La lucha será atroz, y será a muerte

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Vivimos tiempos despiadados, y despiadada ha de ser la respuesta, pues está en juego nuestro patrimonio más sagrado, aquello que nos dignifica y nos hace humanos, y sin lo cual abocados estamos a las desoladas y tenebrosas vertientes de la cerrazón, a los fatídicos collados de la ignorancia, a las llanuras del hastío y la desesperación, a los desiertos de la desolación más absoluta y en suma a los infiernos de desconocer aquello que en nuestro fuero más interno realmente somos. Los densos nubarrones de no saber porqué fuimos creados en esta forma magnífica, de no saber el propósito último de nuestra caída a este páramo de las desdichas sujeto al cambio permanente en una precipitación constante de muertes y de pérdidas, se cierne sobre el horizonte y son ya multitud los cegados que se hallan en la oscuridad de sus tenebrosas oquedades. Su visión no les alcanza más allá de medio palmo delante de la tormenta que una fatal predisposición descargó sobre ellos, dejándolos aturdidos y perdidos, sin quibla alguna alrededor de la cual orientarse en busca de una salida hacia las luces.

La infelicidad a la que ha sido abocado el hombre moderno resulta palpable. Sólo los corazones rotos una y mil veces logran atisbar esos tenues reflejos que despuntan sobre los cielos abiertos, más allá de todo, más allá de la pena de saberse amado pero no poder hallarla a Ella entre los desbrozos de este mundo en constante decadencia. Los demás se limitan a deambular enmascarando su tristeza bajo las caretas de una falsa alegría.

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Sólo los mil veces caídos y levantados, y vueltos a caer de nuevo rotos del todo, tienen esa luz al fondo de sus miradas; la mirada de la esperanza en que tras el levantamiento del velo la Amada sabrá acogerlos de la mejor manera, colmándolos de luces y meciéndolos con la suavidad de sus benignas y cálidas brisas. Tras haberlo dado todo en la lucha contra su sí mismo, contra su ego, el guerrero está preparado para el abrazo definitivo y final de la muerte que lo suma en los abismos para resurgir de nuevo como un sol magnífico sobre el cielo de la gloria que se cierne alrededor de los que con honor caer supieron.

Mientras llega esa hora dulce del reencuentro con la Amiga Íntima, al hombre genuino que se resiste a entregar sus últimas gotas de humanidad ante el desmedido avance de las últimas acometidas de la bestia, no le queda otra opción que la guerra abierta; una guerra solitaria y despiadada, descorazonadora y brutal, donde afrontará en la balanza de la justicia divina la medida de lo que está hecho, la templanza de su corazón ante el infortunio, la nobleza de su carácter y su osadía ante la desesperación por saberse rodeado de desgañitadas hordas clamando en el traumático frenesí de la locura de su extravío.

Ahora es el momento, cuando la oscuridad es máxima, de sacar a relucir el honor y el coraje, la intrepidez y la valentía por saberse en el camino recto, frente a ese océano de infelices desesperados que agonizan en la podredumbre de sus propias vomitaduras. Es la hora de la firmeza y de no dar un respiro a las huestes de la bestia, inasequibles al desaliento, siempre desafiantes e insumisos ante sus disposiciones invertidas, ante la crueldad de imponer lo malo como bueno y lo bueno como malo, ante su total carencia de virtud y de nobleza, ante el mal gusto de su concepto de la belleza, ante su fatal y mortal desvarío.

La espada victoriosa será levantada de nuevo tras el fuego purificador que está  por venir, y se enarbolarán otra vez los blancos pendones con sus doradas insignias, los sellos de la perfección en la pureza del Amor y la Justicia tras el extravío.

Enjambres de hordas enfebrecidas se precipitan, pero nosotros somos nobles guerreros que aprendimos de nuestros mayores a afrontar la fatídica muerte con vistas a revestirnos de luces tras la caída del velo, en ese mágico momento cuando los luceros despuntan.

Dedicado a los hombres y a las mujeres libres de Palestina en su heroica lucha contra las últimas arremetidas de la bestia. ¡La victoria final es vuestra!

justicia

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