ESTUDIO ESCATOLÓGICO DE LA DEBACLE ESPIRITUAL Y HUMANA QUE ASOLA A OCCIDENTE

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La decadente juventud occidental está destruida, es algo evidente para cualquiera que tenga ojo crítico y sea capaz de ver las vergüenzas al aire del “emperador desnudo” que alegremente se pasea por las sociedades que la corrosiva ideología democrática propicia. A nosotros no nos importa pregonar que el monarca está empelotas, mientras que el ganado humano le vocifera vítores y agradecimientos por todos las bondades que le depara a sus súbditos. Dicha actitud vital ante la debacle humana que presenciamos es a costa de ser considerados gente realmente odiosa, que a estas alturas del progreso y la evolución hacia la cumbre de todas las excelencias, no deberíamos de existir por haber sido ya extinguidos hace siglos, o milenios, devorados por los avances en pos de la consolidación de este supuesto estado del bienestar del que dicen que gozamos aquí en occidente. Pero Dios lo ha querido, que clamemos y clamemos, aunque nadie nos oiga.

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Una macro-discoteca en Móstoles, provincia de Madrid, ESPAÑA

DROGA, ALCOHOL, REYERTAS… Y MUCHO SEXO

Leemos en uno de los panfletos propagandísticos del satánico sistema gobernante, el corrosivo diario “el mundo”, que en las recientes fiestas de Móstoles (España), hubo una mega-concentración de jóvenes que devino en una orgía violenta, donde varios grupos de cachorros de ganado humano se enfrentaron con puños, palos, piedras y navajas. La policía tuvo que intervenir para calmar los ánimos y realizar algunas detenciones. También nos informan que, en el margen de tiempo de menos de una hora, otras tres reyertas ocurrieron en la capital (Madrid) y en Getafe, otra localidad de la provincia madrileña. Este tipo de noticias son habituales dentro de la sección de “SUCESOS” de los distintos medios de desinformación y adoctrinamiento masivos y, como siempre, jamás va acompañado de un análisis razonado acerca de las causas de esta deriva violenta y hedonista de la juventud en las sociedades democráticas.

Nosotros somos especialistas en analizar y desmenuzar la realidad tras los despojos de occidente, y no nos importa soliviantar con nuestras exposiciones lógicas a determinados lobbys de influencia y de escandalizar a la generalidad del adoctrinado rebaño humano por ello, así que vamos a tratar de analizar, (a) porqué ocurren estas cosas y (b) porqué nadie habla de sus causas y las democracias no hacen nada para encauzar a la juventud con vistas a proporcionarles una educación digna.

A) ¿Por qué ocurren estas cosas?

Nuestro enfoque ha de ser inevitablemente escatológico, pues sin recurrir a esa ciencia resulta imposible responder en profundidad para tratar de desentrañar y esclarecer el meollo del asunto. La escatología es la ciencia que estudia el devenir del mundo y del ser humano tras el desenvolvimiento de la manifestación física. Lógicamente se trata de una ciencia  teísta, o metafísica si lo prefieren, en la que no tiene cabida la superstición de la creación y evolución del hombre por azar a partir de la nada. Para los ateos o agnósticos hablar de metafísica es como hablar de alienígenas-lagartos constructores de pirámides, así que mejor que los adoctrinados en la no-trascendencia no sigan leyendo y busquen entretenimiento en otro lado, pues nada de provecho sacarán de lo que aquí decimos.

La premisa fundamental de la que partimos es que la inteligencia creadora emanó, de sí misma, el mundo, con un propósito. La firmeza de este axioma inicial radica en los siguientes puntos:

  • La observación y estudio de la naturaleza (la creación, lo manifestado).
  • La conclusión lógica tras la observación y estudio de la naturaleza de que no hay creación sin inteligencia y sin un propósito para lo creado.

Esta manera de razonar resulta altamente perturbadora  y escandalosa para los aborregados hombres que la modernidad ha parido, pero antaño, cuando los hombres eran hombres, y las mujeres eran mujeres, esto era de lo más habitual, y hasta los niños estaban familiarizados con dicha manera de afrontar una sana cosmogonía del mundo.

