencia por la luz de su esencia y no por lo que aparenta se produce un desvelo que lleva al estupor ante el asombro por el descubrimiento de la belleza que se abre camino hasta asentarse definitivamente una renovada visión del mundo, luminosa y eterna, que destierra a la visión previa de lo contingente y perecedero. A partir de ahora el amante se vuelve prisionero de la mirada de la amada, omni-abarcadora y omni-penetrante.

Su rama comenzó a doblarse en cuanto cobró vida.

Ante la realidad de la verdad eterna descubierta, su rama, su manifestación externa, se dobla y declina, desprendiéndose como fruta madura caída ante el impetuoso avance del luminoso esplendor del Uno-Único.

¡Oh mi destino, oh mi perplejidad!

¿Quién aliviará mi sufrimiento a causa del amor

Y quién escuchará mi lamento

Sino la reina de toda Belleza?

Tras el desprendimiento del velo de “lo que no es Él” (el mundo de las formas compuestas), el amante desaparece en la Amada, persistiendo tan solo como un vestigio, un rastro, una huella de que alguna vez alguien hubo ahí creyéndose separado y buscado la plenitud, cuando la realidad es que en ningún momento Layla le soltó de la mano. Tras la extinción de la visión dual de la existencia persisten sus ecos: el dolor, la pena, la añoranza, el gozo y la alegría etc, pero ahora tras la unión el amante sabe la razón de todo el extravió, y sabe que sólo es posible acudir a la Amada en busca de solaz y de consuelo, pues el resto yace sucumbido al haberse derramado, de los recipientes, sus esencias. Y así, cualquier queja de amor por la añoranza va de Ella a Ella, sin intermediarios.

 

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