Jugando a destapar maravillas.

Los hombres de Dios son como niños chicos jugando despreocupados al cobijo del tierno regazo de su Bienamada; Ella mece sus corazones adoloridos por el desgarro de la distancia, Ella los sostiene entre sus dedos delicados y los levanta cuando, agotados de tanto mirar y no ver, a Sus pies caen rendidos, deshechos. Ella les susurra al oído el recuerdo de aquellos días felices cuando surcaban juntos la vastedad del cielo infinito, luminosamente claro, radiante y eterno,  antes de quedar sus resplandores velados por los accidentes del tiempo.

¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo perdimos de vista la fina lluvia de bendiciones desprendida del cielo de Sus bondades? ¿Cómo nos despojamos de la inocencia de la primera mirada, siempre pura e inmaculada? ¿Cómo devinimos en este triste personaje?

El quehacer de la vida no es otro que el de volver a ser niños, y jugar… jugar con la contingencia, jugar con la precariedad, jugar con la necesidad, jugar con la carencia, jugar con la adversidad, jugar con el amor y el desamor, jugar con la dicha y la desdicha… jugar como hacen ellos, como hacen los hombres de Dios y los niños, cuya mirada es pura y está siempre en estado de fascinación perpetua; fascinación por las luces desveladas descubiertas que se abren paso, incontenibles, hasta llegar a inundarlo todo, hasta llegar a anegarlo todo de radiante lucidez tras el despertar de la consciencia del sueño fatídico de esta vida.

El quehacer de los hombres de Dios y de los niños no es otro que el de jugar a desenredar nudos y descubrir sus luces ocultas… jugar a destapar maravillas.

monje1Jueguen, dancen al arrullo del Amigo Íntimo que en los corazones mora… mueran antes de morir… y cuando mueran, sean felices. No malgasten el tiempo, el tiempo es oro, pero no por la razón que cree el decadente hombre occidental moderno. El tiempo es no es oro porque sea fugaz y se agote rápido, de modo que debamos de aprovecharlo para vivir con pasión, para vivir apasionadamente; NO, no caigan en esa imbecilidad tan propia de este extraño mundo moderno. El tiempo es oro, literalmente ORO, porque lo que él despliega brilla y reluce radiante a ojos de la visión verdadera… a ojos de la visión que se abre al conocimiento de que todo brilla por lo que es -luz irradiada-, y no por las aparentes formas que reviste.

Los maestros del pasado decían cosas que hoy suenan raras, descabelladas. Los sabios antiguos decían que el universo, el ámbito de lo manifestado –el mundo-, es una radiante joya. ¿Quién comprende hoy esto? El ensimismamiento, el no ser capaz de ver más allá de su persona, tiene al hombre occidental moderno perplejo y sin más salida que la de comportarse como simios, siempre febrilmente abalanzándose sobre todo aquello que “alguien” le arroja a su celda. Siempre saltando de esto a aquello arrastrado por una inercia de la cual todo lo desconoce, siempre persiguiendo sombras, siempre en oscuridad, siempre en las tinieblas de sus personas, siempre confinados a la querencia de sus egos embaucadores. ¿Por qué los influencers, los educadores, los terapeutas, no hablan de estas cosas? La respuesta es porque estamos viviendo el fin de los tiempos, el fin de la historia humana, y ya apenas hay hombres ni mujeres, sino sólo transgéneros, demócratas y expertos, muchos expertos en felicidad mundana.

Ya es hora de decirle a todo adiós y salir ahí afuera, a esa inmensidad que se abre al otro lado de uno mismo, y jugar… jugar a destapar maravillas.

bella luz1.png

Todo el mérito se debe a ella, una mujer preciosa por dentro y por fuera.

*

¡Allahu Akbar!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s