Subir muchas “selfies” a las redes sociales puede ser un mal síntoma, según expertos.

20minutos.es, 31 agosto 2019.
Subir muchas selfies a las Redes Sociales puede indicar que sufres de soledad o inseguridad.
La selfie es el tipo de fotografía más utilizada por los usuarios de telefonía móvil. Ahora, una investigación concluye que mostrar este tipo de foto en exceso en redes sociales como Instagram puede provocar que los que te ven te perciben como un perdedor.

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Comentando este despojo:

Se trata de una noticia engañosa, absurda, estúpida e intrascendente, a imagen y semejanza del nivel periodístico de la prensa mamporrera occidental al servicio de la perpetuación de la ignorancia. Nos cuenta este periodicucho que un equipo de expertos investigadores, psicólogos seguramente, aunque no lo especifica, ha llegado a la conclusión de que subir “muchas” selfies a las redes puede provocar que te perciban como a un perdedor, un looser, un fracasado, además de amargado y frustrado narcisista. Pero, ¿cuánto es “muchas”? ¿Cinco al día, veinte, cuarenta… cien? El informe de los expertos no lo indica.

La noticia auténtica es que la patética juventud occidental, la muy devaluada, moral, espiritual e intelectualmente, generación nacida y criada en democracia, la generación “selfie”, ha sido destruida y sólo vive para la imagen, pues no poseen mundo interior.

El caso es, ante la ausencia de una educación trascendente contraria en todo a la satánica educación en valores propiciada por la tiranía democrática, ante la ausencia de sabios (todos se echaron ya al monte), ante la ausencia de las nobles virtudes desenraizadoras de los egos impostores… ante la ausencia de cordura el caso es vivir obsesionados con la imagen, porque ese es el único mundo que conocen. Si publicas muchas selfies, malo, te verán como a  un perdedor; si publicas pocas selfies, también malo,  pues no atraes seguidores y te extinguirás de pena mientas rumias en soledad tu estrepitoso fracaso existencial como influencer con menos de 40 followers. Una vez tomada conciencia de que publiquen lo que publiquen, poco, mucho o regular, serán unos don nadie sin repercusión en las redes sociales (y en la vida real), la única alternativa para paliar su abrumador desasosiego y vacío existencial será por medio de psicoterapias, antidepresivos, antisicóticos, somníferos y el suicidio. El glamour y la buena vida de los niñatos de moda es solo para unos pocos elegidos. Para el resto, para la masa ingente, igualmente de descerebrados que los “top”, pero miserablemente insignificantes… las consultas de los psicólogos y de los psiquiatras están abiertas.

La noticia no es que los vean como a unos “loosers” en función de lo que publiquen o dejen de publicar; la noticia es que la juventud occidental está abocada a la autodestrucción final debido al inmisericorde adoctrinamiento, desde la más tierna infancia, en la cosmovisión atea, materialista e intrascendente de la vida.

Este despropósito ocurre porque nadie le ha dicho a esta paupérrima juventud “selfie” que el ser humano no viene por azar del mono, y éste a su vez de unos gusanos marinos, de modo que sólo nacemos, comemos, follamos, disfrutamos y nos morimos. El ser humano fue creado en esta forma magnífica, y dotado de consciencia a modo de espejo, para que Él se viera reflejado a Sí mismo en su criatura.

Nadie le ha dicho a esta desvergonzada juventud occidental que la forma, la imagen, es tan solo el revestimiento del espíritu; y que si se fomenta lo uno, lo otro declina.

¿Qué es el espíritu?

El espíritu es el espacio abierto e incondicionado de la consciencia que ha despertado a las luces eternas que las formas proyectadas por los egos constriñen. Es lo que somos: plenitud, paz, armonía, felicidad y luz, desde toda la eternidad sin fin ni principio. Si se fomenta aquello que no somos, esto es, el revestimiento (la imagen externa), el velo se densifica y la luz de lo que somos no se muestra (la luz de nuestro universo interior), deviniendo así el trauma, el trastorno, la psicopatía y el desasosiego existencial de estar sólo en lo externo, en la carcasa; deviniendo, en definitiva, la frustración disfrazada de falsa alegría de no ser nosotros mismos, esto es, un espíritu eterno, infinito e incondicionado que todo lo penetra y que todo lo sustenta.

No saber por qué y para qué fuimos creados tiene como inevitable corolario la decadencia a todos los niveles. La actual situación de zozobra humana que asola a todo occidente, en particular a la juventud educada en los valores de la democracia, o sea, en el ateísmo y en la libre exploración del placer sin las cortapisas limitantes de la moral tradicional, ya no puede ser revertida, pues el reset humano es inminente. El Creador, la Inteligencia Creadora, solo permite la degradación de su criatura hasta cierto límite; más allá de eso tiene que intervenir para arrasar con lo viejo y que vuelvan a reverdecer los brotes de una nueva humanidad sin contaminar y sana.

La solución sería educar a los niños conforme a una cosmovisión trascendente, es decir, islámica, de la vida, de modo que de adultos  puedan llegar a convertirse en unos seres humanos magníficos, cuyas consciencias giren en torno al principio sagrado, más allá del tiempo y del espacio, que en el corazón reside, y no en torno a las formas externas con las que se reviste; no, en definitiva, en torno a ellos mismos, a sus egos, a sus selfies.

La forma, la imagen externa, tiene una única utilidad, que no es otra que trascenderla para establecernos en nuestra auténtica realidad en el mundo de la no-forma. Las formas descendieron a este plano existencial para eso, para catapultarnos hacia lo que somos tras el velo de la apariencia, y no para regodearnos en ellas, en las imágenes, como hacen los cerdos en la pocilga.

Eduquen a sus hijos mientras aún hay tiempo, llévenlos a un país musulmán e inscríbanlos en una madrasa. No permitan que el malsano ambiente cultural e intelectual de occidente los destruya.

degene1

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