Contemplar las flores del durazno y realizar el camino – Poema de Eihei Dogen (3)

Contemplar las flores del durazno y realizar el camino – Poema de Eihei Dogen (3)
abuddhistlibrary.com

Adaptado al español – despojosdeoccidente.org

 

Cuando el viento de la primavera sopla

Las flores del durazno comienzan a desprenderse y a separarse.

En las dudas no crecen

Ni ramas ni hojas.

Comentario.

Un bello poema del gran maestro y sabio japonés Dogen que nos habla de las bendiciones de la certeza. ¿Certeza de qué?

El significado de “certeza” varía según se trate de la cosmovisión atea, hedonista e intrascendente imperante en el mundo democrático, moderno e incivilizado (occidente), o según se trate de la cosmovisión de los verdaderos hombres, esto es: los musulmanes o aquellos adscritos al espíritu de la tradición primordial pergeñadora de civilizaciones (el espíritu que el último Din revelado, el Islam, vino a revitalizar).

¿Qué es la “certeza” según el hombre moderno, ateo y hedonista?

La certeza según el infrahumano común predominante en occidente es aquello en lo que cree sin lugar a dudas, es decir, por ejemplo, que somos unos simios sofisticados, fruto del azar evolutivo, que nacemos y morimos. O que la tierra es una pelota voladora perdida entre trillones de trillones de galaxias y agujeros negros, y no una planicie bellamente adornada y protegida circunvalada por los astros. El corolario de esta certeza es que la vida tiene un único sentido: disfrutar todo lo que se pueda y ser felices.

La certeza, según los hombres verdaderos, es el conocimiento de la realidad eterna, sin fin ni principio, vertebradora de la existencia, y que es nuestra verdadera esencia más allá de la apariencia de aquello que creemos ser; un conocimiento que cuando madura a nivel de corazón no deja lugar para la duda. El corolario de esta certeza es que la vida tiene un único propósito y sentido: descubrir quienes somos, descubrir que somos Uno con la eternidad no nacida y no muerta, y que lo demás no tiene más realidad que la realidad que puedan tener los sueños.

Este maravilloso poema de Dogen nos está hablando de aquello que somos en nuestro fuero más íntimo, cuando dejamos de estar obnubilados por la cobertura externa de las cosas. Nos está hablando de la verdad primera y última devenida en certeza a nivel del corazón, del cual queda desenraizada la duda de que pueda existir otra realidad que no sea la de Layla engalanada de las luminarias eternas. El mundo deja de existir a ojos de la certeza que en el corazón se instala, y en su lugar solo resplandece Ella. Esto es lo que quiere decir que no crecen ni ramas ni hojas allí donde anidan las dudas, es decir, las ramas y las hojas del árbol del conocimiento del Uno-Único que a todo subyace y que a todo alumbra, pues allí donde está la duda de lo que somos se extienden las infértiles planicies del mundo y sus efímeros placeres, tan estériles e intrascendentes.

El desprendimiento y la dispersión de las flores del durazno mecido por los vientos de la primavera es la imagen de la impermanencia, inconsistencia e insustancialidad del mundo de las causas intermedias: el mundo de la manifestación física, el cual se desprende de su propia apariencia ilusoria para pasar a revestirse de los resplandecientes fulgores emanados de la fuente de las luces primigenias, sostén, sustrato y esencia de todo a ojos de aquellos en los que anidó la certeza y quedó desterrada la duda.

Contemplar las flores del durazno y realizar el camino de vuelta a casa es descubrir que somos luz sobre luz, y lo demás no es nada.

La mala noticia para aquellos adeptos al malsano ambiente cultural dominante en occidente que lean esto y que piensen que todo es una maravilla pues somos luz, y que por tanto podemos hacer lo que nos venga en gana, es que la luz solo se reasume tras quedar el ego desprendido, como las flores del durazno desparramadas, y el ego solo se desprende mediante el cultivo de la virtud desenrraizadora de los amarres del “yo”, y la virtud está codificada en la fitrah (la naturaleza original que hizo de molde para la creación del ser humano), y la vía hacia la fitrah es revelada por las tradiciones espirituales, siendo el Islam su manifestación definitiva y última. Así que si quieren ser libres y vivir en la luz ajústense en todo a la shari’a (vía) islámica.

O si lo prefieren sigan haciéndole el juego a sus egos, sigan experimentando con las relaciones poliamorosas y multiorgásmicas, y sigan jugando a identificarse con los 750 “géneros sexuales” que la ONU ya reconoce… verán como acaban. Acabarán atiborrados de drogas por prescripción médica para que en el sopor inducido no sean conscientes de que han arruinado y desperdiciado sus vidas.

Acudan a los sabios, no a los psicólogos o psiquiatras; los sabios tienen la medicina.

sabio.jpg

¡Allahu Akbar!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s