PRÓLOGO – VISLUMBRES DE LA BELLEZA

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PRÓLOGO – VISLUMBRES DE LA BELLEZA

Vivimos en un mundo decadente donde la belleza ha sido relegada a los rincones más oscuros del olvido de nuestra verdadera esencia por el abandono de la vía revelada, siendo el Islam su actualización última y definitiva. Como consecuencia, lo que vemos por todas partes es la fealdad que traduce la falta de virtud, especialmente en el muy degenerado occidente, pues en oriente aún subsisten reductos que actúan como protección frente al descorazonador avance del influjo del maligno. El conocimiento de la Unidad vehiculado por las distintas tradiciones espirituales deja de ser efectivo en el momento en que la sabiduría y su reflejo a nivel práctico quedan disociados, quedando las sociedades que las acogen expuestas al descontrolado avance de la degeneración que conlleva el relativismo moral del “todo vale”. Por “vía revelada“ entendemos el conjunto de enseñanzas acerca de la realidad trascendente que subyace al velo de lo creado, junto con la guía moral adecuada para el desenvolvimiento de dicho conocimiento, tanto a nivel individual como colectivo. A lo largo de la historia dicho conocimiento y forma de vida adecuada se fue revelando, y fueron surgiendo así las grandes tradiciones espirituales en torno a la figura de lo que en el ámbito semita se conoce como “profetas”, que vienen a ser los maestros impulsadores de las distintas religiones, teístas o no, que hoy en día conocemos.

Desde las distintas plataformas académicas encargadas de la difusión del saber, del no-saber más bien, en este decadente mundo moderno, nos dicen que el ser humano surgió por el azar de la evolución a partir de la nada, y que tras pasar por los átomos, las moléculas, los gusanos, los reptiles, las aves y los monos, finalmente desembocó en la cumbre del homo-sapiens, el cual, después de abandonar las cavernas, a la postre puede disfrutar de las bendiciones de la modernidad y las bondades de la democracia.

Pero la realidad, tal y como queda reflejado en la codificación patente en el ADN, es bien distinta: el ser humano fue creado, tal cual es ahora, conforme a un diseño inteligente. Al igual que un programa informático, que sobre la base de una determinada codificación inteligente de la información, vehiculada por los polos “1” y “0”, manifiesta un propósito y un orden comprensible en la pantalla del ordenador, así el ser humano fue diseñado para manifestar el orden “divino”, o trascendente. Y al igual que los programas informáticos necesitan ser actualizados constantemente para no quedar obsoletos, así el ser humano necesita la reprogramación constante, a medida que el software de las distintas religiones caducan y ya no actúan como resortes para impulsar al hombre hacia su sí mismo luminoso y trascendente.

La evolución y el progreso del mundo moderno no es sino involución, retroceso y desvarío, pues desde las primeras generaciones del ser humano hasta ahora, la virtud y el acceso al conocimiento verdadero no han hecho sino decrecer, como queda plasmado en la degeneración y decadencia moral que asola el mundo de hoy, en especial en occidente, así como en la ignorancia rampante acerca de la dimensión metafísica del mundo sensible.

El hombre primigenio estaba más predispuesto de forma natural a adoptar formas de vida sanas y armónicas, donde predominaban la virtud, el bien, la justicia, la generosidad, la belleza, etc. Tras milenios de alejamiento de la fuente original, esa inteligencia creadora de la que procedemos, lo que predomina en las sociedades modernas es todo lo contrario, la ignorancia, el egocentrismo, el hedonismo, la racanería, la fealdad, etc. Las sucesivas implementaciones del software religioso fueron suponiendo una revitalización, un necesario contra-impulso para frenar en lo posible la propia inercia decadente hacia la autodestrucción final que caracteriza el alejamiento y abandono de la vía revelada y de las formas de vida acordes a ella. Aquí, cuando la oscuridad debido a este alejamiento de las luces es máxima, es donde entra en juego el último camino espiritual revelado, el Islam. No en vano el Islam mantiene su vigencia, tanto en su dimensión  interna de conocimiento metafísico, como en su dimensión externa de legislación en todo lo que atañe tanto al individuo como a las sociedades. Al ser, en estos tiempos finales, tan vasto el extravío, la inteligencia creadora (Allah) tuvo que revelar un camino recto, sin fisuras, donde la ley y la sabiduría volvieran a ir juntas de la mano, con vistas a proteger al remanente humano que aún se resiste a plegarse a los nocivos y muy democráticos dictados de la modernidad. El Islam consigue esto por dos vías: (A) por la vía de la simplicidad y de la profundidad doctrinal, y (B) por la claridad y el rigorismo de su cuerpo legislativo.

A) LA DOCTRINA: EL TAWHID (la unidad).

