Al igual que un valle profundo, profunda es la consciencia.

El Camino (Tao Te Ching) – Lao Tsu
Adaptado al español – despojosdeoccidente.org

(4)

Aquello que somos, nuestra verdadera esencia,

Es una espaciosidad abierta e infinita

Que jamás puede ser llenada,

Al igual que un valle profundo.

Es el espacio donde la claridad despunta

Y en la que todas las corrientes confluyen.

Es la luz de la consciencia despierta

En la cual todas las aristas se suavizan,

Y que reclama para sí todo aquello que alumbra.

¿Es “algo” o no es “nada”?

Es el hijo nacido antes de que sus padres nacieran.

Comentario:

El hombre moderno, al abrigo de la tiranía democrática, ha caído en un paulatino deterioro de sus facultades intelectuales, a tal punto de que las nuevas generaciones son cada vez más ignorantes con respecto a la verdad trascendente, así como cada vez más permeables al malsano ambiente cultural que la casta parasitaria (el estado profundo –deep state) pergeñó con vistas a la producción de sociedades enfermas, decadentes y, en consecuencia, dóciles y maleables a sus designios de control y dominación absoluto. Es decir, hoy prácticamente todos los menores de 40 años, los nacidos y criados en democracia, comulgan con la satánica ideología feminista y de género, con la normalización de la homosexualidad, con la normalización de la transexualidad y del transgenerismo, con las prácticas sexuales desinhibidas, con las relaciones poliamorosas, con el hedonismo, con la superstición del ateísmo y con el igualitarismo.

Los jóvenes de hoy en día presumen de ser la generación mejor preparada de la historia de la humanidad, la más estudiada, la más formada, la más intelectual y la más inteligente, pero la realidad es que son una auténtica vergüenza de seres humanos que no saben ni donde están de pie parados. Van directo al matadero completamente inconscientes de la inmundicia e indigencia cultural/intelectual en la que andan sumidos, y ya no hay remedio al mal que les aqueja.

Es un signo de los tiempos, de estos depravados tiempos al filo ya de la culminación de la involución humana por el alejamiento del hombre de la vía revelada, siendo el Islam su update último. Los sabios y enviados de Dios del pasado ya nos advirtieron de esto, ya nos avisaron de que al final de los tiempos los sabios desaparecería y su lugar sería ocupado por jóvenes imberbes. Si echamos un vistazo a los líderes políticos, a los referentes culturales, a los ídolos de masas, a los más destacados influencers en cualquier área del saber (del no saber más bien) no vemos sino niñatos.

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Niñatos en la política.

Niñatos dando charlas en TEDx.

Niñatos cantantes mediáticos.

Niñatos futbolistas ídolos de masas.

Niñatos influencers expertos en felicidad mundana y en comportamiento social.

Niñatas expertas en empoderamiento feminista y en la liberación de la mujer.

Niñatos expertos en relaciones amorosas abiertas, poliamorosas y multiorgásmicas.

Niñatos divulgadores científicos.

Niñatos escritores.

Niñatos cineastas.

Niñatos opinadores expertos en las mesas de debate de la TV.

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Todos ellos con miles de insensatos seguidores en las redes sociales.

¿Dónde están los sabios, los ancianos venerables? Han desaparecido porque el ser humano ya no está receptivo a la verdad, ya no está abierto al descubrimiento de su realidad luminosa y eterna, no nacida y no muerta, que en los corazones mora. Ya todos creen en la superstición del ateísmo, esto es, en la evolución por azar desde la nada, de modo que la vida no tiene otro propósito que la felicidad de los disfrutes mundanos. Por consiguiente los sabios ya no pintan nada aquí, y actualmente los últimos que quedan se están pudriendo en el interior de los vientres de las putas de sus madres.

Es descorazonador contemplar como en tan solo varias décadas de azote democrático todo se ha ido al garete.

