Educar en valores que realmente importan.

Una de las características definitorias del decadente hombre occidental moderno es su rechazo a la muerte, de la cual sólo se acuerda cuando tiene que ir a enterrar a algún pariente o amigo fallecido. Por lo demás, toda su vida es un transcurrir en la urgencia del placer, de cualquier placer, que le haga olvidar que habrá de morir algún día tras toda una vida desperdiciada en la inconsciencia de la falta de conocimiento alumbrador que le catapulte al dominio de las luces imperecederas, no nacidas y no muertas.

Sin embargo, en las sociedades avanzadas y civilizadas, esto es, en el mundo islámico o allí donde perviven las formas tradicionales, los hombres son educados desde que nacen en el recuerdo continuo de la muerte, con vista a que hagan pivotar sus vidas en torno a lo que realmente importa: la virtud desancladora de los anclajes de los impostados e impostores egos, de modo que en su ausencia la eternidad, sin fin ni principio, brote. De esta forma, en oriente los hombres pueden morir tranquilos, serenos y en paz de consciencia, sabiendo que la muerte no es más que la entrega a la matriz existencial (a Layla, la mujer primigenia) de una impostura: la creencia en una individualidad separada.

¿Por qué no se enseña estas cosas a los niños en los colegios?

RESPUESTA:

Porque se trata que de mayores se conviertan en unos ateos y contumaces hedonistas, en contraposición a los luminosos hombres que pare la educación en la cosmovisión trascendente de la vida. Y esto es así porque los hombres luminosos son intolerantes a toda forma de injusticia y anormalidades, de modo que lo que requiere el estado profundo (deep state) es la producción de seres infrahumanos adornados con toda forma de vicio y desvirtud, en aras de su fácil manejo.

La sabiduría y la justicia van de la mano, pues ambas son cualidades del espacio, de la consciencia que ha despertado del letargo de esta vida. Por eso en los países islámicos jamás proliferarán las anomalías que azotan a occidente, como el transgenerismo, el feminismo, el relativismo moral, el sexo sin compromiso de fidelidad, la impudicia, la poca vergüenza, la falta de respeto a los mayores, etc.

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En el mundo civilizado la educación en valores emana del Corán. En el mundo incivilizado (occidente) la educación en valores emana del marxismo cultural.

En oriente los niños aprenden a convivir con la muerte de forma natural, ya que por un lado el Corán, el pilar de la educación sana y coherente de los hombres, habla mucho de la muerte con vistas a activar el recuerdo de la vida postmorten (la vida verdadera), y por otro, la gente suele morir en casa rodeados de sus seres queridos, lo cual incluye a los niños. Por el contrario, en el incivilizado occidente a los niños se les pretende proteger de ese infame espectáculo en que los médicos han convertido la muerte, por lo que se prohíbe el acceso de los menores al moribundo, e igualmente tampoco van a los entierros, no vaya a ser que tengan pesadillas.

Los educadores del mundo moderno, expertos en maleducar a los niños, que aporten, en la medida que se lo permita su hombría, esta cosmovisión luminosa de la que aquí hablamos, cuando traten con los pobres niños infelices que tienen la desgracia de tener que ser educados en la tiranía democrática. Gracias.

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Una  mujer de despampanante belleza bailando felizmente en el recuerdo de Layla, la mujer primigenia.

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