En el este vi el rayo, y hacia allí se encaminó mi anhelo – Un poema de Ibn Arabi.

En el este vi el rayo –  Un poema de Ibn Arabi

Adaptado al español – despojosdeoccidente.org

En el este vi el rayo,
Y hacia allí se encaminó mi anhelo;
Pero si hubiera brillado en el oeste,
Hacia el oeste me habría encaminado.
Mi amor es por el rayo y sus fulgores,
No por territorios ni lugares.

Del oriente una suave brisa me trae el recuerdo;
Un recuerdo que mi palidez,
Mis erráticos pensamientos,
Y mi pasión desbordada atestiguan.
Un recuerdo que mi llanto,
Mi dolor, mi tristeza,
Mi gozo y mi éxtasis atestiguan.
Un recuerdo que mi intelecto,
Mi amor y mi ardor atestiguan.
Un recuerdo que mi ojo, mi lágrima
Y el fuego interno de mi corazón
Atestiguan…
“Esa a quien amas reside entre tus costillas,
Y tus respiraciones la mecen
De lado a lado.”

Le dije a la brisa del oriente:
“Llévale un mensaje a mi amada:
Tú eres la llama que prende y alumbra mi corazón.
Si se apaga, disfrutaremos de la Unión eterna;
Y si arde, el amante no es responsable.”

Comentario:

Este poema de nuestro querido maestro Muhyddin Ibn Arabi no debería ser comentado para no añadir un velo a lo que ha sido majestuosamente expresado. Pero, no obstante, para los amantes, diremos esto:

Todo lo que no es Ella, la amada eterna de todos los hombres, aunque no lo sepan, yace a Sus pies muerto. El descubrimiento de esta verdad desquicia la existencia de los amantes, cuyo mundo queda derruido ante la visión incomparable de Layla, cuyo fulgor todo lo incendia.

La mirada exhausta de tanto mirar y no ver, el torrente inagotable de lágrimas por tenerla delante y no tocarla, el dolor supurado por las brechas abiertas del amor siempre anhelante, la oquedad de los ojos convertidos en abismales simas, el gozo perpetuo de saber que no existe la distancia, el éxtasis de la unión perpetua y perfecta en todo lugar, en todo tiempo y en toda circunstancia… todo ello son los testigos de la sinceridad, de la pureza del amor no contaminado por la atracción hacia lo que no es Ella: el mundo de las causas intermedias, el ámbito de la manifestación física.

De esta forma, Ella reluce en todas partes, sus aromas lo impregnan todo, más allá de localizaciones concretas; sea donde sea que el amante enfoca su ojo, allí están los fulgores de Sus luminarias eternas.

Por eso, si se apaga la llama del amor, y el amante sucumbe a los velos del dolor por las acometidas de los envites del mundo, e incluso si muere, la Unión es perfecta en todo estado, más allá de toda contingencia; y si la llama arde incontenible, elevándose hacia el éxtasis del más puro gozo, no es su responsabilidad, pues muerto está en la Realidad Única, que es la Suya.

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Dedicado a Ella y a sus nobles hijas.

*

¡Allahu Akbar!

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