Analicemos este ejemplo que nos brinda la observación de la naturaleza

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La actividad de la inteligencia creadora de las abejas se traduce en la producción de panales y de miel. Ambas creaciones no son fruto del azar al combinarse aleatoriamente distintos elementos sino que responden a un propósito inteligente: el del almacenamiento eficiente en el menor espacio posible de la comida para la colmena. La inteligencia de la abeja es doble, pues tiene una vertiente individual y otra colectiva, siendo ambas indisociables e imprescindibles para la prosperidad de todo el colectivo. Este mismo patrón de comportamiento que vehicula la inteligencia creadora se repite en la naturaleza a cualquier nivel de fractalidad. Urge ahora analizar, ¿y quien creó a la abeja? ¿Quién fue antes, el huevo o la gallina? El patético hombre moderno, prisionero como está de la superstición materialista-ateísta, dirá que se crean a sí mismas, cuando lo que hacen en realidad no es más que reproducir e implementar el diseño inteligente que el Creador plasmó en su codificación genética. De modo similar, en el nivel fractal correspondiente al ámbito humano, la inteligencia del programador informático codifica la información, en base al par de pulsos primarios: “1” y “0”, para plasmar en la pantalla del ordenador un determinado propósito, vehiculado mediante un lenguaje de programación específico. En el fractal del mundo natural, dicha inteligencia creadora que plasma toda la maravillosa profusidad de vida que vemos, se traduce en los distintos lenguajes inscritos en la codificación genéticas de las diferentes especies, las cuales no provienen por la evolución del azar unas de otras, como piensa el muy mermado intelectualmente y decadente hombre moderno, sino que fueron creadas tal cual, conforme a un diseño y propósito en concreto.

Esto que decimos es tremendamente descorazonador para los creyentes en el dogma de la no-trascendencia, y consecuentemente en la extinción en la nada tras la muerte, no siendo capaces de dilucidar lo absurdo de creer que de la nada pueda surgir algo, y que ese algo, tras su desenvolvimiento temporal, se desintegre. Si realmente no existiera nada, si no hubiera una realidad trascendente que vertebre la vida y la consciencia, nada hubiera sido visto, pues la manifestación no hubiera sido posible sin nada que la sustente; del mismo modo que, ya que constatamos que realmente somos, pues vemos, tocamos, oímos, olemos y pensamos, es imposible que lo que “es” deje de ser, por más que muten sus apariencias a ojos del no avezado en esta ciencia tras el conocimiento del absoluto subyacente.

Esta forma de razonar resulta inaudita a las hordas de fanáticos deficientes intelectuales, creyentes en el surgimiento espontáneo, por un accidente de la  casualidad, y sin razón de ser alguno, de todo el maravilloso orden natural desplegado.

De entre todas las criaturas salidas del seno de la inteligencia creadora (Dios, Allah, Brahma, Gran Espíritu, –wakan tanka-, o como se le quiera llamar), sólo a dos seres se les concedió la posibilidad del libre albedrío: los yinn y los hombres. Y ambos fueron creados con un único propósito vital.

“Y no he creado a los yinn ni a los hombres sino para que me conozcan y (en consecuencia) se sometan” – Corán

Preferimos dicha adaptación libre al español del versículo coránico, ya que la traducción más literal: “…sino para que me adoren”, se malinterpreta y no se entiende en occidente, debido al déficit intelectual imperante.

En definitiva, tanto los yinn (seres de un plano existencial que permanece oculto a la consciencia humana, aunque la interacción entre ambas dimensiones es posible por medio de sutiles influjos) como los hombres, no han sido creados sino para buscar el conocimiento de la realidad trascendente y luminosa que subyace al velo de lo creado y, tras su realización, rendir (someter) el mundo de las causas intermedias (el ámbito de lo condicionado, la contingencia del mundo sensible, o sea, el mundo del ‘ego’), para así vivir en la plenitud de la felicidad genuina descubierta tras reasumir nuestra verdadera esencia oculta.

Todas las demás criaturas fueron creadas ya sometidas y sin libre albedrío, desde los ángeles (los maláikas, intermediarios entre Dios y el hombre), hasta la má insignificante brizna de hierba, todos cumplen su función existencial conforme a su diseño inteligente y están incapacitados para distanciarse lo más mínimo de ello, y así, en la naturaleza todo actúa según su innata predisposición natural conforme a su carga genética. Ningún tigre pretende ser un elefante, ningún elefante aspira a ser una gacela, ni ninguna gacela pretende ser una hormiga; sólo el ser humano, desquiciado y rebosante de la soberbia que traduce la ignominiosa ignorancia de su luminoso origen, es capaz de pretender ser lo que no es, y con independencia de lo que dictamine la carga biológica y la configuración psicológica que se deriva de la fitrah (*), clamar a favor de normalizar lo invertido (lo contra-natura), de llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno, y de pervertir hasta el extremo la concepción del amor, de la justicia y de la belleza. No nos extraña pues que, ante la inminencia del final del ciclo histórico por la culminación de la decadencia que vehicula el alejamiento de las luces, la generalidad del rebaño humano en occidente vea como normal y bueno que un hombre pueda ser una mujer si se identifica como tal, y una mujer pueda ser un hombre si lo estima oportuno, con independencia de lo que la “tiranía” de lo biológico dictamine, o bien, si lo prefiere, por sentirse así, ser neutro, o fluido, o pansexual, o pedosexual, o indefinido-sexual, o sexo-curioso… en definitiva, uno de esas varias decenas de ”géneros” que la ONU ya reconoce vistas a normalizar el trauma y la psicopatía.

