Ven, adéntrate en la medina de las luces.

medina fez

Entrada a la medina desde la puerta azul. Fez – Marruecos.

Ven, te animo a cruzar nuestras puertas,
Y que a nosotros te unas al delirio
En los vislumbres de las desbordadas esencias
Que aquí todo lo impregnan.

Ven…
De ti, quien quiera que seas,
Lo sabemos todo, pues nos conocemos
A nosotros mismos.

Cruza los umbrales de la cordura en los convencionalismos
De este decadente mundo, y adéntrate
Por las callejuelas del desvarío,
En la contemplación directa de las luces magníficas
De aquella que extendió el velo
Para que sus amantes jugaran a los goces
De buscarla, de encontrarla y de tenerla.

Tras quedar desvelada, desaparecerá tu antiguo mundo
De dolor y pena, y resurgirás pleno del gozo
Por la consumación de tus luces
En los soles de Ella.

Partícula serás entonces sobre la alfombra tendida
De su resplandeciente y majestuosa presencia;
Mientras que los ecos de lo que una vez fue tu vida
Reverberarán, atrayendo, con su resonancia melodiosa,
El recuerdo a los inadvertidos
Que creen que son ellos los que vienen y van,
Cuando en realidad es el resplandor de Layla
Lo único que se muestra.

Si te adentras en el laberinto,
Tras nuestras recónditas tabernas,
Te daremos a degustar de un vino
Hasta decir ¡basta!, hasta la saciedad
De la plenitud de tus olvidadas luces;
Es el vino del recuerdo de tu luminosa esencia.
Un vino cuya enajenación, por la embriaguez
Que provoca, no es prohibida por el Libro Sagrado,
Sino que es lícita para aquellos
Cuyas quejas de amor sólo apuntan
A lo más alto, tras el desprendimiento
De lo que no es Ella.

Si lo pruebas, no te arrepentirás,
Pues gracias a él aprenderás a ganarlo todo
Al no ser ya capaz de retener para ti nada.

Ven, entra en nuestras salas del deleite,
Desvístete del pasado, del presente y del futuro,
Y goza, de puro éxtasis,
En la desnudez de lo que eres
Por el desprendimiento de lo que crees ser.

Ven a nosotros, búscanos en todas las esquinas,
Y si aún dudas, míranos a los ojos,
Abísmate en ellos, deslúmbrate con sus fulgores,
Enciende tu propia llama con nuestra pasión interna
Y préndete fuego;
Ven, desquicia tu pequeño mundo,
Desenraiza las fijaciones que te retienen encadenado
A tu pequeño “yo” personal, y sumérgete
En los océanos de la Presencia.

De allí resurgirás a la vida,
Después de haber estado muerto,
E irás de deleite en deleite, pues en cada vestigio
De este mundo en constante decadencia,
Los que son como nosotros
Establecen las apasionadas alcobas
Donde Ella los ama, y ellos la aman
Sin trabas…, eterna y desaforadamente.

Búscanos, búscanos siempre,
Llama a nuestras puertas una y otra vez;
En todas partes estamos, y en ninguna.

Adéntrate en nuestras callejuelas,
Sumérgete por los callejones de nuestros deleites,
Aprende a desenredar la maraña
Que tejió la ignorancia de ti mismo,
Y que tus radiantes joyas ocultas se muestren.
Ven, no dejes de llamar y de buscarnos,
Podemos ser cualquiera, y podemos no ser ninguno;
Asómate, no dejes de asomarte, no dejes de mirarnos,
¡Observa!, podemos ser cualquiera,
El que menos esperas, o podemos no ser nadie.

Adéntrate, adéntrate en la medina de Fez.
Y allí, sigue el rastro de los gatos,
Pues ellos están siempre
Donde la báraka, – la bendición -, se desborda.

medina fez1.jpg

No dejes de clamar
Desde los desiertos de tu vacío existencial
Para que se te abran nuestras puertas;
No dejes de llorar
Desde la distancia de tu extravío
Para que enjuaguemos tu llanto;
No dejes de estrellarte
Contra los muros de la cerrazón,
Hasta que los hagamos trizas.

El desvelamiento de la joya de tu secreto oculto
Requiere de una cortesía, y sólo entonces
Ganarás el beneficio de lo que,
Cuando nos veas, te diremos;
Arrasa primero con tu mundo,
Antes de acercarte al nuestro,
Pues de lo contrario, tan sólo lograrás
Ponerle un nuevo disfraz a tu extravío.

Esta verdad que aquí cantamos es lo más evidente,
Siendo su propia claridad el velo que la oculta,
Pues el ojo por más que mira, no ve;
El oído por más que oye, no escucha;
El olfato por más que huela, no percibe sus aromas;
El gusto por más que saborea, no lo degusta;
El tacto por más que toque, no lo roza;
Y la mente por más que lo piense, jamás lo imagina.
El abandono de lo que crees ser son nuestras puertas,
Allí te esperamos con nuestras copas rebosantes
De los deliciosos néctares de la sabiduría.

Cuando vengas a la medina de Fez, recuerda,
Podemos estar en todas partes,
Y podemos no estar en ninguna.
Pero, nuestra presencia tiene señales…

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Sobre los escombros de nuestra vida terrena
Erigimos la morada de las luces;
Aprende a ver la claridad de nuestros fulgores
Allí donde la mayoría tan sólo ve tinieblas.
Pero nos podemos revestir de cualquier apariencia,
Que tampoco te nuble nuestra opulencia
Cuando nos engalanemos con el oro mundano,
Pues nuestro corazón pertenece en exclusiva
Sólo a Ella.

Podemos ser cualquiera, o ninguno.
Podemos ajustarnos a la carcasa del destino
Y lucir de cualquier forma; y bajo todas ellas
Nuestros efluvios resultan igualmente dulces.

Ven, ven a  nuestras fuentes…
Te daremos a beber de ellas
Y volverás a la frescura del recuerdo
De nuestro luminoso origen…
Como cuando éramos niños.

medina fez7.jpg

Dedicado a Salma, la mujer primigenia.

– Uzman García –

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