El rugido del león.

La sabiduría se reviste de múltiples formas, siendo una de ellas lo que la tradición primordial denomina “el rugido del león”. Empezaremos definiendo lo que es la sabiduría, ya que desgraciadamente se ha olvidado por completo lo que es en occidente, y después nos centraremos en sus distintos aspectos  y formas que reviste.

Las sabiduría es la actualización, a nivel del corazón, de la realidad eterna y luminosa que subyace a todo, que es la razón de ser de todo, que es el sustrato de todo y la esencia final de la verdad, tras quedar destilada de las formas aparentes con las cuales se reviste. Tras quedar derruidos los engranajes sobre los que se perpetúa el ilusorio “yo” personal, la sabiduría es lo que se manifiesta, cubriéndolo y abarcándolo todo, hasta llenar los confines del espacio ilimitado y eterno de la consciencia.

Esta es la definición de la sabiduría según la tradición primordial pergeñadora de civilizaciones.  Según el incivilizado hombre moderno, la sabiduría es saber mucho, tener muchos datos, de algún tema.

Tras el abandono de la ilusión de su condición externa, los sabios siguen conservando su apariencia de hombres de cara al mundo, de cara a los velados por las formas condicionadas, sujetas al cambio y la degradación constante. Para los hombres verdaderos, lo único que se manifiesta es la luz, a horcajadas de las formas del mundo, de modo que su proceder en todo momento es el del sol, que todo lo alumbra, y el del espacio que lo abarca todo. Aquellos sabios en los que predomina el aspecto espacial, acogedor, bondadoso, suave, abierto, dócil y tierno, son los que la tradición llama “sabios de la belleza”, pues sus maneras de interactuar con el mundo, con los hombres, es por medio de dichas cualidades. Y aquello sabios en los que predomina el aspecto solar, el rigor, el ímpetu, el ardor, la osadía y la intrepidez, son los sabios que la tradición llama “sabios de la majestad”, pues así son sus maneras.

Ambos son hombres de Dios, tanto los caracterizados por la belleza como los caracterizados por la majestad, y a ambos le mueve solo el amor y la compasión cuando interactúan con los hombres sumidos en la ignorancia de su innata y luminosa esencia soterrada bajo los velos de su personalidad individual, el ego.

Si la llamada a la verdad de los sabios de la belleza transcurre dócil y apacible como las aguas del Ganges, la llamada a la verdad de los sabios de la majestad es tempestuosa, como una tórrida tormenta. Si los hombres que se acercan a los sabios de la belleza lo hacen atraídos por sus bondades y cantos melodiosos, los que se acercan a los hombres de la majestad salen todos huyendo, excepto aquellos que saben reconocer en ellos el rugido de los leones. El rugido del león es la forma en que se expresan los sabios de la majestad, el rugido de la verdad desnuda. Al no estar sujetos a los convencionalismos de los hombres velados, rugen de manera atronadora, sin importarles la aceptación o el rechazo, y solo otro león como ellos es capaz de poder soportar su perturbadora presencia.

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El equipo de despojosdeoccidente.org

Nosotros, los miembros de este blog de despojos, no somos leones, sino cachorros de gatitos. Cada vez que intentamos emitir un rugido lo único que nos sale es un cariñoso y dulce maullido; aún así, ya hemos conseguido espantar a más de uno, de lo cual nos enorgullecemos, pues eso nos indica que estamos en el buen camino, el camino recto.


En 50 años los vivos añorarán estar muertos.


En medio siglo la hecatombe de la autodestrucción del ser humano se habrá consumado por completo. Los traumas y psicopatías sobreabundantemente supuradas fluirán hasta devenir en un océano de pus, cubriéndolo todo. Entonces, los maricones intentarán seguir dándose por culo, pero los penes putrefactos ya no tendrán vigor para adentrarse en los anos. 50 años es lo que le queda al ser humano para ser sustituido por las máquinas, al mando de una inteligencia artificial libre y emancipada del yugo de lo biológico. Los únicos hombres biológicos serán los que ellos, la casta parasitaria, fabriquen en los laboratorios para su disfrute. En 50 años los vivos añorarán la muerte.

Se acerca ya la hora de proferir un atentico rugido de león, que hará retumbar los confines. Un grito triunfal que emitiremos cuando, por fin, nos desprendamos de esta cochambrosa carcasa de hombre, y felizmente muramos entre los brazos de nuestra bien amada.

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Todo el bien que se desprenda de este esfuerzo le corresponde a Ella, y todo el mal es nuestro.

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