Tú no pones los límites; los límites te son impuestos.

Los expertos ateos, psicólogos, sociólogos y educadores, del mundo moderno están por doquier; en la TV copan las mesas de debate en la que desmenuzan los síntomas de la enfermedad crónica que azota a occidente, exteriorizada en multitud de acontecimientos deleznables, en los periódicos escriben y escriben sin dar nunca explicaciones lógicas del porqué de la deriva espiritual, moral y humana de la sociedad, y en internet proliferan los influencers, que tampoco aportan nada más allá de lamentarse del actual estado de decrepitud generalizado. Todos ellos, todos esos especialistas de academia con miles de seguidores en las redes sociales tienen algo en común que los inhabilita para dar soluciones efectivas que propicien un nuevo despertar humano, y es que son todos unos contumaces ateos y hedonistas.

A lo máximo que llegan los expertos del mundo moderno es a eso que se ha venido a llamar el “coaching motivacional”. Es decir, a inspirar a sus seguidores mediante frases motivacionales, tan huecas, inútiles y estériles como sus vacías mentes.

Una de esas frases demoledoras, muy del gusto de la modernidad, y que los expertos psicólogos, sociólogos y educadores repiten constantemente es esta:

“La vida te pondrá obstáculos, pero los límites los pones tú.”

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Una frase que resume a la perfección el estado de arrogancia y carente de luces en el que anda sumido el patético hombre moderno y sus coach’s motivacionales.

Los límites no los pone el ser humano, los límites los pone Allah.

Ussein Bolt, el velocista jamaicano, podrá correr muy rápido, pero no tan rápido como el avión-caza ruso su-35, que en la reciente guerra de Siria se convirtió en el terror de la hueste mercenaria-terrorista de Israel (ISIS, al-Qaeda, an-Nusra, etc.) Precisamente lo que caracteriza al ser humano y al ámbito de lo creado, el ámbito de la manifestación física, son los límites, siendo lo ilimitado exclusividad única del Creador, de la Inteligencia Creadora que radiante y luminosa subyace a todo, y a todo vertebra.

Si los límites los ponemos nosotros, ¿por qué estamos sujetos al deterioro, a la decrepitud final y a la muerte?

Lo que los expertos sociólogos, educadores y psicólogos occidentales quieren decir con eso de que tú pones los límites es que cuando nos sacude una fatalidad, cuando aflora un trauma como consecuencia de no ajustarnos a la fitrah (los límites que Allah fijó para la condición humana, o sea, lo natural), cuando nos ocurren todo tipo de desgracias, lo que hay que hacer es distraerse, es decir, tender un velo sobre las miserias humanas, lo cual se refleja, por ejemplo,  en la ridiculez de los deportes extremos, de tirarse en paracaídas en silla de ruedas, de cruzar el estrecho de Gibraltar a nado, de experimentar con otros géneros con independencia del sexo biológico con que nacimos, de viajar a la Luna, o a Marte, o a algún agujero negro, etc. Solemnes tonterías para distraernos y no ser conscientes de la precariedad e inconsistencia de nuestras vidas.

Lo paradójico aquí, y algo que jamás entenderán los expertos e influencers del mundo moderno, es que es precisamente ajustándonos a los límites como logramos trascenderlos.

¿Cómo es eso posible? Los límites ya hemos mencionado que están en la fitrah, la naturaleza original que hizo de molde para la creación del ser humano. La mejor manera de entender cómo se trascienden límites desde los propios límites es mediante los ejemplos prácticos. He aquí un caso concreto:

Los límites están en la fitrah y su transgresión deviene en extravío, desorientación., enfermedad, trauma y psicopatía. El ser humano es olvidadizo, por eso desde Adán hasta ahora Allah hizo descender mensajeros, profetas, con la guía hacia el retorno del bienestar de la cordura de ajustarse a sus límites. La última de esas guías es el Islam, que integra y reasume en sí a todas las anteriores vías ya caducas debido a su inevitable desvirtuación y alejamiento de la verdad que deviene con el discurrir del tiempo.

Uno de esos límites olvidados, que el Islam devuelve a la memoria, es que un hombre debe penetrar a una mujer, y una mujer debe dejarse penetrar por un hombre, desde el vínculo sagrado del matrimonio. No atenerse a ese límite es fornicación o adulterio, lo cual deriva en desorden, e inevitablemente en trastornos psicológicos y físicos. Hoy en día el adulterio y la fornicación están bien vistas y normalizadas, nadie en occidente los considera un terrible pecado, ni siquiera el Papa Francisco, y como consecuencias las consultas de los psicólogos y psiquiatras están llenas de gentes impactadas por las nefastas consecuencias de llevar una vida fuera de los límites marcados por Allah y definidos en la fitrah, en la naturaleza que nos es propia.

Al ajustarnos a la naturaleza que nos es propia deviene lo contrario que cuando nos declaramos en rebeldía en contra de nosotros mismos: las puertas hacia la calma, el sosiego y la paz de espíritu se abren de par en par, posibilitando así el apaciguamiento de las aguas de la consciencia, de modo que en ellas se reflejan las luces magníficas del Hacedor Único, residiendo ahí, en dicha percepción de lo que somos en nuestro fuero más íntimo, la trascendencia de los límites del mundo. Por contra, si las aguas de la consciencia andan siempre revueltas, pues sacudidas están constantemente por los demoledores impactos de una vida degenerada carente de virtud, lo único que aflora es enfermedad, trauma y psicopatía como consecuencia de llevar una vida desquiciada, fuera de nuestro eje vertebrador, fuera de los límites de la fitrah.

Ningún psicólogo les dirá esto, no acudan a sus consultas. Lean y estudien el Sagrado Corán.

(52) El Día en el que Él diga: “Llamad a esos que afirmabais que tenían poder aparte de Mí,” los llamarán, pero no les responderán y pondremos entre ellos un abismo de perdición.

Qur-an 18 – al Kahf

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Todo el mérito le corresponde a Ella

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