¡Las puertas del abismo están abiertas, corran hacia ellas!

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Desde que la cavidad de mi ojo fue vaciada y llenada de luces, no dejo de merodear por cualquier lugar donde parecen surgir las sombras del extravío para adentrarme en ellas y así desenredar su oscura maraña y ganar para mi, tras el desenvolvimiento, las luminarias ocultas encerradas en sus adentros; de esta forma mi iluminación, de instante a instante, y en toda circunstancia, es completa y perfecta. En esta ocasión, rondaba yo los tempestuosos mares del muy degenerado occidente cuando me topé con esta enorme pieza de ponzoñosa podredumbre:


30/09/2018  Clarín.com

Bud sex: la nueva tendencia. Sexo entre hombres heterosexuales sólo por placer”


Vamos a intentar analizar esta muestra de excrecencia humana. Omitimos la foto que acompaña a la noticia por respeto a los lectores y a nosotros mismos.

Nos dicen que se trata de una nueva tendencia, de una moda, que amenaza ya con terminar de arrasar los últimos restos de cordura y humanidad que aún puedan ir quedando en este páramo de la desolación en que se ha convertido el mundo. ¿Cómo surgen, se instalan y se propagan este tipo de tendencias a contra-natura? ¿Acaso alguien puede pensar que todo esto es fruto del azar? Claro que no, estamos ante un nuevo engranaje de la ingeniería social con vistas a la destrucción total y absoluta de lo que, desde el alba de los tiempos, se consideró una vida buena y sana, para ser sustituida por un sucedáneo de vida preñada de todo tipo de actitudes vitales nocivas que percuten en la psique humana hasta taladrarla y lograr arrastrarla al lodazal de una existencia que gira exclusivamente en torno a la satisfacción del mero placer, tanto físico como psicológico. El objetivo de esta ingeniería social es la producción del subhumano que hoy vemos campar a sus anchas por doquier, una especie nueva de ganado, al que se le ha desposeído de su innato impulso por la búsqueda de Dios, de la trascendencia, así como de sus vías de acceso a través de la adopción de la virtud, conforme la tradición y el sentido común dictan. Esta nueva especie, caracterizada por su superficialidad y la ausencia absoluta de cualquier impulso hacia trascender los límites de su propia individualidad, representa para los pergeñadores de todo este mal, un ideal para el establecimiento de sociedades indolentes, dóciles y manejables, centradas como están únicamente en el placer y los logros personales.

Para entender esta debacle espiritual traducida en inmoralidad y egolatría a raudales, hay que remontarse a los orígenes de lo que se viene en llamar el “marxismo cultural”.


METAPEDIA:

El marxismo cultural, o también, neomarxismo, nueva izquierda, liberalismo cultural, o izquierda cultural, es una construcción teórica que interpreta y aplica conceptos marxistas en términos socioculturales en lugar de económicos, utilizando una síntesis de las ideas de Karl Marx y de Sigmund Freud.

Comenzó formalmente con la fundación de la neo-marxista Escuela de Frankfurt, en Alemania, en 1924. A partir de los años 1960′ se fue extendiendo por todo Occidente, y en menor medida fuera de él.

Esta interpretación creó un conjunto de ideas surgidas como forma de subversión contra diversos valores tradicionales y otros elementos fundamentales de la sociedad occidental como la familia, la religión, la sexualidad, la raza, el nacionalismo e incluso el arte, a los que considera “atrasados”, “obsoletos” u “opresivos”. Esta subversión cultural se disfrazó bajo el eufemismo de Teoría Crítica.

De este modo “critica” y ataca cada uno de los aspectos, características e instituciones propios de la sociedad occidental-europea a la que considera y señala como “opresiva”.


La idea fundamental tras la implementación social del diseño pergeñado por los ideólogos del marxismo cultural es: DESTRUIR PARA CONSTRUIR, y así reinar poniendo orden en medio del caos, su orden, claro, el nuevo orden mundial satánico, sin Dios, sin moral, sin fronteras, sin nacionalidades, sin religiones y sin seres humanos, ya que a ellos sólo les va bien el ganado, que no piensa y se limita al disfrute de lo que sea que se les muestren en los distintos escaparates mediáticos para su consumo. Ni que decir tiene que los promotores y principales integrantes de la escuela de Frankfurt, origen de todo este mal, son correligionarios adeptos al talmud, que no a la Toráh, -la Biblia-, ya que ellos adoran a Lucifer y aspiran al paraíso aquí en la tierra (su paraíso), no en las esferas celestiales que se abren más allá de las puertas de lo condicionado, el Dunia o mundo sensible.

En esta ocasión nos dicen que el sexo entre hombres no-homosexuales está de moda; suponemos que igualmente estará de moda entre las mujeres no-lesbianas, aunque el artículo que estamos analizando sólo hable de ellos. Tras la primaria repulsión que nos provocó, hemos de decir que no nos extraña en absoluto, pues sabemos que aún habremos de ver cosas terribles normalizadas socialmente, como el incesto, la pedofilia, la zoofilia, el sexo con cadáveres, el sexo con robots, etc. La tendencia descendente hacia los inframundos del total desvarío está desenfrenada, y la caída es ya imparable, a la espera del reset del sistema, tras el cual volveremos a gozar de las luces de la verdad, del bien, del amor, de la belleza y de la justicia. Así ha sido siempre.

Decimos que no nos extraña esta aberrante tendencia del “BUD SEX” porque es la consecuencia lógica de décadas de democrático adoctrinamiento homosexual. Si echamos un vistazo a las producciones de Hollywood y a las series televisivas de mayor éxito, vemos que la temática gay-friendly abunda.

