REVUELTA CONTRA EL MUNDO MODERNO (4)

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Mujer no contaminada, en Meca, muy lejos del fatídico influjo que ha destruido a Occidente convirtiéndolo en un páramo incivilizado donde el único propósito existencial es disfrutar mucho de la vida, mientras el cuerpo aguante.

Vamos a incurrir a continuación en un nuevo acto de rebeldía contra el degenerado mundo moderno mediante otro escrito, el cuarto ya, de la aclamada serie: “REVUELTA CONTRA EL MUNDO MODERNO”. Hemos recibido muchos halagos y reconocimientos de personas decentes, que no comulgan con la invertida concepción de lo bueno y de lo bello que el borrego común tiene tras décadas de adoctrinamiento en el marxismo cultural (enlace), así que nos hemos animado a seguir pateando los resortes de la inmundicia que han vertido sobre el ser humano y evidenciar sus vergüenzas por si a alguien contaminado por los efluvios de la muy democrática modernidad se le encienden algunas luces, que no lo creemos.

Recientemente hemos hecho una incursión por la red social de solterones “MEETIC”. Se trata de una plataforma digital muy interesante donde obtener un material invaluable para luego desarrollar nuestros artículos acerca de la degradación humana en occidente, que a estas alturas alcanza ya cotas ciertamente descorazonadoras.

meetic

Solteros que, tras media vida de placeres sexuales desinhibidos,  buscan ahora paliar los estragos de la soledad al no encontrar ya a nadie decente con quien compartir el resto de su miserable existencia.

Se supone que MEETIC es de las páginas de contactos más serias que existen, donde la gente no sólo busca sexo, sino compromiso  y estabilidad en la pareja. Eso es la teoría, luego en la práctica seguro que la mayoría sólo quiere explayarse en el fornicio, eso sí, con gente que se supone que es más formal y no se van a la cama en la primera cita, sino en la segunda.

A la hora de completar el perfil de usuario con vistas a encontrar a la pareja idónea la plataforma solicita una gran cantidad de información, entre la que nos llama la atención el hecho de que tengas que optar por una IMPERFECCIÓN que te caracterice. Como al elaborar nuestro perfil elegimos ser hombres buscando una mujer, los perfiles a  los que tenemos acceso en el buscador son de mujeres, así que vamos a analizar lo que ellas consideran como imperfección.

LAS IMPERFECCIONES FAVORITAS DE LAS USUARIAS DE MEETIC

-1- Soy demasiado honesta

Ser muy honestos sólo puede ser considerado un defecto en el muy degenerado occidente. En las sociedades sanas (las tradicionales), un exceso de honestidad siempre es insuficiente, pues cuanto más acentuada es dicha virtud más repercute en el colectivo con vistas al florecimiento del amor, de la belleza y de la justicia. Hablar en estos términos suena descabellado hoy en día, pues la inversión de la moral conforme el ser humano se guió desde siempre, hasta la llegada de la democracia, alcanza ya su clímax ante la inminencia del final del presente ciclo histórico por la culminación de la involución humana.

La honestidad a menudo va acompañada por el furibundo ataque de los deshonestos, lo cual para el hombre moderno que se considera “honesto” constituye un foco de sufrimiento, y de ahí su consideración de la “honestidad” como siendo un defecto. Sin embargo, para los hombres y mujeres no contaminados por los convencionalismos de la modernidad, y por tanto exentos de una cosmovisión atea y hedonista del mundo, los ataques de los deshonestos no son sino un motivo de noble orgullo, por la satisfacción que supone no participar de la inmundicia que ha propiciado la decadencia espiritual y humana que asola hoy a casi todo el orbe (o plano, ya que aquí somos terraplanistas y geocentristas).

-2- Soy sensible

¿Desde cuándo ser sensible no es una virtud sino un defecto? Es evidente: desde que en democracia se impusieron los dictados de la modernidad en pos de sumir al ser humano en el olvido de la realidad de su luminosa esencia. Lo que hoy el incivilizado rebaño entiende por “sensibilidad”, no es lo que desde siempre la humanidad floreciente en torno a las sociedades civilizadas del pasado entendía. El decadente hombre moderno, al no haber sido educado, confunde “sensibilidad” con “sensiblería”. La sensiblería sí es una imperfección, pues no es más que el resultado de no ser capaz de controlar las emociones para que no velen, al tomar el mando de la psique, la facultad racional del hombre. Así vemos como en cuanto la emotividad descontrolada se dispara surge la lágrima fácil que vehicula la irritabilidad ante situaciones vitales indeseadas, según el estándar de lo que hoy la generalidad entiende que debe ser una buena vida; es decir, todo aquello que suponga una traba al disfrute es causa de una profunda desazón y pena, a menudo acompañada por una desconsolada llantina. A eso es a lo que llaman “sensibilidad” actualmente, siendo especialmente las mujeres, al tener menos control sobre el mundo emotivo, las que con más frecuencia incurren en el lagrimeo y el drama constante cuando sus expectativas vitales se frustran. Sin embargo la sensibilidad, conforme al sentido común y a la guía revelada en pos del desenvolvimiento de las luces atrapadas en el plano de la materialidad física, es otra cosa.