El lugar que corresponde a los jóvenes, según las gentes del sano juicio, no es figurar a la cabeza visible de los distintos ámbitos de la vida, sino que el lugar que les corresponde es el del ostracismo; así es, el ostracismo del estudio, de la investigación y del análisis lógico. Los jóvenes no deben figurar en ninguna plataforma mediática, y mucho menos dar su opinión de nada, sino que deben de dedicarse a estudiar y a tratar de dilucidar lo que opinaban los grandes sabios del pasado acerca de las cuestiones trascendentes de la vida: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Existe creación sin Creador, sin Diseño Inteligente, sin Inteligencia Creadora? ¿De la nada surge algo? ¿Subyace un propósito a la creación?  ¿Sólo nacemos y morimos? ¿No somos más que simios sofisticados? ¿Qué es la consciencia? ¿Hay algún bien en la cosmovisión atea, intrascendente de la vida? ¿Hay algún mal en la cosmovisión trascendente de la vida? ¿Hay algún mal en el cultivo de la virtud desenraizadora de los anclajes de los egos impostores: el amor, la generosidad, la sinceridad, el pudor, la modestia, el honor, etc.? ¿Hay algún bien en la propaganda homosexualizadora de la sociedad? ¿Hay algún bien en el cultivo del hedonismo, del sexo desinhibido fuera del compromiso sagrado del matrimonio?

Cuando los jóvenes se hayan empapado de la opinión al respecto de dichas cuestiones de los sabios del pasado, y cuando hayan dilucidado y acumulado su propio bagaje de sabiduría por medio de la experiencia personal, entonces, si Dios los llama a ello, podrían estar en condiciones de orientar a la gente, de convertirse en influencers, tras toda una vida en el ostracismo del estudio.

Como eso no ocurre, como ya no hay sabios, los niñatos los han sustituido, dando como resultado las decadentes y sumamente podridas  sociedades occidentales modernas.

Sin embargo, en el mundo civilizado, esto es, en el mundo islámico o allí donde aún pervive el espíritu de la tradición, el principio de autoridad de los ancianos sabios no ha sido quebrado, por lo que las sociedades son sanas y están a salvo de los demoledores estragos (violencia, drogas, mala educación, poca vergüenza, sexo descohibido, etc) que han arrasado a occidente.

Lógicamente, los ancianos sólo deben ser respetados como depositarios del saber y escuchados si dedicaron su vida a la búsqueda del conocimiento sagrado, tal y como ocurre en el mundo islámico; por el contrario, en occidente la norma es que los viejos (los que andaban por la cuarentena cuando llegó el azote democrático a España) sean tan degenerados como vulgares niñatos de 18 años, pues sus vidas giraron en torno a la búsqueda de la felicidad mundana. Para ellos lo que les espera es la falta de consideración de sus hijos y nietos, los cuales los abandonarán en la puerta de alguna cochombrosa residencia de ancianos para que allí acaben de pudrirse.

Tras este preámbulo ahora vamos a lo realmente importante: ¿de qué nos está hablando esta joya de sabiduría del maestro Lao Tsu que estamos presentando hoy?

Los hombres de Dios sólo hablan de una cosa: de la consciencia eterna y luminosa, omni-abarcadora y omni-penetrante, que todo lo sustenta y que todo lo alumbra, sobre la cual las ilusorias formas temporales son proyectadas. Los sabios sólo hablan de eso y de su corolario conductivo, es decir, del cultivo de la virtud desancladora de los resortes de los egos impostores que se adueñan del espacio de la manifestación para hacerla suya, cobrando así vida el personaje “yo soy”. Dichas virtudes son todas aquellas que contravienen el malsano ambiente cultural dominante en occidente: el amor desinteresado, la  generosidad desinteresada, la sinceridad, el pudor, el honor, el silencio, la humildad, la modestia, la sencillez, el desprendimiento, el respeto a los ancianos, la salvaguarda del sexo circunscrito al ámbito de la sagrada unión del matrimonio, etc.

Los sabios sólo hablan de estas cosas, de lo que somos incluso antes de que nuestros padres nacieran.

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Acudan a ellos, ellos tienen la medicina.

¡Allahu Akbar!

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