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“Brokeback Mountain”, de Ang Lee, “Transamerica”, del director Duncan Tucker,  “Milk” cinta del prolífico Gus Van Sant, basada en la biografía del político gay Harvey Milk, “Los chicos están bien”, de Lisa Cholodenko o “Carol”, de Todd Haynes no sólo triunfaron en el circuito de festivales, sino que llegaron a las puertas del Oscar.

*

Ingeniería social en estado puro. Somos defensores de la libertad individual dentro del marco de la privacidad, de puertas para adentro que cada cual haga de su vida lo que quiera, pero somos detractores acérrimos de la apología pública de la desviación, y  abogamos por eliminar la propaganda homosexual del cine, de la TV, de las calles y de los colegios, donde ya se les enseña a los niños desde bien pequeñitos a normalizar la sodomía. Eso es precisamente lo que ha hecho Vladimir Putin en Rusia, donde por ley se prohíbe todo adoctrinamiento subversivo contrario a la moral tradicional, así como sus manifestaciones festivas públicas del tipo “día del orgullo gay”. Putin no es un santo, pero sin duda que es un dirigente honesto, además de un buen cristiano ortodoxo, sabedor de que la única forma de evitar que Rusia sea colonizada de nuevo y se convierta en un títere más de los que tras la cortina manejan los asuntos del mundo con vistas a la satanización globalizadora, es que Rusia no abandone sus raíces, valores y tradiciones cristianas. Desde aquí le aplaudimos y le damos las gracias, además de por dicha actitud vital, por evitar, en varias ocasiones, el estallido de la III guerra mundial, evitando (o posponiendo más bien, ya que es inevitable) que la tierra fuera ahora mismo un páramo nuclear habitado únicamente por cucarachas.

Ante este descorazonador panorama, es lógico que las mujeres piensen que ya no hay hombres. De eso se quejan, al menos las que salen en la TV, ya que con las que pululan por las calles no tenemos trato alguno, más allá de lo mínimo exigible por la cortesía. Por supuesto que no hay hombres, están ocupados en destruirse a sí mismos, empeñados, tal y como han sido adoctrinados, en “salir de su zona de confort”, en explorar y experimentar sensaciones nuevas, ya que este sucedáneo de ser humano, esta excrecencia con revestimiento humano, odia la imposición de lo biológico, los límites establecidos por la fitrah (la naturaleza primordial que hizo de molde para la creación del hombre), conforme fueron establecidos por la inteligencia creadora para salvaguardar la psique humana y facilitar el desenvolvimiento de la consciencia hacia las luces omniabarcadoras y omnipenetrantes del Amigo Íntimo (la realidad primera y última).

Pero no, no le hablen al hombre moderno de tales cosas, dígasele, por el contrario, que la felicidad genuina está en disfrutar la vida a tope mientras se pueda, pues esto se acaba, la vida son dos días y ya ha pasado uno y medio; así que a experimentar, a explorar, a gozar, a viajar a lugares cuanto más exóticos y hetero-patriarcales (eso que tanto les han inducido a odiar) mejor. Dígasele hoy al hombre que la libertad es no ponerle trabas al disfrute, es no ponerle puertas al campo del deleite personal, y es, sobre todo, salir del anquilosamiento existencial probando cosas nuevas, pues hasta que no se prueba algo no sabes si te gusta o no; así que vayan, fóllense, penétrense los orificios del placer, tengan relaciones “abiertas”, pues la fidelidad a un solo individuo es encorsetada y aburrida, píntense el pelo de colores, agujérense el cuerpo y hagan pender de ellos todo tipo de colgajos extraños, tíñanse la piel con coloridos venenos según las distintas evocadoras formas con las que se disfraza el maligno, enamórense de la persona sin mirar su género,  pues da igual que se vea así mismo como hombre, como mujer o como neutro, lo importante es el amor y pasarlo bien, sin estereotipos limitantes. Corran y adórense a sí mismos, y cuando estén arruinados y los traumas empiecen a supurar la podredumbre de la enfermedad por todas partes, cuando empiecen a aflorar los síntomas de la psicopatía que traduce el alejamiento de la verdad, acudan al médico; al principio les recomendarán “vida sana”, después les medicarán para los dolores de cabeza, luego les darán algo para poder dormir, más tarde les mandarán al psicólogo, y luego al psiquiatra, que los atiborrará de químicos para anestesiarlos y poder sobrellevar, en la inconsciencia del sopor, la ruin existencia a la que inevitablemente, tras los disfrutes pasajeros, se verán abocados.

Ya no hay hombres, ni mujeres, pues ellas andan exactamente en lo mismo. Los hombres de hoy están en las catacumbas del olvido, en las trincheras de las batallas perdidas, en los abismos de su propia autoestima, a salvo de toda esta barbarie, de este insoportable hedor maloliente que desprende la modernidad y los sacrosantos valores democráticos. Los hombres de hoy están en los desiertos de la fidelidad abnegada a sus principios, en los páramos de la insumisión inconformista que no comulga con estos podridos convencionalismos; el hombre de hoy está en las simas de la desesperación por la contemplación impotente de la autodestrucción del ser humano. Por los océanos del anhelo del amor verdadero, y en pos del bien, de la belleza y de la justicia, navegan solitarios los últimos hombres, y mujeres, que aún tienen la intrepidez y la osadía de atreverse a navegar a contracorriente, en la esperanza del esclarecimiento y el amanecer de las luces tras el desvarío.

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