La sensibilidad es la receptividad a las luces subyacentes al velo de lo creado, y es un atributo del intelecto, siendo el intelecto la facultad humana que discierne lo verdadero de lo falso, lo bello de lo feo, lo bueno de lo malo y lo justo de lo injusto. ¿Y qué es la verdad, lo bello, lo bueno y lo justo? Son las cualidades del espacio abierto tras el abandono de las fijaciones egocéntricas, y por tanto, el reflejo de la Verdad Absoluta que está más allá de su exteriorización física, al mismo tiempo que constituye su sostén y su soporte. Puesto que la verdad es una, las cualidades que preñan la consciencia que la descubre, tras el abandono de la contingencia por el desenredamiento de los nudos del ilusorio “yo” personal, son cualidades que representan valores absolutos. Es decir, la “bondad” no es relativa, como la modernidad le dicta al ganado humano, sino un reflejo de la consciencia despierta. Lo “bello” no es un valor relativo, es decir, no es bello lo que uno considere bonito, sino que constituye el valor absoluto que le otorga ser una cualidad de la consciencia liberada del yugo de la contingencia. E igual con el resto de cualidades que preñan el espacio de la realidad primera y última por la emancipación y el pleno desarrollo de todo nuestro potencial como seres humanos: el amor, la generosidad, la compasión, la justicia, la sabiduría, etc.

-3- Puedo ser impulsiva

La impulsividad es una virtud o un defecto en función del motor que la mueva. Si el impulso vital es movido por la fitrah (la naturaleza original que hizo de molde para la creación del ser humano), se trata de un noble valor. Pero si el impulso existencial está dirigido por la ignorancia que supone desconocer quiénes somos y por qué fuimos creados, se trata sin duda de un defecto. En el mundo moderno lo que predomina es esto último, pues para la casta parasitaria que vehicula el influjo del maligno en la tierra, es vital para la conformación de sociedades decadentes y, por tanto, dóciles y manejables, el hecho de convencer al ser humano de que Dios no existe, pues todo se debe al azar, y que por tanto el único propósito vital ha de ser el disfrute de los placeres de la vida mientras se pueda. Al haber calado la superstición del ateísmo promovido por la modernidad, es lógico lo que está pasando, que el único impulso vital que mueve al hombre es el placer inmediato, viéndose todo lo que constituye una forma vida tradicional centrada en la amorosa crianza y cuidado de los hijos, como un obstáculo a los deleites perecederos que con tanta avidez consumen, en la creencia ciega de que tras el levantamiento del velo de lo contingente (lo que ellos llaman muerte) todo se acaba.

Lo que el ganado humano, asiduo a las redes sociales de solteros como MEETIC, entiende por “impulsividad” es más bien la “irracionalidad” que traduce no saber que la fuente de la felicidad genuina reside únicamente en el conocimiento del “sí mismo” verdadero oculto tras el revestimiento del “yo” personal. Y así, por ejemplo, se considera un acto de impulsividad el hecho de, a pesar de tener pareja estable, tener sexo con cualquier persona que resulte de atractivo irresistible, algo muy común hoy en día, pues lo que prima ante todo es el disfrute, frente a otro tipo de consideraciones trascendentes, como el cultivo de la fidelidad conyugal. Por actitud “trascendente” se entiende todo aquello orientado a no fortalecer las fijaciones egocéntricas por medio del deseo mundano, para propiciar así el desenvolvimiento de las luces del ego y, por consiguiente, trascenderlo.

La impulsividad no tendente al conocimiento de uno mismo es, evidentemente, una imperfección, como todas las actitudes vitales conducentes a reforzar los anclajes del ego frente al desenvolvimiento de sus nudos con vistas al majestuoso despliegue de las luces primigenias que el “yo” constriñe para solidificar su pequeño mundo aparente.

salma1

En algún lugar del mundo civilizado, muy lejos de los estragos del incivilizado Occidente.

Como siempre, todo el mérito va dedicado a Salma, la mujer primigenia, y a sus orgullosas hijas.

¡ Ante Ella, rendidos, nos postramos !

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