¿Quién soy yo? Observa bien…

Un poema de Eihei Dogen
Adaptado al español por despojosdeoccidente.org

A pesar de que este pobre e ignorante “yo”

Jamás sabrá lo que es la sabiduría que comprende

La no-dualidad de la existencia,

Me comprometo a ayudar a todo el mundo

A librarse del yugo de la ignorancia

Porque soy un monje.

Comentario:

Tremendas palabras del maestro Dogen. El “yo” jamás sabrá lo que es la sabiduría porque el “yo”, la falsa idea de ser alguien con entidad propia, autónoma e independiente del resto, descansa sobre la ignorancia, es ignorancia; y saber eso es sabiduría.

Sólo los que saben que el ego es una sombra impostada sobre la consciencia eterna, a modo de pantalla, cuyas imágenes ilusorias nos velan las luminarias imperecederas desbordadas de la fuente primigenia, sólo los hombres de Dios, como Dogen, pueden ayudar a los demás a despertar del letargo de sí mismos, del letargo de sus egos no educados en desenredar la maraña de este fantasmagórico mundo. Los demás, incluidos los niñatos influencers expertos en coach emocional, en maleducar, en empoderar a la mujer según los preceptos del feminismo (esto es, en autodestruirse) y los expertos en felicidad mundana, no son más que ciegos guiando a ciegos; unos pobres ignorantes.

¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo? Los sabios saben que el “yo” no reside en ninguna parte, pues no es más que un espejismo sin base propia.

¿Quién soy yo? ¿Dónde reside dicha identificación? ¿Qué sostiene lo que somos, o más bien, lo que creemos ser?

¿Yo soy el cuerpo? Si fuéramos el cuerpo dejaríamos de ser al perder una parte de él, un brazo por ejemplo. Pero los mancos siguen existiendo. ¿Soy una parte del cuerpo? ¿Qué parte? ¿La cabeza? ¿Qué parte de la cabeza? ¿Soy el corazón? ¿Qué parte del corazón?

¿Yo soy lo que pienso? ¿Yo soy el observador en contraposición a lo observado (lo que no soy yo)? Pero, si observo mi mano, entonces mi mano es lo observado. ¿Acaso mi mano no soy yo? ¿Dónde está el observador? ¿Dónde está la línea que separa al observador de lo observado, al sujeto del objeto? Que distancia existe entre lo que creo ser y lo “otro”.

¿Dónde está el yo? La respuesta es que el “yo” no tiene lugar, ni tiempo, ni espacio, ni circunstancia, ni soporte ni entidad alguna. El “yo”, aquello que creemos ser, no es más que una errónea e ilusoria atribución de la mente ofuscada por los resplandores  deslumbrantes de Layla.

Qué vemos en el espejo cuando nos miramos, ¿hemos observado bien, detenidamente, ese reflejo? O, por el contrario, ¿nos hemos quedado en la superficie y nos hemos creído la forma, al no tener la habilidad para profundizar en el contenido?

El contenido de lo que somos, bajo un revestimiento de sombrías formas, es un abismo, es un espacio luminosamente claro, abierto y eterno; sin confines. Un espacio al cual si se asoman desde ustedes mismos, desde su “yo” personal, da miedo, pánico; mientras que si se asoman al abismo de lo que son desde la luz que todo lo alumbra, reasumen su auténtica naturaleza sin fin ni principio, no nacida y no muerta, y se asientan en la dicha perpetua.

Que los árboles no les impidan ver el bosque. Mueran y sean felices.

layla1.jpg

Todo el mérito se debe a Layla.

¡Allahu Akbar!

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