Siempre estamos solos, siempre andamos solos.

Un poema de Taisen Deshimaru, adaptado al español por despojosdeoccidente.org

Siempre estamos solos,

Siempre andamos solos;

En el camino hacia ser lo que somos

Sólo juegan juntos

Los que están realizados.

      – Taisen Deshimaru

Comentario:

El maestro ha hablado unas palabras tremendas, inquietantes. ¿Quién comprende hoy las palabras de los sabios antiguos, de los sabios de aquellos remotos tiempos en los que los hombres verdaderamente eran hombres? No son tiempos hoy de sabios ni de héroes, sino de pusilánimes e ignorantes, pues enfilamos ya las estribaciones de una nueva tierra y de unos cielos nuevos, tras quedar enrollado y precintado todo lo viejo para ser depositado en la papelera de reciclaje de los ciclos cósmicos. El Creador sólo permite la degradación de su criatura hasta cierto límite, más allá del cual la Inteligencia Creadora interviene para volver a poner a cada cosa en su sitio y que la fitrah, la naturaleza primigenia que hizo de molde para la creación del ser humano, sea la que brille, y no las espectrales sombras del zombificado hombre occidental moderno. El tiempo se acaba, los sabios se mueren… y los niñatos influencers imberbes los están sustituyendo; pronto habrán de rendir cuentas de su descarada osadía y falta de pudor ante la sabiduría de los ancestros.

El maestro nos dice que siempre estamos solos, excepto cuando somos lo que realmente somos más allá del aparataje que erige la apariencia. Los demás, los que no han realizado que somos una emanación luminosa eterna desprendida de la fuente de las luminarias imperecederas, están solos, terriblemente solos, abrumadora y desconcertantemente solos, hasta tal punto que se ven impelidos continuamente -para poder sobrellevar ese desasosiego, ese vacío existencial- a disfrazar su soledad con amigos, con folla-amigos y con los pasatiempos de los efímeros e  intrascendentes disfrutes mundanos.

Sólo los hombres de Dios, como Taisen Deshimaru,  no tienen necesidad de tapar el abismo de su sí mismo desvelado con nada; sólo ellos saben lo que es disfrutar de jugar juntos, en la compañía de todos los justos del pasado, del presente y del futuro, en el tierno regazo de Layla, la verdad  primera y última, luminosa y eterna, que majestuosa reluce tras el velo de la apariencia de lo evanescente.

Sólo ellos, los sabios, saben de las bondades del amor libre de los impostados artificios por los egos proyectados, y saben lo que es ser total y completamente libres con respecto a las distracciones mundanas de este espejismo de mundo, al mismo tiempo que disfrutan de la compañía de todos aquellos que, como ellos, todo lo trascendieron.

Los demás están solos, terriblemente solos, amargamente solos, horriblemente solos, desesperadamente y angustiosamente solos tratando de huir febrilmente de esa desconcertante soledad de lo que realmente somos… mediante fiestas, drogas, amigos, viajes, comilonas, terapias, antidepresivos, antipsicóticos, la educación en los antivalores democráticos, los somníferos (y a la postre el suicidio)… mediante todo tipo de vanos e intrascendentes placeres que no hacen sino acentuar la falsa idea de que hay un “yo” separado y solo que se perpetúa al margen del resto de la existencia.

Sólo ellos, los hombres de Dios, disfrutan de la soledad de su ser interior, de su abismo interior y de las luces que asomados a él despuntan… y jamás se sienten solos.

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Taisen Deshimaru

Este breve comentario al poema del maestro Taisen Deshimaru ha sido posible gracias a la bendición del linaje.

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