Poema de muerte (7)

Poema de muerte – samurai-archives.com
Adaptación al español – despojosdeoccidente.org

Tokugawa Ieyasu (1542-1616)

 

Marchar o permanecer, es lo mismo;

La única diferencia es que no puedes llevar a nadie contigo

Al otro lado.

¡Ah, qué agradable!

Dos despertares para un mismo sueño.

¡Tonalidades rosadas cubren la madrugada!

COMENTARIO

Marchar  o permanecer es lo mismo, pues nadie marcha ni permanece sino Ella, la luz y su claridad, la luz y sus resplandores indisociados. Tras la caída del velo de la manifestación física nos encontramos desnudos frente a Ella; todo lo creíamos ser en vida, todo lo que creíamos poseer, se desvaneció, y nuestros seres queridos no nos acompañan en esta nueva dimensión desconocida que se abre al ojo de la consciencia. Tras el despertar de la muerte nos damos cuenta de que nuestra anterior vida no fue más que un sueño, una escenificación de un personaje sin base ni raíz alguna, que ahora contempla el espacio abierto en otro tipo de escenario, en otra escenificación, en una trama nueva. En esa trama se manifiestan las impresiones residuales, los ecos de las huellas, las reminiscencias de aquello en lo que en la trama primera anduvimos; y vuelven a aparecer los viejos fantasmas de siempre, los mismos miedos personificados en demonios grotescos, o bien, seres de luz, huríes bellísimas de ojos como perlas, como reflejos de las bondades que allí cultivar supimos.

Otro mundo, otro escenario, otros personajes, agradables o desagradables… tan ilusorios, tan irreales, tan fantasmagóricos como los de nuestra anterior vida. De repente, algo pasa, se activa la luz del recuerdo tras llegar al punto de la extenuación de tanto hollar mundos sin jamás pisarlos, y esas nuevas formas de esa nueva dimensión oculta empiezan a agotarse, empiezan a desprenderse, empiezan a desvanecerse… y un nuevo amanecer surge, un nuevo despertar, que ya será el definitivo, pues Ella nos acercó la intimidad de sus más sagrados recintos, en cuyas estancias solo vemos bellísimas y resplandecientes tonalidades rosadas cubriéndolo todo. En ese océano sin orillas de la presencia única, rodeados de los efluvios de Su amor apasionado, moraremos eternamente, tras este doble despertar del fatídico sueño del extravío.

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Todo el mérito le corresponde a Ella.

Marchar o permanecer… donde sea que los vientos de la predestinación me lleven Te seguiré cantando. Aquí, en el velo, o al otro lado.

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