¿Por qué el libre albedrío?

Cuando hablábamos de las abejas para evidenciar por medio de un ejemplo que no es posible la “creación” sin que medie un “creador inteligente”, decíamos que la inteligencia al nivel fractal de dichos insectos era doble, individual y colectiva. La inteligencia individual es la particular de cada abeja, y la colectiva es la de la colmena. Ambas están en simbiosis perfecta y así, si la individual determina la acción de cada individuo, la colectiva es la que determina todo lo referente al colectivo, la mejor ubicación para la colmena, el tamaño idóneo, cuando irse a otro sitio, etc.

En el fractal humano de la existencia es igualmente doble la dimensión del intelecto. La inteligencia individual es la vertebradora del libre albedrío, que configura lo que es la consciencia individual del ‘yo’, el ego, como siendo una entidad separada, autónoma e independiente del resto; y luego está la inteligencia colectiva, que recuerda que, como seres humanos, somos depositarios de la luz eterna de la consciencia, y que la separación, la autonomía y la independencia que traduce la inteligencia individual del ego no son más que supuestos, meras apariciones ilusorias que se toman por reales sobre el lecho de la realidad primera y última subyacente. La residencia de la inteligencia individual es la mente, mientras que la inteligencia superior (o colectiva) reside a nivel del corazón. Por ello, es al corazón al que hay que acudir en busca de guía en pos de la felicidad genuina, en la plenitud de lo que realmente somos, pues es allí (el corazón) donde la luz del recuerdo se mantiene siempre viva; mientras que lo que procede de la mente, si las luces del corazón están mermadas, sólo conduce al extravío, a la cerrazón y a la locura  que manifiestan los egos inflados ante la ausencia de una guía moral clara a la que aferrarse con vistas al desenvolvimiento de las luces. El predominio de una u otra inteligencia es lo que determina nuestra vida terrena y la futura, y tras la caída del velo de lo condicionado (o muerte, como el común de la gente le llama). Sin corazón la vida terrena no es más que un campo fértil para la manifestación de la infelicidad y la insatisfacción constante, y tras la muerte el predominio será para eso mismo, para aquellos que no aprendieron a cultivar las luces en vida, pues tras el velo la consciencia tiende hacia aquello que fue su querencia, ya sea en las luces o en las tinieblas.

El libre albedrío, por tanto, no es más que la herramienta que Dios utiliza para desdoblarse a sí mismo, y comprobar que no hay más realidad que la suya, tras pasar por las sucesivas fases que van desde la cerrazón y la oscuridad de la ignorancia hasta el espacio abierto en la plenitud de Sus luces. En todo momento es Él, Allah, quien juega a esconderse y a encontrarse a sí mismo, pues no hay más verdad que la suya, y lo demás es tan solo apariencia.

Así que, respondiendo finalmente a la pregunta, ¿por qué ocurren estas cosas? ¿A qué se debe la decadencia que ha arrasado, especialmente, a occidente? ¿Por qué la juventud sólo piensa en droga, alcohol, fiestas y sexo? La respuesta es: porque ignoran quiénes son y para qué han sido creados.

Vamos ahora al punto (b) que estamos tratando de dilucidar.

B) ¿Por qué nadie habla de las causas de la decadencia, y por qué las democracias no hacen nada para encauzar a la juventud con vistas a proporcionarles una educación digna?

