Tiempo de volar alto.

Tiempo de volar alto (Blues) – Chris Bell
Adaptado al español – despojosdeoccidente.org

Hace tiempo que no veo llover así,
Oh sí, esta copiosa lluvia me hace sentir raro,
Como si me arrastrara y se llevara todo consigo.
¡Oh lluvia, llévate estas cadenas que me atan
Y no me dejan volar alto!

Oh yeeeaaahhh, Señor ten compasión.
El ángel de la muerte dice que son las once y cuarto;
Tiempo de tomar el próximo elevador hacia el cielo
Y volar muy alto.

El tiempo puede llegar en un segundo, en un minuto,
En una hora… o en un día.
El ángel de la muerte dice que son las siete y cuarto;
Tiempo de tomar el próximo elevador hacia el cielo
Y volar muy alto.

Hace tiempo que no veo llover así,
Oh sí, esta copiosa lluvia me hace sentir extraño,
Como si me arrastrara y se llevara todo consigo.
¡Oh lluvia, llévate estas cadenas que me atan
Y no me dejan volar alto!

El ángel de la muerte dice que son las siete y cuarto;
Tiempo de tomar ya el próximo elevador hacia el cielo
Y volar muy… muy alto.

Comentario:

La forma de afrontar la muerte es determinante con vistas a lo que se abra a la consciencia tras quedar desenredada la materialidad física que hace de soporte para la identificación egocentrista, esto es, la persona, el personaje  que creemos ser,  en torno al cual hacemos girar nuestra vida terrena. Sin embargo, en el paupérrimo y depravado mundo occidental la forma de afrontar la muerte es no afrontarla, y vivir siempre con urgencia en la búsqueda del placer, de cualquier placer, para taponar así la brecha que desde el interior nos convoca a la trascendencia y al ajuste de cuentas post-mortem. Como el occidental cree que es un simio sofisticado que evolucionó por azar, el propósito de la vida se limita a este plano de consciencia sujeto al deterioro y a la continua extinción, por lo que vive su simiesca vida, carente de sentido, en torno al disfrute mundano que le haga olvidar que acabará muriendo indignamente, entubado y drogado, en la miserable soledad de un frío hospital. El hombre occidental muere en la oscuridad de la ausencia de consciencia luminosa, y así renacerá en la tumba, a oscuras.

Por el contrario, los musulmanes sabemos que el ser humano ha sido creado conforme a un diseño inteligente, tal y como la secuencia de ADN demuestra, la cual no se pudo formar por azar, al igual que un programa informático no se programa a sí mismo por azar a partir de su código binario de ceros y unos; se requiere de una inteligencia que configure el tejido existencial con un determinado propósito. En el caso de la creación del ser humano el propósito del Creador es que seamos precisamente eso, humanos, cuya característica cualificante es la de la consciencia.

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Layla nos echa de menos.

El decrecimiento, y extinción final, de la persona es el único camino hacia la felicidad genuina.

Las luces de Layla se desbordaron, y Ella quiso traerlas de vuelta a su seno, a su Sí mismo en el ámbito de la trascendencia pura. Para ello desplegó un espejo, asomó su hermosura en él, y luego lo fracturó. Todos los pedazos del espejo la reflejaban a Ella, pero para asegurar la fidelidad de su imagen y que cada trozo de espejo se mantenía fiel siempre a su resplandor, arrojó sobre los fragmentos un velo, el velo del plano existencial de la materialidad tangible, gracias a lo cual podrá poner a prueba la veracidad de su luz, aún estando oculta en la densidad de las formas del mundo. Cada ser humano es un trozo de ese espejo que Layla tendió para verse a Ella misma reflejada, y  cada ser humano está sometido a la prueba de la fidelidad de su reflejo. En definitiva, cada ser humano está sometido en este mundo a una prueba de amor, con vistas a determinar quien se mantuvo fiel a Ella, a Su luz, y quien se desvió, haciendo relucir en su consciencia-espejo a su propio ego, a su individualidad separada y concreta, esto es, a su persona, a su personaje.

La muerte no es más que la retirada de ese velo que Ella tendió para ponernos a prueba. Cuando todos los trozos de espejo sean desvelados, Layla tomará para sí aquellos que reflejen Su luz, y desechará el resto.

De nosotros depende morar eternamente con la amada, con Layla, la mujer primigenia, o por el contrario, si no nos asentamos en vida en el resplandor de sus luces eternas, quedar arrumbados al olvido en la oscura sima de la ausencia de consciencia.

El espejo debe ser pulido para que se ajuste aquello para lo cual fue creado: reflejar la luz. La herrumbre es el mundo y cuanto contiene, que tras pasar por el filtro del ego, de la persona, del personaje que creemos ser, se erige en un velo, impidiendo así a la consciencia que todo lo que se asome a ella brille por lo que realmente es: luminarias desprendidas de la fuente de las luces imperecederas.

La persona no debe ser aumentada, como dicen los influencers, sino asesinada; esa es la clave del verdadero éxito… más allá del éxito y del fracaso.

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*

Tiempo de volar alto (Blues) – Chris Bell

Comentarios

One comment on “Tiempo de volar alto.”
  1. Menos influencers y más Islam, es lo que el mundo necesita.

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