El vicio de los tatuajes llega a nuestro barrio.

Sevilla, agosto, al fresquito de los soportales con 40 grados a la sombra: a nuestro barrio llega un nuevo vicio, el vicio de los tatuajes.

El equipo de despojosdeoccidente.org vive en un barrio residencial del sur de Sevilla, una zona, como todas las demás, en la que solo es apetecible pasear durante la tórrida época estival del verano, pues en la calle apenas si se ven degenerados;  están en las playas cercanas a la capital andaluza, en chipiona y en  matalascañas, principalmente. Pasear por nuestro barrio en pleno mes de agosto, en plena canícula sevillana, con el lorenzo apretando de lo lindo, es una verdadera gozada, pues las únicas personas con las que te encuentras son personas decentes, humildes y sencillas, que no se pueden costear ni siquiera un fin de semana en las playas gaditanas o huelvanas.

El otro día, en nuestra habitual salida de la lobera  en la que nos escondemos al resguardo de la podredumbre humana que al abrigo de la modernidad y de la democracia ya han calado de manera irreversible en el ganado humano, vimos con horror que ha llegado a nuestro barrio un nuevo vicio, otro más, de los cuales no es que la sociedad ande faltos precisamente: el vicio de los tatuajes.

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Tras el desagrado y la repulsión primaria que nos produjo, tenemos que decir que no nos sorprende en absoluto, pues sabemos que la involución humana ya se ha culminado, y lo único que pueden hacer los hombres de bien como nosotros es contemplar impertérritos e impotentes como los podridos apéndices de los despojos del hombre moderno occidental se van desprendiendo y disolviéndose en un mar de ponzoña, en el cenagoso mar del alejamiento de la fitrah, de la naturaleza original, de Dios y de todo aquello que cualifica la condición de ser plenamente humanos.

El influjo satánico hoy en día está más presente que nunca, y ha poseído al hombre de manera inadvertida, abocándolos irremisiblemente a una vida y, lo que es aún más grave, a una muerte, ciertamente miserable. La gente muere en los hospitales, drogados (o sea solos, sin sentir el calor de sus seres queridos) y sin lucidez, condicionando así su despertar en las luces de la vida verdadera tras la caída del velo del engranaje de la manifestación física (la muerte); y viven como perros ansiosos, siempre anhelando, siempre deseando, siempre apegados a algo, siempre en busca de los placeres efímeros, en cuya excitación poder olvidar la porquería vital en la que andan sumidos, para poder olvidar que “tanto tienes tanto vales”, para poder olvidar que no tienen amigos, sino solo folla-amigos.

Lo único que tuvo que hacer el gran Satán para destruir al ser humano es llamar a lo “bueno” malo y a lo “malo” bueno, y hacer promoción masiva de ello para inducir al hombre a su autodestrucción final y definitiva. Satán no puede crear nada, pues él mismo es un ser creado por Dios. Lo único que puede hacer es imitar la creación sublime y majestuosa de Dios, pero invertida. Un ejemplo de esto lo vemos en los tatuajes.


La inversión satánica en lo relativo a los tatuajes es triple:


  • En lo que respecta a los tintes usados
  • En lo que respecta al método de aplicación
  • En lo que respecta al simbolismo representado

Desde el alba de los tiempos los hombres civilizados se han tatuado, pero su significado difiere 180 grados respecto a la fatídica moda de los tatuajes en la que el hombre incivilizado (el moderno) ha incurrido.

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Aquí vemos a dos preciosas mujeres orgullosas de serlo, en algún lugar del mundo civilizado, muy lejos de los demoledores estragos de la democracia. Como apreciamos, lucen hermosos tatuajes realizados con tintes naturales, procedentes de raíces y plantas (e incluso de insectos, aunque de eso no estamos seguros, pues no somos expertos en la materia).

Una de las características de estos tatuajes es su impermanencia, pues son temporales. Se van desgastando poco a poco, lo cual es símbolo del flujo constante de la vida, donde nada permanece eternamente, y todo está sujeto al surgimiento, a su maduración, a su deterioro y a su extinción última. Por el contrario, los tatuajes del incivilizado hombre moderno son permanentes y su origen es industrial, es decir, los tintes usados están repletos de químicos, son venenos;  residiendo ahí una de las inversiones satánicas de las que adolece esta ancestral práctica.

En cuanto a la simbología representada, se observa como en el mundo tradicional los motivos son abstracciones geométricas y florales, siendo ambas un reflejo de la espaciosidad sagrada, luminosa, armoniosa, radiante, resplandeciente y eterna que al velo de lo creado subyace; esto es: nuestra verdadera esencia. Por el contrario, los motivos simbólicos que el depravado hombre moderno usa para tatuarse son satánicos: fantasmas, calaveras, demonios, bocas haciendo felaciones, vaginas empoderadas, penes grotescos, y un largo etc; todo lo cual no es sino un signo de la zozobra espiritual y humana que asola al hombre occidental moderno, como reflejo de la inversión satánica en la que anda sumido.

El método de aplicación del tatuaje en el mundo civilizado (el tradicional) no es doloroso, sino placentero, por medio de plumas, cálamos, etc. Mientras que el método de aplicación usado por el degenerado hombre moderno es doloroso, ya que requiere de agujas que percutan y penetren en la epidermis para la inoculación del veneno. Aquí tenemos otra inversión satánica de la ancestral práctica del tatuaje. Es importante que el dolor esté presente en la plasmación de la satánica imaginería en la piel, pues es lo que requiere la programación mental mediante el trauma, con vistas a dejar una fatídica huella indeleble a nivel del inconsciente, que luego aflorará al nivel consciente, bajo la forma de las frustraciones y depresiones perpetuas que el alejamiento de Dios traduce.


Los hombres de Dios también se tatúan…


Los hombres de Dios, no solo los inadvertidos adoradores de Satán (el hombre moderno), también se tatúan, como vemos en la siguiente imagen.

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¿Cuál es su significado? El significado es el opuesto al significado de los tatuajes modernos: el significado de los tatuajes de los hombres de Dios es trascendente. Como vemos en la imagen de este señor absorto en las luces divinas, lo que se resalta es la frente y el tercer ojo. El objetivo de dicho tatuaje es que actúe como recuerdo de nuestra realidad eterna y luminosa,  soterrada bajo los aparatajes que erigen el ilusorio “yo” personal.

El ser humano tiene tres ojos (el ojo del culo no cuenta):

El ojo de la visión externa, centrado en las formas concretas.

El ojo de la visión interna, centrado en  las luces que las formas concretas ocultan.

Y el tercer ojo: que armoniza ambas visiones, de modo que no se velen mutuamente. Cuando este ojo deviene abierto, le permite a los hombres de Dios vivir en este mundo condicionado aún a pesar de estar ya muertos con respecto a él, completamente desapegados; pues no ven otra cosa que no sea los resplandores de Layla, su Amada eterna. Es este tercer ojo el que les permite estar sin estar, tomar sin tomar, dejar sin dejar, morir sin morir y amar sin amar, es decir: es lo que les permite vivir con total desapego y desprendimiento. Y no hay mayor gozo que ese. Por eso se pintan la frente, para que lo recordemos.

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La elaboración de este artículo ha sido posible gracias a Ella.

Hemos escuchado Tu llamada a la guerra, y aquí estamos;

Hemos oído Tu llamada al amor, y aquí nos tienes,

Rendidos y absortos

En Tu belleza.

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