En la paz del desierto.

En la paz del desierto, tras del desnudamiento de cualquier otra presencia que no fuera la tuya, me adentré, y allí encontré la calma de tu inexpresada elocuencia.

En la paz del desierto, tras del desprendimiento del velo entre tú y yo interpuesto, me establecí, y allí hallé tus fulgores eternos.

En la paz del desierto, tras el desvanecimiento del espejismo de los sonidos del mundo, me abismé, y allí encontré el clamor de tu silencio.

En la paz del desierto erigí mi morada, en espera de que lo no nacido que habita en mí reclame para sí mis últimos restos.

(c) despojosdeoccidente –  Expertos en decrecimiento personal y en relaciones humanas antimodernas.

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En la paz del desierto

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