Los niños malcriados alcanzan la calificación de plaga, según expertos.

Es evidente que el sistema educativo occidental ha fracasado y que no puede ser enmendado para revertir su incapacidad para proporcionar una buena educación a los niños y que de mayores se conviertan en unos seres humanos dignos, y no en unos contumaces ateos y hedonistas empecinados sólo en perpetuarse en los placeres mundanos y en vivir apasionada y desinhibidamente. El problema es sistémico, y sólo tras demoler el actual sistema educativo basado en los antivalores democráticos y en una cosmovisión intrascendente de la vida, y su sustitución por un sistema educativo conforme a los valores de la tradición primordial pergeñadora de civilizaciones, se empezarán a ver nuevamente seres humanos en occidente, en detrimento de los transgéneros, de los hedonistas, de los ateos, de los niñatos influencers, de los psicólogos positivistas, de los psicólogos en general, de los demócratas, de las feministas y demás malas hiervas.

El método que estamos utilizando para dilucidar las causas  de la enfermedad terminal de occidente con vistas a su sanación es doble. Por un lado usamos el método científico basado en la observación de los síntomas de la dolencia para corroborar que ciertamente el enfermo está muy malito; y simultáneamente usamos el método de la vía revelada, siendo el Islam su expresión perfecta y definitiva tras el devenir de la historia, el cual nos corrobora que, efectivamente, el paciente está grave y que necesita la cura urgente de las formas y procederes islámicos con vista a establecer las bases de una verdadera educación, sana, luminosa y trascendente.

La observación de la sociedad occidental nos confirma que está en fase de decrepitud espiritual, moral y, en definitiva, humana, por la constatación de multitud de anomalías que contravienen la fitrah (la naturaleza primigenia conforme a la cual Dios creó al hombre), a saber:

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– El deterioro de la mujer occidental por su consumo a espuertas de la contaminante ideología feminista y del relativismo moral, que le ha hecho olvidarse de aquello que comanda su quicio vertebrador como mujer, esto es, su sagrada maternidad. Hoy en día la mujer prioriza el disfrute de la vida y su proyección laboral frente a satisfacer su maternidad, la cual se ve como una impedimenta existencial y no como su quibla hacia satisfacer la voz que desde la intimidad de sus adentros la convoca a ser madre, y a ser feliz, en definitiva, en compañía de un buen hombre y de muchos niños. Todo lo que sea apartarse de la fitrah deriva inevitablemente en trastorno, frustración, trauma y psicopatía (lo que caracteriza a occidente), por más que se disfrace dicho padecimiento con sonrisas y apasionantes aventuras vitales en compañía de amigos o de folla-amigos. Por eso la mujer moderna occidental está desquiciada, se siente profundamente insatisfecha y no sabe ni lo que quiere; pues lo que realmente quiere, que es la felicidad de su sagrada maternidad plenamente satisfecha, esta soterrada bajo capas y capas de adoctrinamiento en los antivalores democráticos y en los preceptos feministas.

En cuanto al hombre, al varón, su deterioro va la par que el deterioro de la mujer; ambos sexos van de la mano en lo que concierne a la inevitable inercia autodestructiva en la que occidente anda sumido. En general, los hombres nacidos y criados en democracia están encantados con que la democracia haya liberado a las mujeres, y que hayan devenido en unas puercas sin sentido del honor, ni del pudor, que van por ahí semidesnudas y regalando su sexualidad sagrada a cualquier impresentable baboso, con tal de que sea guapo y la haga reír. Nunca antes, en toda la historia de la humanidad, le resultó al varón más fácil follar gratis y de forma tan inmediata, pues basta una cita, o a lo sumo dos, con una mujer occidental, moderna y empoderada para encamarla, a cambio de nada, de ninguna clase de compromiso. Es una auténtica barbarie, y a nadie parece importarle.

– Otro síntoma que nos indica la putrefacción irreversiblemente metastamizada de occidente es la proliferación de lo que se viene en llamar el “niño dios”. Es decir, la sobreabundancia de niños malcriados, mimados, maleducados, endiosados, repelentes, engreídos, caprichosos, insolentes e irrespetuosos que se creen el centro del mundo por haber carecido de unos padres que los hayan sabido educar como Dios manda, y no como comandan sus desmedidos egos. En efecto, los niños del hombre occidental moderno son unos seres absolutamente repulsivos.

Una de las características definitorias de las sociedades sin civilizar es la proliferación del “niño dios”, también conocido como síndrome del “niño emperador”.

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cco-noticias, Méjico. 8-jun-2017
Síndrome del niño emperador se propaga, afirma psiquiatra de IMSS
Luis Sergio Ponce Guadarrama, médico especialista en psiquiatría adscrito al Hospital General Regional 220 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) Delegación Estado de México Poniente, explicó que este síndrome puede identificarse a través de la violación de normas y limites familiares.

