Primero fue la mujer, y luego el hombre.

Primero fue la mujer, y luego el hombre. El Sagrado Corán no menciona ni una sola vez a Eva, ni hace alusión a su creación a partir de una costilla del hombre (Adán), así que no nos adscribimos al relato de la creación del ser humano según la tradición judeo-cristiana. Los libros revelados de dicha tradición fueron cambiados a lo largo de los siglos por la mano del hombre, y no se conservan en su lengua original inalterados, como sí se conserva el libro revelado de la tradición islámica, que mantiene su originalidad intacta.

El Corán no habla de Eva, sino de la mujer primigenia, sin necesidad de nombrarla de manera explícita; esto es: el Corán habla de Allah, que es una palabra árabe que no tiene género, por lo que no es correcto traducirla por Dios, que sí tiene género (dios-diosa).

Allah no tiene género, es decir, no es una realidad dual, pero como nosotros nos movemos en el ámbito de la dualidad (sujeto-objeto / observador-observado) tenemos que hacer alusión a dicha realidad no-dual con una terminología dual que apunte a la no dualidad que todo lo rige y preside. Es por eso que a nosotros nos gusta nombrar a dicha realidad eterna y trascendente con nombre de mujer, pues a nuestro entender evoca adecuadamente la realidad de las cosas conforme a la tradición de los verdaderos hombres, siendo el Islam su update último.

Primero fue la mujer, es decir, el espacio, la apertura, la profundidad, la acogida, la capacidad envolvedora y envolvente de todo aquello que se le aproxima. Cualidades todas ellas que caracterizan a las hijas de la mujer primigenia, esto es, a la mujer en el ámbito de la fractalidad del ser humano. Si algo caracteriza a la mujer humana es su sensibilidad extrema para la amorosa acogida de aquello que ama. Por eso la mujer puede ser madre y alumbrar vida, y no el hombre. Y esto es así por más que le repugne a las feministas y a los ideólogos del género.

Por eso, también, la mujer se siente más confortable con profesiones que tienen que ver con el trato humano y el mundo de lo interno, el mundo del espacio interior: enfermería, geriatría, dependientas, psicología, literatura, etc, frente a los oficios de carácter más técnico. Esto es así por la inclinación de la fitrah  (la naturaleza ESPACIAL) femenina, y no porque el hetero-patriarcado opresor las adoctrine desde niñas, como preconiza la ideología feminista.

Así pues, primero fue la mujer, el espacio insondable e infinito a espera de ser colmado. ¿Colmado por quién? Colmado por la luz, por el hombre. ¿Acaso suena esto disparatado y machista?

Nosotros estamos adscritos a la tradición primigenia, por lo que nos podemos permitir el lujo de hablar en esos términos, por más que indigne a la desquiciada mujer empoderada y moderna occidental.

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Una mujer envolviendo a un hombre.

La luz, el hombre primigenio, es lo que se adentra en el espacio, en la mujer primigenia. Y de ese adentrarse masculino, junto con la receptividad femenina, surge el placer de la unión y la profusión de la claridad de los fulgores que todo lo inundan, es decir, surge el dinamismo inobstruido de la consciencia eterna.

El espacio, la luz, y la claridad (el dinamismo inobstruido) son las cualidades de la realidad una y única, trascendente y eterna, que subyace a todo, que todo lo sustenta y que todo lo alumbra. Es lo que somos al nivel más íntimo y profundo, es lo que somos en la realidad de nuestra esencia desvelada, tras quedar el velo de lo contingente descolgado. El espacio, la luz y el dinámico fluir, esta triada es el tejido que trama el entramado del tejido existencial, sobre el cual los seres humanos son depositados. Alejarse de lo que somos, de nuestra fitrah, se  traduce inevitablemente en la inconsciencia de nuestra realidad trascendente, lo cual va acompañado de la supuración de los síntomas de dicha enfermedad: trastornos, desequilibrios emocionales, psicopatías, traumas, y en definitiva, infelicidad  y frustración a raudales. Justo lo que caracteriza a las decadentes sociedades sin Dios de occidente.

El desvarío psicopático de occidente sólo puede ser revertido de una manera, y no es con más financiación hacia todo lo que tenga que ver con igualdad de género y empoderamiento femenino, sino volviendo a la fitrah, a la consciencia de lo que somos, lo cual implica actuar conforme a lo que somos para desenredar los nudos que erigen la impostada realidad de lo que no somos: unos egos impostores.

Allí donde hay Islam los estragos anticivilizatorios de occidente no existen. Gracias a que las mujeres musulmanas han sido educadas en los nobles y trascendentes valores que emanan del Noble Corán, comprenden que su felicidad sólo puede residir en priorizar aquello que comanda su fitrah, en torno a lo cual hacer pivotar su eje existencial, esto es: su maternidad sagrada, pues es ahí donde las cualidades espaciales de su sagrada feminidad cristalizan y alcanzan su cota de esplendor máximo.  Evidentemente ninguna mujer con dos gramos de cordura se siente humillada ni degradada por adoptar dicha cosmovisión en pos de desenlazar los lazos que constriñen los perturbados y  perturbadores egos adoctrinados en los valores democráticos; y  ningún hombre se siente superior ni machista por hacer lo mismo., o sea, por encauzar su  vida entorno a lo que realmente importa: la protección y la felicidad de su esposa.

Así son las cosas en el mundo civilizado (oriente), y así son las cosas en el mundo incivilizado (occidente), como fruto de la adopción de sus respectivas cosmogonías: la cosmovisión trascendente tendente a la configuración de mundos armoniosos y equilibrados que emanan de la fitrah (la naturaleza original e  incontaminada), propia del mundo islámico; y la cosmovisión atea y materialista desquiciadora de los quicios del sano juicio, propia de las infectas y podridas en grado sumo sociedades decadentes occidentales.

Si alguna mujer moderna lee esto, puede opinar, si lo desea, abajo en los comentarios, qué le parece esto. Nos pueden insultar si lo estiman adecuado. Gracias.

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Primero fue la mujer, y luego el hombre.

Comentarios

2 comments on “Primero fue la mujer, y luego el hombre.”
  1. Lorena dice:

    ¿Entonces, el hombre no viene del mono? Eso es lo que me enseñaron en la E.S.O.

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    1. La Inteligencia Creadora diseñó al ser humano, y lo alumbró a la vida. Para ello, primero creo al espacio, a la mujer; luego al hombre, a la luz. Luego se unieron y el mundo amaneció en la conscienca.

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