-xviii- Si los hombres supieran

portada libro vis-definitiva

-xviii-

Si los hombres supieran

“Si los hombres supieran, renegarían de mí” (Abu Yazid Bistam)

¿Y cómo no habrían de renegar si realmente supieran? Si supieran acerca de lo único que hay que saber renegarían de Abu Yazid Bistam, no irían a su puerta en busca de conocimiento, no desearían su compañía, no anhelarían los misterios que encierra el enigma de su mirada, y ni siquiera le saludarían, porque a la luz de esa única verdad que merece ser conocida Abu Yazid Bistam no es nada, no sabe nada, no vale nada. No se saluda a una sombra sino al hombre que la proyecta.

Abu Yazid abandonó su cuerpo aún estando en vida para fundirse a la luz de las luces y ser uno con los destellos de Su radiante e inigualable Belleza. Ese cuerpo de hombre que viste túnica y turbante ha dejado de existir y se pasea como una sombra luminosa entre una multitud de sombras tristes y oscuras. Una sombra luminosa porque no vale nada por sí misma, y al no valer nada por sí misma puede ser cualquier cosa, y de ahí su luz, que es luminosidad manifiesta bajo el poderoso sol de la presencia única. A su alrededor todas esas sombras oscuras confinadas en los límites de su individualidad no son más que espectros, pues solo proyectan una parcialidad que a ojos del que aspira a la totalidad es como la herrumbre que impide el fiel reflejo de las luces del Uno, el único que se muestra. Y si Él es el único que se manifiesta, ¿cómo habrían de ver otra cosa los que saben que Abu Yazid Bistam ha muerto aún estando en vida? Se muestra en las cosas sin ser las cosas. Si no te abismas en esta visión es que Allah te quiere separado para que derrames aún muchas lágrimas. Quizás así se limpie el espejo de tu corazón de toda huella de alteridad hasta que finalmente se refleje en ti Aquel al que amas en toda Su infinita y magnífica gloria. El hombre que ha realizado la unidad y ve con la luz de la unidad, está extinguido en la unidad y no puede dejar de contemplarla donde quiera que se muestre. Su mundo se ha plegado entorno a un solo punto y no ha quedado de él más que una voluntad completamente ajena. Cuando la voluntad propia se arremoline entorno al vertiginoso sumidero de la voluntad del Hacedor Único considera tu ser extinguido en Su ser excelso.

Las luces se superponen para configurar los velos de la amada, pero el amante sabe bien como desvestir a la novia. Si la desnudara su amor por ella no aumentaría, y oculta tras el velo, ¡luce tan hermosa!

abu

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