-xxxiv- Salma tiene un vedado

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-xxxiv- Salma tiene un vedado

Salma tiene un vedado por el que despreocupados deambulan los que sólo la buscan a Ella tras las huellas de sus furtivos pasos. En esta tierra de luces y fragancias las más hermosas de las flores son mecidas al arrullo de la brisa mañanera para luego, con el sol ya venciéndose en las últimas bocanadas de la tarde, desprenderse del adorno de sus hojas en un majestuoso despliegue que va alfombrando el suelo para que Ella pasee la desnudez de sus bellísimas formas. La belleza rinde pleitesía a Salma que es la Belleza misma en sus fuentes y jardines reflejada. Ella pasea su pureza de noche para que nadie se cruce con su mirada. Se oculta en las difusas sombras que la luna proyecta para no mostrar su voluptuosidad vertiginosa. En el juego del amor y al cobijo de la noche se funde con sus amantes, ocultándose así a ojos de los que no ganarían nada con los vislumbres de Su Unión, pues aún no les ha llegado la hora. A los que hondamente suspiran los mantiene alejados hasta que su purificación posibilite el reencuentro de igual a igual, ya que Ella sólo se une a su par y sólo se vence ante la fidelidad de su reflejo. Esto es la “Luz sobre Luz” del Corán para los que saben entenderlo.

Y así ha de ser por ser Ella la expresión misma de la Belleza presente en cada cosa. Los que la aman, una vez reconocido esto, tan sólo aguardan a que el pulido final de sus corazones refleje Su Rostro y en Él se vean colmados todos sus anhelos y aspiraciones.

Se usan palabras para describirla pero Ella las trasciende todas, Ella es Salma, el remanso de paz de un océano en calma que para sí reclama los turbulentos ríos que desgarrados de su fuente primigenia se precipitan en busca del inevitable encuentro con la inmensidad sus tranquilas aguas. Muchos son los que por Ella suspiran desde que Su pie puso cerco al vedado. Sus amantes se desviven y la velan haciendo olvido de todo aquello que pueda distraerles del recuerdo de Su presencia, una presencia la suya que es Suprema, pues no la oculta ni la luz del día que con su resplandor la alumbra, ni la oscuridad de la noche que la recubre con un manto de estrellas.

Ella me hizo suyo desde antes incluso de que este pobre menesteroso supiera siquiera de Su existencia y tras sus delicadas huellas enfebrecidamente la buscara. En el juego del amor Ella es el amante y es la amada, nosotros no somos más que los dardos envenenados que nos lanza para rasgar el velo de la distancia y que lo igual se una a su par, completándose así el círculo de Su presencia tras el asentamiento definitivo en el vórtice-sumidero de todas las luces.

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