***

Se propaga la enfermedad del “niño dios”, y se seguirá propagando irremediablemente hasta convertirse en una plaga que arrase con todo el planeta. Si la situación en Méjico es mala, en España, cuya sociedad es mucho más avanzada en ese sentido y se ha convertido en una auténtica trituradora de consciencias, la cosa está muchísimo peor, como se pueden ustedes imaginar.

Cuando se retira de la ecuación existencial al Creador y no se atiende al libro de instrucciones (la guía moral) que descendió junto con su criatura humana, lo que pasa es que la cosa se desmadra y los egos se desbocan en su empeño por construir un  paraíso de felicidad aquí en este plano de la materialidad física, cuando en realidad este mundo no es más que el campo donde las luces (o las sombras) se siembran con vista a su alumbramiento definitivo en la otra vida, bajo la forma de jardines llenos de radiantes huríes por donde fluyen arroyos de miel, o bajo la forma del infierno de la carencia de luminosa consciencia.

En occidente la educación de los niños está en manos de incompetentes, esto es, de gentes no competentes para educar a nadie civilizadamente puesto que ellos mismos, los docentes, están sin civilizar debido a la cosmovisión atea e intrascendente de la vida que han mamado desde chicos, según la cual, como el hombre viene por azar del mono (y este de una ameba), no hay Dios, no hay Inteligencia Creadora, no hay Creador, no hay diseño inteligente conforme a un plan que trasciende este plano de la materialidad física; y como no hay nada de eso, el único propósito en la vida es tratar de vivir a tope y ser feliz, mientras se pueda. El corolario inevitable del ateísmo reinante en occidente son sociedades desechas, desequilibradas y enfermas, unas sociedades que se retroalimentan en lo inmundo a sí mismas, a medida que innovan en la producción de novedosas situaciones siempre anómalas y traumatizantes, como la de los transgéneros, la cirugía plástica, las relaciones abiertas poliamorosas, el sexo fuera del matrimonio… y como la del “niño-dios”, para lo cual no disponen de cura, puesto que se trata de males sistémicos… del sistema materialista.

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Están por todas partes, en cada casa, en cada familia, en cada esquina, en cada calle del incivilizado occidente. El engrendro los niños malcriados.

Tenemos una pregunta que hacer a los educadores y a los psicólogos…

¿Por qué en el mundo civilizado, o sea, en el mundo islámico o allí donde pervive algún espíritu tradicional, no existe el “niño dios”? Estamos muy interesados en saber la respuesta a esta inquietante pregunta por parte de algún experto educador, o de algún  psicólogo. También nos valdría la opinión de una psicóloga o educadora. Absténganse, no obstante, si son homosexuales, o lesbianas o de género neutro.

La  única solución para evitar la total devastación humana de occidente es volver a la cordura, a la cordura islámica y su educación en el cultivo de las nobles virtudes trascendentes desenraizadoras de los egos impostores, con vista a la vida verdadera que tras desprenderse el velo de la muerte se abrirá a la consciencia, y en la que moraremos eternamente.

Enseñen a los jóvenes que la teoría darwinista es un fraude que ya ha sido refutado por eminentes biólogos disidentes. Eduquen a los niños en el amor desinteresado, en la generosidad, en la consciencia de Dios, en la modestia, en la humildad, en la frugalidad, en la no ostentación, en el pudor, en el silencio, en el respeto a los mayores, en la salvaguarda de la sexualidad sagrada hasta el matrimonio, en la honestidad, en la sinceridad, etc.

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Y no les regalen nada a los niños. Los críos tienen que jugar en la calle con lo que encuentren, con piedras, con cartones, con alambres oxidados… tienen que jugar en los columpios y golpearse la cabeza, tienen que jugar entre ellos a juegos “brutales” según los cánones modernos, como el divertido juego de “al cielo voy”. Los niños deben correr en la calle hasta quedar exhaustos y hacerse sangre si se lastiman, los niños deben incluso pelearse entre ellos y luego tan amigos. Los niños deben ser niños, y no clones zombificados rodeados y enganchados a todo tipo de artilugios. Y si hay que darles un bofetón se les da, y no pasa nada.

También es fundamental no vacunar a los niños; antes no nos vacunaban, ni nos medicaban, ni hacíamos terapias correctoras del comportamiento, jugábamos en la calle sucios y sangrábamos a veces… estábamos sanos y éramos felices. Ahora sobreprotegen a los niños, los sobremedican, y sus cuerpos se han olvidado de cómo sanarse a sí mismos, siempre están enfermos y son unos psicópatas endiosados. Son los tiempos, que no se detienen. Es la involución humana.

Eduquen conforme a las gentes de sano juicio, y en varias décadas volverán a verse seres humanos en occidente.

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¡Allahu Akbar!

4 comentarios sobre “Los niños malcriados alcanzan la calificación de plaga, según expertos.

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