Un poema de Yoka Daishi

Un poema de Yoka Daishi.
Adaptado al español por despojosdeoccidente.org

En la claridad del espejo de la consciencia despierta,

Luminosidad irradiada que todo lo inunda;

En cada átomo de esta ilusoria existencia,

La totalidad es reflejada.

Las diez mil sombras que preñan

La exuberante multiplicidad del vacío,

Son el resplandor de la joya olvidada

Oculta en lo profundo del sí mismo.

     – Yoka Daishi

Comentario:

Rendimos homenaje al linaje de los verdaderos hombres que como leones la verdad rugen. Rendimos pleitesía a los portadores de la verdad susurrada que de corazón a corazón se transmite. Rendimos homenaje a Yoka Daishi.

Y luego, esto decimos:

En la claridad de la consciencia despierta, despejada de los nubarrones de los condicionamientos mundanos que los apegos y apetitos egocéntricos azuzan, la luz de las luces se refleja, nuestra verdadera esencia incondicionada y eterna. A la luz de este descubrimiento todo brilla por lo que es, y no por lo que aparenta.

Las miríadas de formas de la exuberante multiplicidad aparente se desvanecen instantáneamente en su propia falta de entidad, en el vacío de su nada. Todo aquello que depende de algo para ser tiene una realidad relativa, condicionada, precaria, perecedera, impostada y no absoluta; el mundo del ego y sus imágenes proyectadas sobre el espacio tendido de la consciencia, a la luz de esta comprensión, resplandece como una radiante joya. Es la joya resplandeciente de lo que somos, soterrada bajo capas y capas de las erróneas creencias de aquello que creemos ser. La joya de la verdad desnuda, desvelada tras el desvanecimiento del espejismo de las identificaciones que el ego imposta. De esta forma, el surgimiento de lo que amanece a la consciencia se libera de instante a instante, espontáneamente, sin necesidad de forzar nada, y todo reasume su luminoso origen desde el mismo momento en que se manifiesta.

Los hombres de Dios están muertos, a sí mismos y al mundo, pues hollan el significado profundo tras quedar los significantes desbaratados, y sus vidas son una celebración perpetua, en espera de la caída del velo final que los catapulte a los fulgores definitivos de las luminarias eternas, no nacidas y no muertas.

Mueran si quieren saber lo que es la felicidad, tras quedar desarticulado el aparataje de Maya, el mundo de las apariencias.

La adaptación de esta joya de sabiduría del maestro Yoka Daishi, así como este breve comentario a acerca de la verdad última, ha sido posible gracias a la bendición del linaje. Su mérito va dedicado a los desarraigados del mundo, a los que nada tienen, a los que no saben lo que es amar y que los amen, a los que no tienen donde reposar su tristeza, a los sin hogar, a los sin patria, a los indigentes que duermen en las calles, a los que tienen el corazón roto, a los borrachos, a los drogadictos, a las prostitutas de las “3.000 viviendas” de Sevilla, a los enfermos crónicos, a los enfermos terminales, a los músicos callejeros y sus fieles perros, a los que ya no albergan esperanza alguna, a los olvidados, a los locos, a los que todos desprecian… hacia todos aquellos que la gente rehúye, seres benditos de luz que mañana heredarán la tierra, van dedicadas estas palabras.

(25) A los que creen y actúan con rectitud dales la buena nueva de Jardines por donde fluyen ríos. Cada vez que de ellos se les ofrezcan frutos dirán: “así eran los que comíamos antes.” Mas sólo tendrán su apariencia. En ellos disfrutarán de esposas puras y en ellos morarán para siempre.

Corán, sura al-baqarah.

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