Las increíbles historias del Mulá Nasruddin (2)

Mientras Mulá Nasruddin está paseando con su hijo, ven un huevo en el suelo.

El niño le pregunta:
– Papá, ¿cómo entran los pájaros en el huevo?

Nasruddin sofocado, responde:
– ¡Yo que me he estado preguntando toda mi vida cómo salían los pájaros del huevo!
– Vienes tú ahora y me planteas un problema más.

(contarcuentos.com)

COMENTARIO:

Hacerse esa clase de preguntas denota una gran inteligencia. La inteligencia no es lo que cree el paupérrimo hombre occidental moderno; la inteligencia es la facultad para discernir lo verdadero de lo falso, la justicia de la injusticia, la bondad de la maldad, la belleza de la fealdad, el pudor de la impudicia, el honor de la deshonestidad, etc. Eso es la inteligencia, y no la capacidad para resolver sudokus y crucigramas en poco tiempo, como piensa el infrahumano común occidental creyente en la superstición del ateísmo.

Al patético hombre moderno le encantan los test de inteligencia (IQ), es decir, le encanta determinar hasta qué punto llega su ignorancia con respecto a la verdadera inteligencia de los verdaderos hombres. En internet proliferan las webs para realizar gratuitamente dicho test. Todo lo que no sea pasar de 80 en la escala de la imbecilidad al ganado humano le supone una gran desazón, pues piensa que cuanto mayor sea dicho índice más probabilidades de éxito mundano hay, según los convencionalismos de la infrahumanidad. Es decir, cuanto mayor es el IQ mayor posibilidades hay de gustar a las mujeres y que te dejen follar gratis, más posibilidades hay de optar a un buen trabajo altamente remunerado, más posibilidades hay de empoderarse en la vida y disfrutar como disfruta la “élite”, la casta parasitaria.

Sin embargo, para los hombres asentados en las luces imperecederas de la consciencia eterna, no nacida y no muerta, el IQ es un valor intrascendente que no mide nada más que la incapacidad de no usar dicha IQ para la búsqueda de la verdad y de la verdadera inteligencia que comprende por qué y para qué fue creado el hombre.

Los test de la verdadera inteligencia consisten en hacerse preguntas del tipo que narra la historia del Mulá Nasruddin que dio inicio a este escrito. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué fue antes, la  planta o la semilla? ¿Qué fue antes, la mujer o el hombre? ¿Qué fue antes, el tiempo o el espacio? ¿Qué fue antes de que hubiera un antes? ¿Qué fue antes, el espejo o su reflejo? ¿Cómo entró el pájaro en el huevo? ¿Cómo salió el pájaro del huevo? ¿Cómo se formó el huevo? ¿Cómo se formó la cáscara del huevo? ¿Cómo del no-huevo se formó un huevo? Etc.

Hacerse ese tipo de preguntas, descabelladas para el ganado humano, es propio de personas dotadas de una gran inteligencia.

Debido al atroz adoctrinamiento en la superstición del ateísmo al que está sometido occidente, todas las respuestas a esas desconcertantes preguntas tienen una respuesta común: el azar. Es decir, ante la degradación intelectual propiciada por el adoctrinamiento en el ateísmo, el hombre occidental común promedio se limita a responder lo que le enseñaron en el colegio: que el mundo es fruto de una colisión azarosa de unas partículas que no se sabe de donde salieron. El azar dio origen a todo, a toda esta profusión de vida diversa, a las amebas, a los monos, al hombre y a la consciencia que se pregunta y cuestiona; todo por una evolución caprichosa. Según esta desviada cosmovisión intrascendente, la vida no tiene otro propósito que el disfrute mundano. Algo realmente disparatado.

Para los verdaderos hombres, aquellos adscritos a la tradición primordial pergeñadora de civilizaciones, el hombre moderno se encuentra en estado de indigencia y decrepitud intelectual, lo cual le inhabilita para indagar su realidad interna y abrirse a las luces que en los corazones moran, realizando así su verdadero ser tras la aparición del mundo fenoménico que los egos proyectan. La respuesta a las preguntas trascendentes que inquietan a los hombres tienen respuesta. ¿Cómo entró el pájaro en el huevo? Basta con acudir a los libros de sabiduría, siendo el Noble Corán su expresión máxima, para hallar la respuesta a esa y a todas las demás preguntas que acucian al ser humano.

Pero para ello, para ir en busca de respuestas satisfactorias, primero hay que ser consciente de nuestra propia ignorancia, y el decadente hombre moderno occidental está demasiado obnubilado en los placeres mundanos y en extraerle todo el meollo a la vida antes de que lo arrumben a podrirse en una residencia de ancianos, como para plantearse otro tipo de cosas.

(185) Toda nafs probará la muerte. El Día del Resurgimiento se os pagará por las obras que hayáis hecho. A quien se le aparte del fuego y se le haga entrar en el Jardín habrá salido victorioso. No es la vida de este mundo, sino un disfrute engañoso.

Corán, sura ALI-IMRAN

*

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Todo el mérito le corresponde a Ella

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