Siguiendo nuestro enfoque escatológico para tratar de dilucidar las causas de la decrepitud espiritual, moral y humana en occidente por democrático imperativo, debemos remontarnos hasta el origen de los tiempos, cuando la inteligencia creadora jugó a desdoblarse a sí misma y a crear la consciencia, a modo de espejo para verse a ella misma reflejada. Con vistas a conocerse a sí misma creó al hombre primigenio, Adán, y a la mujer primigenia, Eva. Ambos coexistían, el uno en el otro, y el otro en el uno, en el paraíso de la contemplación directa de las luces recién emanadas de la fuente primigenia,  las luces de Allah, el Amigo Íntimo que en el corazón reside. Adán y Eva no tenían consciencia de dualidad alguna, pues los tres, el impulso dador (Adán), el impulso receptor (Eva) y Allah, como sostén e integrador de su fluctuación amorosa, convivían indiferenciados como siendo sólo uno.

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El eterno flujo de la consciencia, jugando a esconderse y encontrarse a ella  misma. El impulso dador (masculino), el impulso receptor (femenino) y su integración perfecta, antes de la caída del espejo de la consciencia humana y su posterior rotura.

Para asegurar que dicha sagrada unión no tuviera fisuras, Allah ordenó a todas sus criaturas que se postraran ante Adán (y Eva), en señal de reconocimiento y sumisión a Allah mismo en su efusividad primaria manifestada en la consciencia del ser humano primigenio. La tradición islámica nos informa que todos se postraron, excepto Iblis, que fue rebelde, negándose por soberbia a hundir su frente bajo los pies de Adán y Eva. Iblis no es una ángel caído, ya que los ángeles no pueden desobedecer a Allah por carecer de libre albedrío, sino que es un yinn, hecho del fuego, un elemento que consideraba superior al barro del que salió el hombre, y de ahí su negativa a humillarse ante él. Esta negativa de Iblis (Shaytán) a doblegar su orgullo produjo la primera fisura en el espejo de la consciencia, en aquel entonces aún no fragmentada. El espejo estaba fisurado, pero no roto. Para acabar de romperlo debía hacer  una cosa: arruinar al hombre original para que se olvidara de su luminoso origen y que así su consciencia no reflejara la luz del Creador, el Dueño y Señor de todos los mundos. Con tal fin, movido por el odio que vehiculaba su envidia por la belleza del fiel reflejo de su Señor que Adán y Eva emanaban, comenzó a susurrarles que quizás, sólo quizás, si accedían al árbol del conocimiento y comían de sus frutos podrían vivir eternamente en dicho estado de beatitud del que disfrutaban en el paraíso. Así, por temor a la caída, fue que realmente cayeron.

(1) Di: Me refugio en el Señor de los hombres. (2) El Rey de los hombres. (3) El Dios de los hombres. (4) Del mal del susurro que se esconde. (5) Ese que susurra en los pechos de los hombres (6) y existe entre los yinn y entre los hombres.

Corán, Sura 114

Allah prohibió al hombre primigenio acercarse al árbol del conocimiento del bien y del mal, el árbol de la dualidad, pues corrían el riesgo de ser destruidos. Y en efecto eso fue lo que ocurrió, por obra de un influjo susurrado en su pecho por el maligno el ser humano probó de dicho conocimiento y se quebró, dando así inicio al mundo del “yo” separado de su fuente primigenia tras la caída del paraíso de la visión de Dios y de su comunicación directa. Con la fractura del espejo de la consciencia unitaria, a partir de ahora cada fragmento reflejaría la luz de Allah  por separado, dependiendo la intensidad de sus fulgores de la profundidad y la frescura del recuerdo de las luces originales, antes de la caída que tradujo el desencuentro en el cual se enraíza el Dunia, el mundo de la contingencia, el imperio del ego, del ‘yo’ soy frente al “tú” eres, en definitiva del ámbito de la consciencia dual aparente (sujeto-objeto) sobre el lecho tendido de las luces de la Realidad Primera y Última subyacente, oculta a el ojo no habituado a Ella, por haber quedado ofuscado debido al anquilosamiento de las fijaciones egocéntricas.

Tras la caída del espejo de la consciencia pura y su ruptura se dio inicio al tiempo y a su ámbito de manifestación, el Dunia, el mundo sujeto al nacimiento, la maduración, la enfermedad, la decrepitud y la muerte. El tiempo no es lineal, como piensan los adoctrinados en los dogmas de la oficialidad cientificistas, sino cíclico. Todo lo que tiene un inicio tiene un fin, todo lo que empieza acaba, y todo lo que se eleva decae; este es el sello del tiempo, su marca de identidad, y absolutamente nada de lo que el tiempo vertebra se libra de ello. Al nivel fractal de la naturaleza así lo constatamos: nacimiento, desenvolvimiento y muerte se suceden una y otra vez; todo acaba para volver a comenzar de nuevo. Acaba el invierno y empieza el verano, muere la semilla y nace el árbol…

