Poema de muerte (15)

Cuando dejé de buscarla

Ella vino hacia mí,

¡Oh maravilla!

Cuando la perdí

Ella se alumbró y me alumbró,

¡Oh maravilla!

Ahora que estoy a punto de morir

Descorres el velo y te despliegas.

¡Oh maravilla!

-Uzman García

Comentario:

Es un poema de muerte que cumple con todos los requerimientos de los sabios ancestrales, antidemocráticos e intolerantes frente a la normalización de toda forma de vicio y carencia de virtud, para ser considerado como poema de muerte, pues habla de la muerte… y habla de Ella, la luz eterna no nacida y no muerta, que todo lo alumbra y todo lo penetra.

En este blog de despojos nos gusta hablar mucho acerca de la muerte porque la muerte es algo que el devaluado hombre occidental moderno detesta, y nosotros amamos y frecuentamos todo aquello que contraviene los gustos y las decadentes maneras de la modernidad. Los hombres temen a la muerte, en especial en las sociedades ateas, porque los hombres lo desconocen todo acerca de la muerte, y de la vida.

¿Qué es la muerte?

Para los hombres aletargados en las sugestiones de las identificaciones egocéntricas, la muerte es algo que da mucho miedo. Pero, ¿qué es? Si analizamos un cadáver al microscopio, ¿dónde está la muerte? Si nos adentramos en la realidad interna del cadáver se ve que no se ve nada, solo espacio. Dicen los médicos, y la mayoría está de acuerdo,  que la muerte es el fin de la vida de un individuo, pero ¿qué es la vida? Si repetimos la misma operación cadavérica anterior para analizar a un vivo a la luz de un microscopio, tampoco se ve nada; si nos adentramos en la realidad interna de un vivo solo hay espacio, el mismo espacio interior que cohabita a los muertos.

La vida y la muerte son realidades ilusorias proyectadas sobre el espacio infinito de la manifestación desplegada por la realidad ilahica, la realidad omni-presente, omni-abarcadora, omni-penetrante y omni-iluminadora de Layla, la mujer primigenia. La identificación egocéntrica –todo aquello que conforma el “yo soy”-, está muerta desde el mismo momento en que queda establecida, pues en todo momento la única realidad es la de Layla, siendo todas las demás impostadas, al igual que las impostadas imágenes que aparecen en las pantallas de los cines; si uno mira bien no hay más que luz, claridad y espacio, el espacio de la manifestación. A la luz de este descubrimiento, y una vez madurado a nivel del corazón, el surgimiento de algo en la consciencia va indisociado a su vacío de entidad propia, es decir, de su muerte, por lo que todo brilla en el espacio infinito de la consciencia  por lo que es, un fulgor irradiado, y no por lo que ante el ojo aparenta.

Así que… morir a todo lo que no sea Ella, la realidad única, es una auténtica maravilla. Mueran y sean felices.

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Todo lo que no es Ella a sus pies yace muerto en la irrealidad de su propia inexistencia.

2 comentarios sobre “Poema de muerte (15)

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