Deja que te susurre al oído

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Deja que te susurre al oído
La verdad que has olvidado
Bajo el pesado fardo de los afanes
De esta existencia mundana;
Deja que te cante al oído, amiga, que tú y yo,
Antes de que el destino se perfilara
En los revestimientos de la contingencia,
Surcábamos libremente el espacio abierto
De la infinitud eterna.

Allí nuestros anhelos entrelazados
Jugaban a los gozos del amor
En las alcobas de la no-distancia y del no-tiempo;
Allí éramos uno, y todo era perfecto,
Hasta que nuestro apasionado amor
No pudo contenerse a sí mismo
Y se desbordó a borbotones,
Empezando a manar descontrolado.

Tras el alejamiento de su fuente,
En el sol de la presencia única,
Los destellos de nuestro puro amor
Se enfriaron y se solidificaron,
Dando así origen a tu mundo y al mío,
Cada uno por su lado.

El recuerdo de lo que fuimos
Y de los gozos que compartíamos
Aún resuenan;
Son los latidos de tu corazón y del mío,
Los ecos de la palpitación de ese sol
Que nos alumbraba,
Y cuyos rayos regaban las estancias
De nuestros sublimes deleites.

El punzón de la nostalgia
Por el recuerdo de la plenitud del amor
En la no-distancia del no-tiempo
Me provocó una herida de muerte,
Y ahora deambulo sin propósito ni fin alguno
Por los páramos de la desolación
En que se ha convertido mi vida.

Mi ojo abandonó este mundo ilusorio,
Sujeto a la constante decadencia,
Para situarse en la atalaya de la cima
De la visión última, tras el horizonte
De la contingencia, justo allí,
Donde los luceros se alzan
Y las luces despuntan.

Desde esas insondables alturas
Pude rastrear mi verdadero rostro,
Oculto tras la sombra de las apariencias,
Hasta lucir tal y cual era,
Antes del desbordamiento de las luces
De la presencia única
Y su solidificación en el mar del tiempo
Que el destino configura.

Me di muerte antes de morir,
Siguiendo el consejo de nuestro profeta Muhammad,
Y ahora sólo espero que la ilusoria enfermedad,
Que ha hecho mella en este ilusorio cuerpo,
Culmine, y se alce el último velo.

Allí te espero, amiga,
En la realidad de lo que fuimos;
Yo ya me bañé en sus luces
Tras reasumir mi luminoso origen
Y arrasar con los cimientos
De lo que una vez fue mi mundo.

Si no puedes unirte a mí ahora,
Pues los anclajes de tu pequeño “yo” personal
Te lo impiden, al menos recuerda esto:
Acostúmbrate a la claridad deslumbrante
Mientras aún tengas aliento;
Y no te ofusques ante el temor
Por la inminencia de la muerte,
Pues no es más que un velo,
Tras el cual majestuosamente te alzarás
A bordo de las luminarias que aquí cultivaste.

Si no podemos amarnos ahora, como antes,
Al menos recuerda esto que aquí canto,
Para que tras la consumación del tiempo
Nada nos impida volver a vernos;
Para que al reasumir la realidad
De lo que realmente somos,
Ya nada nos impida volver a gozarnos.

Dedicado a los hijos del linaje susurrado.

– Uzman García –

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