Al nivel fractal de la totalidad, tras la ruptura y separación de la fuente primigenia por un influjo del maligno susurrado en el pecho del hombre, Iblis le pidió al Creador un plazo del tiempo recién iniciado,  -con la manifestación de la dualidad-, para ser juzgado y que no fuera castigado inmediatamente por propiciar la caída de Adán Y Eva. Después el juicio definitivo todo retornaría al origen y sería recompuesto de nuevo, y -tras descartar sus impurezas-, el espejo de la consciencia volvería a reflejar fielmente otra vez las luces del Uno-Único, quedando completado así el ciclo temporal tras su reabsorción en la fuente primigenia.

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La épica lucha entre el bien y el mal. Tolkien, autor de “el señor de los anillos”, conocía  muy bien la realidad del mundo y su devenir en este plano material de la existencia.

Su petición fue atendida, se le concedió un plazo al maligno, durante el cual, aquellos que aspiraran a reunificar las luces dispersas para volver a ser de nuevo el fiel reflejo de Dios deberían enfocarse en limpiar la herrumbre de sus fragmentos de espejo, para que la suciedad del olvido de su luminoso origen no se acabara imponiendo. Sin embargo, el propósito del Shaytán en dicho plazo temporal hasta su juicio, es justo el inverso, pues movido por el odio a la creación máxima de Allah, el ser humano, el maligno se conjuramentó a que todos y cada uno de los hombres olvidaran su luminosa esencia, con vistas a que nadie buscara a Dios y, cuando ya todos le adoraran únicamente a él, establecer aquí, en el ámbito de lo perecedero, su reino eterno. De esta forma Iblis, al ennegrecer cada uno de los fragmentos del caído y fracturado espejo de la consciencia para que la luz de Dios no sea reflejada, aspira a eliminar a Dios mismo de la ecuación de la existencia, y por tanto esquivar así el juicio del ajuste de cuentas definitivo tras la culminación del ciclo de la historia, para que cada cual se una a su igual, ya sea en las luces o en las tinieblas.

Para ello tramó un plan maestro que ahora pasamos a exponer:

El maligno reunió a sus ejércitos de demonios y se expresó de la siguiente manera:

– “Para lograr el objetivo de establecer nuestro reino eterno aquí en la tierra y librarnos así del juicio, lo primero que haremos es convencer al ser humano de que Dios no existe.”

Ante semejante declaración hubo un gran revuelo entre sus huestes, y muchos grandes cabecillas de entre los yinn tomaron la palabra para argumentar que eso era imposible.

– “¡Eso es imposible!”, dijo Lucifer, – “¿Cómo van a olvidarlo a Él?, ¿cómo hacerles renegar de ellos mismos?, ¿acaso nosotros hemos olvidado? Ojalá nosotros pudiéramos olvidar a Allah, y relegar al olvido de la nada nuestra terrible transgresión al propiciar la caída del hombre, y así no tener que afrontar por ello nuestro fatídico destino. Hablas cosas absurdas.”

El maligno, impasible, dijo:

– “se hará como os digo, y a ti, Lucifer, te nombro mi lugarteniente. Comandarás a mis huestes en la tierra, y te arrastrarás, serás sibilino, engañador, embaucador nato, hasta que con el correr del tiempo el triunfo sea nuestro.”

Y continuó:

– “Tú eres Lucifer, el portador de la luz”, y haz de convencer al hombre para que sean a tus luces hacia las que tiendan, y no a la luz del Creador. Nadie ha visto al Creador, ni a ti tampoco te verán, pero sentirán tu irresistible influjo hasta quedar completamente sometidos a nosotros, pues cuando dejen de atender al llamado de su impulso vital en pos de la consolidación de la presencia Divina que en ellos mora,  se olvidarán de su luminoso origen y del pulido de sus corazones, a través del cultivo de la virtud, quedando así a merced de sus descontrolados e inflados egos. Ese será nuestro alimento. En todo aquello que refuerce su visión separada de la fuente primigenia, radica nuestra fuerza; puesto que cuando más crean en ellos mismos, cuanto más persistan en creer que el destino está en sus manos y que son ellos los hacedores de su futuro, más hollín se acumulará en sus corazones, hasta el punto de llegar a olvidar por completo al Hacedor Único, pues las luces del Creador que en el corazón habitan quedan veladas en función de la densidad de su creencia en sí mismos como existiendo de forma separada e independiente. Rompe el nexo de unión entre el Creador y su criatura, esa es la misión que yo, tu señor Iblis, te encomiendo.”

