Cuatro meses

Cuatro meses desde que inició la andadura de este blog de despojos, en los cuales hemos vertido belleza, amor y abundante ardor guerrero. Ha sido un mandato de aquella que tras sutiles velos se oculta a ojos de todos, excepto a aquellos que aprendieron a desarrollar la rara y extraordinaria habilidad de su desnudamiento para que en todo su majestuoso esplendor se muestre. Ella es muy dócil y amorosa, y se deja desvestir por sus fieles amantes siempre que la reclaman, pues de ellos jamás, ni por un instante, se aparta. Basta una mirada para que Salma aparezca en toda la voluptuosidad de sus vertiginosas formas femeninas. Así es amigos, Ella, la verdad primera y última, sostén y origen de todo, es una mujer. Su envolvente seno abraza inexorablemente todo el ámbito de lo creado, revistiéndolo de luceros, al igual que sus hijas, que son el reflejo hecho mujer física de carne y hueso aquí en este bajo mundo, abraza a su amado y lo acoge en sus adentros, en la embriagadora calidez de su recinto más sagrado.

Cuatro meses y veinticinco seguidores, lo cual no deja de maravillarnos, pues hemos vertido aquí suficientemente y sin reparo multitud de viscerales críticas a todo lo relativo al malsano ambiente cultural dominante en las muy decadentes y degeneradas sociedades democráticas occidentales como para que todos hubieran salido huyendo. Veinticinco es una multitud para nosotros, acostumbrados a los desérticos páramos en donde la cualidad, que no la cantidad, es lo único que cuenta. El ser humano siempre está solo, por más que disfrace su íntima singularidad fundamental con las distintas máscaras de los disfrutes pasajeros mundanos, que siempre van acompañados de la dispersión en lo múltiple, velándose así con respecto a la realidad de su auténtico significado profundo en la desconcertante soledad de su nucleo más íntimo.

El significado profundo es siempre uno, y por más apariencias con las que se revista, la cualidad de lo que somos permanece siempre inmutable, inalterable y eterna. El descubrimiento de lo que somos, en la soledad de la intimidad con Layla, es la catapulta a todos los deleites,  sin fin ni principio, por el saboreo directo del néctar sagrado que de dicho conocimiento rezuma. Este conocimiento, que en el alba de los tiempos que alumbraron al hombre era la norma, hoy en día se ha olvido casi por completo, pues los nocivos influjos de la modernidad (ateísmo, hedonismo, feminismo e ideología de género) calaron profundamente e impregnaron la consciencia, perdiendo esta así su cualidad de espejo de ser el fiel reflejo de las luces primigenias. Tras el alejamiento de la fuente original de lo que somos y la culminación del climax  en la oscuridad más absoluta que traduce la inhumanidad general a la que hoy pertenece el predominio, se vuelve a invertir la balanza existencial, girando de nuevo, tras la auto-aniquilación, para encarar un nuevo y luminoso reinicio. Así fue siempre, desde toda la eternidad preexistente.

Cuando ya Ella, que es la única que se muestra, no se ve a sí misma reflejada en la consciencia de su criatura, lo arrasa y lo vuelve a crear de nuevo, totalmente virgen e impoluto. Siempre es Ella,  jugando a esconderse y encontrarse eternamente a sí misma, el significado definitivo y único de toda la existencia, lo demás tan sólo es una mera apariencia sin más realidad que la que puedan tener los sueños.

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LAYLA JUGANDO A INTERPRETAR EL ETERNO JUEGO DE LA CONSCIENCIA

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