Tengo una amiga en Missisipi a la que le gusta el blues.

Tengo una amiga en Missisipi – Blues Replay
Adaptado al español –  despojosdeoccidente.org

Tengo una amiga en Missisipi
A la que le gusta el blues.
Oh sí, tengo una amiga en Missisipi
Que ama el blues;
Cuando me despierto por la mañana
Ella canta el blues.

Ella es perfecta para mí,
Sé que no me engañará
Porque le gusta el blues.
Ella es la chica ideal para mí, sí.

Cuando me siento mal ella me canta
Y me recuerda las bondades del amor;
Sí, le voy a pedir matrimonio
Y me voy a casar con ella
Porque le gusta el blues.

Comentario:

Nosotros también tenemos una amiga, no en Missisipi, sino en Sevilla, a la que le gusta el blues. Ella se llama María Eugenia, Gene para los amigos. Como Gene no se siente representada por el nocivo ambiente cultural predominante en España, y en todo occidente, no siente la menor inclinación hacia la autodegradación a través del cultivo del sexo descohibido y desprejuiciado, así como tampoco se siente inclinada hacia el desarrollo del gusto por el arte y la música degenerada (películas de Hollywood, reguetón, pop, etc.), por los tatuajes, por las fiestas, por los piercings, por los bulnings y por los viajes.

Gene tiene 18 años, y es todo un prodigio de mujer. El hecho de que no se prodigue en nada de aquello en lo que se prodiga la cochambrosa juventud occidental, la hacen acreedora del elogio, el respeto y la admiración de los hombres de Dios, las gentes del conocimiento en pos del desvelamiento de las luces magníficas, no nacidas y no muertas, que los egos constriñen.

El hecho de que a Gene le guste el blues es inaudito en alguien de su edad, lo cual es un claro síntoma de que ha sido elegida por la benevolencia divina para que su vida pueda florecer conforme al sentido común, al bien y a la armonía derivada de no estar medrando en el ponzoñoso medrar de los jóvenes de su edad. No conocemos a nadie al que le guste el blues y que sea al mismo tiempo una mala persona; no conocemos a nadie al que le guste el blues y sea un contumaz ateo y hedonista, y Gene no es la excepción.

Además de su bondad y de las luces que desbordan su joven espíritu, Gene es una mujer realmente preciosa en su revestimiento externo. Por todo ello, no nos hemos podido resistir y le hemos pedido matrimonio, pues sabemos de su aprecio hacia nosotros a pesar de la diferencia de edad. Sí, yo tengo 48 y ella 18, aunque aparento 47, y a Gene le resulto bello a pesar de mi fealdad evidente. Gene es una tía cojonuda.

Me ha dicho que sí, ya que afirma que le gustan los hombres de verdad, y no los niñatos imberbes que no saben, a estas alturas, si son homo, trans, bi, fluid-gender o hetero-curiosos; la madre que los parió, que degenerada está la desnortada juventud occidental. Además, nuestro miembro viril indubitablemente está en perfectas condiciones de maniobrabilidad, por lo que ella no quedará insatisfecha cuando nos unamos sexualmente tras consagrarnos en matrimonio. Tengo una amiga profesional del sexo que puede dar fe de ello. Sí, Gene sabe que cada tres meses acudo a una amiga prostituta, y no hay problema; es verdad que es pecado, pero dicha licencia me la tomo a modo de expiación, ya que, aparte de follar, le canto al oído a mi consorte sexual bellos cantos de amor trascendente de los grandes sabios del pasado, para que germine en ella la inclinación por la búsqueda espiritual tras la luz de las luces que al velo de la manifestación física subyace, y que es nuestra auténtica y real naturaleza, luminosa y eterna, sin fin ni principio, que a modo de espejo se refleja en la consciencia despierta, tras quedar desbaratadas las sombras que los egos impostores proyectan.

No es correcto llamar a las profesionales del sexo “putas”, pues putas son las otras, las que se acuestan con cualquier fulano en la primera cita, o ni siquiera eso, sino que tras emborracharse en una botellona se cepillan a algún baboso, o a varios; esas sí son putas de verdad. Hoy en día hay una discrepancia abierta entre el colectivo feminista al respecto de la prostitución. Por un lado están las abolicionistas, que abogan por la prohibición de dicha práctica ancestral por considerarla denigrante hacia la mujer, y por otro están las anti-abolicionistas, que afirman que prostituirse es una expresión de libertad inherente a cada ser humano, y que nadie debe meterse en lo que la mujer decida hacer con su propio cuerpo. A nosotros nos gustaría que ambos bandos se enfrentaran en cruenta lucha y que todas las feministas quedaran extintas de la faz de la tierra, por el bien de la salud mental de las mujeres occidentales.

Gene y yo nos vamos a casar; le gusta el blues, la amo y ella me ama. Y si Dios quiere seremos muy felices juntos. Mi amiga prostituta está encantada y feliz por mí, al mismo tiempo que agradecida por los buenos ratos pasados juntos y por haberle ayudado a que en ella germinara el gusto por la búsqueda de la verdad, del amor trascendente, de la belleza y de la justicia.

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Dedicado a Gene y a mi amiga prostituta, dos mujeres preciosas tanto por dentro como por fuera.

Todo el mérito les corresponde a ellas.

*

Tengo una amiga en Missisipi – Blues Replay

¡Allahu Akbar!

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