Lucifer, con semblante ahora risueño, replicó:

– “Tu astucia, mi señor, es incalificable. Me pondré de inmediato a ello, y no cejaré hasta que sea tal y como lo has concebido. Creo saber cómo proceder con vistas a la consecución de todos nuestros objetivos. ¡Escuchad ahora, queridos compañeros demonios, lo que haremos!”

Y así habló Lucifer:

– “Vengo observando detenidamente a las primeras generaciones de hombres tras la caída. Viven en armonía con la naturaleza y mantienen vivo el recuerdo de Dios, Adán Y Eva se aman,  y sus hijos, Caín y Abel, son felices. Nos introduciremos en ese mundo feliz y lo inseminaremos para que surja un elemento disruptor que vehicule y acreciente la desarmonía, pues mientras vivan acordemente a la fitrah (*), el olvido de su luminoso origen, en la fuente primigenia, no se abre paso; mientras se enfoquen en torno a aquello para lo cual fueron creados, mientras atiendan a su innato impulso vital, estarán protegidos de nosotros, pues sus lucen no menguan más  que cuando se acrecienta el olvido de lo que son en esencia. Actuaremos sobre Caín, ya que lo hallamos el más débil. Caín ama a su madre con locura; le soplaremos en el pecho el deseo de poseerla, transformaremos su amor en lujuria. Propiciaremos el encuentro entre la deslumbrante belleza desnuda de Eva y su hijo Caín, el cual no podrá resistirse y la poseerá, forzándola a aceptar su semen en sus entrañas. Por esa puerta entraremos, por el resquicio abierto de semejante abominación nos colaremos y esparciremos nuestra simiente por toda la tierra; así podremos influir con más fuerza desde su mismo plano material de existencia. El vástago fruto de ese criminal pecado de Caín dará inicio a nuestra estirpe: la estirpe de la serpiente, la simiente maldita”.

El maligno, satisfecho, asintió:

– “¡Hazlo!, y una vez dentro, que nuestra progenie tome el mando. Recordad siempre esto: debéis dar muerte a todo aquel que diga venir en nombre del Creador para reconducir el extravío al que nosotros someteremos al ser humano, y que así quede atestiguado por su buenas obras, su discurso acerca de la realidad trascendente y sus prodigios. A los que no podáis matar, ¡calumniarlos!, acusadlos de toda inmundicia con tal de que nadie los escuche ni siga su ejemplo. ¡Que los tomen por locos!”

Lucifer rió a carcajadas…

– “Jajaja… nuestro plan es irresistible, jamás sospecharán hacia donde los conducimos. Escuchad, asamblea de demonios, escuchad lo que tramaremos. Jajaja…”

Y así habló Lucifer:

– “Cuando estemos al mando del mundo terrenal, invertiremos la noción de lo bueno. Ensuciaremos sus corazones a tal punto que el espejo de sus consciencias no reflejará sino la oscuridad y tinieblas que traducen el trauma y la psicopatía a la que quedarán expuestos por el abandono de toda guía procedente de la Divinidad. Allí donde para ellos haya un bien que propicie el recuerdo de Dios, nosotros lo ensuciaremos y en su lugar erigiremos los disparadores del recuerdo de nuestro señor Iblis“.

Uno de los cabecillas de entre los yinn presentes en la asamblea de demonios, uno muy aborrecible y bizco de un ojo de nombre Dajjal, se apresuró a hablar también:

– “¡Magnífico! Amigos demonios, sabemos que Dios le ha prometido al hombre un mesías, alguien bendito que asentará las bases de un reino celestial ahí abajo en la tierra, un reino de paz, felicidad y justicia universal, tras el cierre de la historia terrena y en espera del juicio final definitivo, cuando los fragmentos de la totalidad, tras la caída, serán recompuestos y unificados de nuevo para que reflejen las luces magníficas del Dueño y Señor de todos los mundos. Elegidme a mí para que suplante su identidad al final de los tiempos. Ese será el golpe de gracia definitivo. Matemos a todos los enviados y profetas de Dios, y a los que no podamos matar obliguémosles a instalarse en los desiertos. A final de los tiempos, cuando la oscuridad de la cerrazón humana haya propiciado la expansión de la corrupción a límites insospechados, y por tanto sea ya inminente la acción del mesías para restañar y dar nueva vida a los corazones podridos de los hombres, entonces me adelantaré y me haré pasar por él. Todos me aceptarán y me seguirán, ya que habremos abocado al mundo a tal extremo de desesperación por medio de la injusticia del hambre y de las guerras generalizadas, que como corderos acudirán a mí, pues me presentaré como el “justo” que todos anhelaban en medio de la agonía. Finalmente culminaremos nuestro plan, cuando la gobernanza global sin trabas nos corresponda, y exterminaremos a cualquiera que ose desvelarnos y llamar a la verdad de Dios. Cuando ya nadie absolutamente crea en Dios, pues habremos instaurado el universal culto a nuestro señor Satán, cuando hayamos triunfado definitivamente y veamos descender desde lo alto a las huestes de ángeles del Señor comandadas por Miguel para restaurar su orden, saldremos a su encuentro y les diremos: ‘¡Fuera de aquí!, este ya no es vuestro mundo, la tierra ha sido sellada por nuestro señor Iblis y todos le adoran. ¡Iros, y buscad otros mundos donde adoren al Dios verdadero!’. Eso les diremos, y si no accedieran, nuestros ejércitos se precipitarán sobre ellos y los derrotaremos.”

Ante el jolgorio generalizado por el vislumbre de su éxito final, tan felizmente descrito por el pérfido Dajjal, el maligno tomó la palabra de nuevo.

– “¡Silencio!. El plan es magnífico, pero me preocupa una cosa”.

Todos callaron, y así habló el maligno:

– “Sabemos que antes del mesías anhelado que descenderá previamente a la consumación del tiempo, vendrá un último profeta de Dios que propiciará una comunidad inquebrantable de creyentes que se harán llamar ‘musulmanes’, los sometidos a Dios. Su profeta se llamará ‘Ahmad’, o ‘Muhammad’. Debéis hacer todo lo posible por destruirlos, pues serán nuestros más acérrimos enemigos. De esa comunidad serán los últimos hombres que conserven intacto el recuerdo de Dios tal y como era en las primeras generaciones, tras la caída del paraíso. Ellos serán el último dique de contención ante el avance de nuestro corrosivo influjo en pos de la corrupción generalizada del mundo. Cuando ya nadie practique la virtud conforme a los innatos impulsos del hombre con vistas al bien, al amor, a la belleza, y a la justicia, ellos seguirán empeñados en vivir según lo que Dios le revele a su profeta, para la salvaguarda de sus corazones en medio de las tinieblas que se avecinan. Si no rompéis su sagrado vínculo que mantendrán con Dios y su enviado, nuestros planes se verán amenazados.”

Un gesto de disgusto afeó aún más si cabe el retorcido rostro del maligno, que empezó a gruñir desesperadamente lo siguiente:

– ”¡Matadlos!, ¡matadlos a todos!, no quiero que quede ni un musulmán vivo cuando se vaya acercando la hora del engaño definitivo que supondrá la suplantación de la identidad del mesías esperado. Arrasad con ellos,  infiltrad sus filas y haceos pasar por sabios para adulterar en lo posible las palabras que Dios, por medio de Gabriel, le dictará al último profeta de los hombres. Acusadlos de todo lo que se os ocurra con tal de que la gente rehúya de ellos; si es necesario cometed asesinatos en masa de inocentes y acusad de ello a los musulmanes, con el pretexto de que Dios le dictó ese criminal proceder para con los no musulmanes. Haced lo que se os ocurra y calumniarlos de todos los males que asolarán el planeta si es preciso, con tal de que su número mengüe. Cuando finalmente impongamos globalmente la moral invertida que supone llamar a lo malo bueno, y a lo bueno malo, cuando invirtamos su concepción de la belleza conforme dicta el sentido común y conforme emana de los corazones aún no contaminado con nuestro corrosivo influjo, si cuando ese daño sea generalizado ellos siguen empeñados en la moral tradicional de llamar a lo malo, malo, y a lo bueno, bueno, y si se empecinan en promover la belleza y no la fealdad que traduce el mal gusto que nosotros le induciremos a promocionar al rebaño humano, entonces acusadlos de intolerantes y enemigos de la convivencia, tachadlos de inhumanos y que sean apartados de la sociedad, en espera de que finalmente podamos darles muerte física. Si cuando la normalización de la desviación sexual sea global, de modo que los hombres ya no busquen a las mujeres, y las mujeres ya no busquen a los hombres, los musulmanes siguen denunciando lo pernicioso que, para la sociedad, es la apología de las prácticas homosexuales, entonces, id a por ellos, sodomizarlos y expulsarlos al desierto, por su mentalidad no lo suficientemente abierta a nuestros nefastos influjos.”

