Poema de muerte (32)

Amaneció el sol de la presencia

Y se rompió el hechizo del mundo;

La bruma se levanta

Y se aclaran los horizontes.

-Shisumoto Oigen (2.031-2.089)

Comentario:

El maestro Shisumoto Oigen es un sabio del mundo antiguo que nacerá dentro de once años, y que compuso, a modo de despedida, este poema de muerte como legado tras toda una vida vivida desbaratando el entramado de nudos de la consciencia constreñida por los egos embaucadores y embaucados.

Los verdaderos hombres moran en la singularidad del no tiempo, del no lugar y del no espacio, por lo que pueden permitirse el lujo de nacer y morir donde les dé la gana, más allá de los convencionalismos del tiempo que pergeñan la visión dual de la existencia, en una fracturación constante del lecho de la manifestación de la presencia única entre observador y observado, debido a la ignorancia.

El maestro nos está diciendo en su poema de muerte que lo que no es el sol de la presencia única, es un velo tendido entre el ser humano y las luces imperecederas, que dicho sol alumbra.

En dicha consciencia los hombres verdaderos mueren y viven gozosos, en una dicha plena.

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Elena Yerevan.

Dedicado a Ella.

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