Hemos dicho que desde que el ser humano fue creado, no ha hecho más que involucionar y degenerar, como el decadente mundo moderno pone en evidencia. Esta decadencia es en todos los órdenes de la vida, y en el intelectual también. El ser humano de hoy es el menos dotado de inteligencia de toda la historia. Por inteligencia se entiende, como es lógico, la capacidad para discernir lo verdadero de lo falso, y no la mera capacidad para resolver sudokus en muy poco tiempo, como piensa el patético hombre moderno. En realidad no es la inteligencia la que decae, sino que la predisposición natural a buscar la verdad ha sido soterrada por capas y capas de adoctrinamiento invertido. Es debido a la ignorancia generalizada y el desvarío rampante propiciado por todo tipo de enseñanzas contrarias a la verdad (siendo la superstición del ateísmo-agnosticismo-evolucionismo su punta de lanza), que el Islam tuvo que venir para dejar claro lo que poco a poco se fue olvidando: que la trascendencia sólo es posible accediendo y estableciéndose en la Verdad que subyace a lo creado. Esta verdad es Una y Única. Una, porque otra realidad no es posible a su lado, ya que todo lo penetra y trasciende, y Única, porque su conocimiento es la única vía de acceso posible para abrir la puerta de la contingencia hacia la eternidad de sus luminosas planicies.

Esta enseñanza no-dual estaba presente en todas las tradiciones espirituales, hasta que se fueron contaminando. No decimos que aún no persistan restos de ello en otras tradiciones como el Taoísmo, el Budismo o el Hinduismo, pero sí decimos que esos remanentes ya no repercuten lo suficiente a nivel social, por lo que tuvo que revelarse el Islam para erigirse en el último reducto y la muralla final de contención frente a los nocivos influjos del maligno.

B) LA GUÍA MORAL: LA SHARÍA (la ley).

Es aquí donde reside el mayor beneficio de adherirse al último Din (camino) revelado, ya que podemos leer y estudiar acerca de la visión no-dual de la existencia en libros, y acudir a seminarios para aprender de qué se trata, y a lo sumo nos dirán que hay que cultivar la virtud y tener un buen comportamiento moral, pero más allá del ámbito de lo individual no se legisla nada, cosa que no ocurre en el Islam, donde su normativa abarca tanto lo individual como lo colectivo. Sin este aspecto de legislación social el Islam sería una pieza más dentro del escaparate de las distintas espiritualidades new-age que el mundo moderno nos ofrece. Y es dicha claridad y rigidez normativa lo que provoca el rechazo y el desprecio generalizado del degenerado occidente, lo cual no puede ser sino una buena señal de que realmente se trata del camino justo y recto.

Al ser el Islam la vía revelada por la inteligencia creadora (Allah) para estos tiempos oscuros previos al cierre definitivo del ciclo histórico, debe necesariamente legislar, no sólo para aconsejar al individuo a dirigirse en la vida conforme a la bondad y la justicia, sino que además debe legislar a nivel social para proteger al colectivo frente al influjo que se desprende del ambiente cultural decadente que se acaba imponiendo cuando se desprecia a la inteligencia creadora (Allah), y se mancilla su maravilloso diseño plasmado en el ser humano, quedando éste desnortado y sin rumbo. Con vistas a salvaguardar la integridad psicológica del hombre, y que pueda desarrollar todo su potencial oculto, que no es otro que realizar la plenitud de su ser más íntimo, es por lo que es tan importante hoy en día la adhesión al Islam, en su doble vertiente, interna y externa.

Al principio de la historia humana no era necesario este rigorismo enfocado en lo externo, pues la virtud y la bondad era lo que predominaba de forma espontánea, y así la tradición espiritual se centraba en la transmisión del conocimiento de la Unidad, la visión no-dual de la existencia. Pero el momento ha llegado, y es ahora, cuando el ser humano ha sido inducido a creer en la superstición del ateísmo y a adoptar toda forma de vida desviada e insana, cuando ha sido adoctrinado en llamar a lo malo bueno, y a lo bueno malo, cuando ha sido educado en el mal gusto y en una concepción torcida de lo bello;  ahora que toda su expectativa vital gira sólo en torno a la mera satisfacción sin trabas del placer,  tanto físico como psicológico, es cuando hay que decirlo alto y claro: el tiempo se acaba y el Juez Supremo retirará el velo, tras el cual cada cual se unirá a su igual, ya sea en las luces o en las tinieblas.

Los maestros enseñan que sin Sharía (camino-virtuoso) no hay Haqiqa (verdad), y sin Haqiqa (verdad) no puede haber Sharía (camino-virtuoso). Sin camino no hay verdad, porque el ego no se domeña y se rinde finalmente a su propia nada, más que con su doma, en base a la práctica de la virtud con vistas a ir soltando la fijación egocéntrica. Y sin verdad no hay camino, pues la práctica de la virtud no es más que el reflejo en el mundo de las causas intermedias, el Dunia o mundo sensible, de la consciencia no-dual, tras el abandono del “yo” ilusorio y el asentamiento en las luces de la Realidad Primera y Última. Ambas vías, la de la virtud y la del conocimiento del Uno-Único, son indisociables.

El único propósito de este libro es aportar luz y belleza, así como denunciar el malsano ambiente cultural dominante en occidente. ¡Que redunde en un beneficio!

Uzman Javier García

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