El maligno hizo una pausa y se hizo un expectante silencio, el discurso estaba siendo bueno. Luego de un rato, tras serenarse, continuó con una flema más calmada:

 – “Con el correr del tiempo, a medida que se vaya aproximando la consumación de la historia terrena, conseguiremos grandes logros. Hechos inauditos e incomprensibles ahora, justo tras la caída y rotura del espejo de la consciencia no dual, ocurrirán cuando, como una mortal plaga, se extienda todo nuestro pestilente influjo a una escala planetaria. Por ejemplo, y esto os va a asombrar mucho, mis queridas huestes de demonios: finalmente lograremos convencer a las mujeres de que han sido oprimidas desde el alba de los tiempos por los hombres.”

Estupor y murmullos en la asamblea de las endemoniadas hordas.

– “Ohhh… mmm…. ¿Cómo? ¿Qué ha dicho? ¡No puede ser!”.

Lucifer, su lugarteniente,  era el único que no se asombraba y tan solo sonreía. El maligno siguió hablando.

– “Así es, por increíble que sea, a tal grado de desquiciamiento las llevaremos que la mayoría de las mujeres quedarán convencidas de semejante estupidez. Tenemos que lograr que los hombres y las mujeres no se entiendan y recelen mutuamente, ya que vemos que en su amorosa complementariedad hallan el sosiego y se propicia así el recuerdo de las luces de Allah, el Señor de todos los mundos. Llegarán incluso al extremo de rehuir de su propio impulso vital en pos de la maternidad, pues gracias a nosotros priorizarán los placeres terrenales frente a la felicidad genuina que supone ser madre y esposa. Pero aún siendo eso aberrante, que se frustren a sí mismas, todavía las induciremos a una abominación última: que maten a sus propios hijos en su seno, antes de nacer, y que eso lo vean como un logro, un derecho humano, y no como un crimen.”

Vítores y alaridos generalizados en la reunión de las huestes del maligno.

– “¡Dios mío, que astucia!, ¡Gloria a nuestro señor Iblis, quien como él! ¡Que logro tan extraordinario!”.

“¡Salid mis muchachos, salid ahora, y sembrad la corrupción en la tierra! Que todos se olviden de Dios, ayudad a nuestros vástagos de la simiente maldita de Caín a esparcir y promocionar toda forma de vida desviada e insana. Destruid y arrasad la naturaleza, pues en ella el hombre encuentra la paz y le ayuda a recordar a Dios, enemistar a todos, pueblo contra pueblo, raza contra raza, destruidlos hasta reducirlos a polvo, fragmentar, dividir, descohesionar, hacedlos amar a los ignorantes y odiar a los sabios, hacedlos despreciar a sus mayores por inútiles, sembrad cizaña y que sólo piensen en los placeres terrenales. ¡Salid ahora¡ ¡Que no quede ni uno sano!”

Rugido ensordecedor en los salones abismales del maligno. Las enfebrecidas hordas de demonios se disponen a la batalla.

*

(87) Y el día en que se sople en el cuerno y todos cuantos haya en los cielos y en la tierra se queden estremecidos, con la excepción de aquéllos que Allah quiera, y acudan todos a Él, sumisos…

(88) Y veas a las montañas, que creías sólidas, pasar como pasan las nubes. Es la obra de Allah que ha hecho magistralmente todas las cosas, verdaderamente Él conoce perfectamente lo que hacéis.

(89) Quien se presente con buenas acciones obtendrá algo aún mejor y estará a salvo del horror de ese día.

(90) Y quien se presente con malas acciones, será arrojado de cara al fuego. ¿Acaso se les pagará por algo que no sea lo que hayan hecho?

(91) No se me ha ordenado sino que adore al Señor de esta tierra que ha hecho inviolable, y a Quien todo pertenece; y se me ha ordenado que sea de los que se someten (los musulmanes).

(92) Y que recite el Corán.
Y quien sigue la guía lo hace en su propio beneficio, pero quien se extravía… Di: Yo sólo soy uno de los advertidores.

(93) Y di: Las alabanzas a Allah.
Él os mostrará Sus signos y vosotros los reconoceréis.
Y tu Señor no descuidará lo que hacéis.

– Corán, Sura de las hormigas –

miguel-deca

despojosdeoccidente.org

(*) Fitrah: la naturaleza original que hizo de molde para la creación del ser humano

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