Los delirios de occidente (5)

Los delirantes desvaríos de occidente son ciertamente hilarantes, para cualquiera que haya recibido una sana y edificante educación anclada en los valores de la tradición primordial en torno a la cual florecen las civilizaciones, es decir, para cualquier buen anti-demócrata, anti-feminista y anti-LGTBIQXSURPLJH.

En la edición de hoy de “delirios de occidente” leemos acerca de un alarmante fenómeno que tiene desconcertado a los expertos. En occidente la gente está dejando de ir a comprar a las tiendas-supermercados de los chinos por temor a ser  contagiados del virus de moda: el coronavirus. A la misma vez, los expertos indican que crece el anti-chinismo de manera desbocada en los colegios, donde los niños chinos o de origen chino son buleados inmisericordemente; y en la misma calle, donde los occidentales se cambian se acera si ven venir de frente a alguien con rasgos chinescos.

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¿A qué se debe este despropósito que ha anidado en la incivilización occidental?

La obvia respuesta, obviada por los medios de incomunicación y de desinformación de masas, es la obviedad de la muerte y su temor asociado, como final obvio e inevitable de cada ser humano, con virus o sin virus.

Ante la inevitabilidad de la incierta muerte, ¿no sería mejor indagar qué es la muerte, qué es la vida, quien muere y quien vive, qué es el “yo” que cree vivir y morir, antes que estar haciendo el gilipollas huyendo de los chinos?

Nosotros creemos que los chinos no merecen ese trato inhumano, sino un trato humano consistente en acercarse a los chinos, abrazarles y preguntarles por su estado de salud y el de sus familiares, aquí en occidente o en China.

La muerte es un asunto que está pre-decidido por Aquel que está pendiente de todo y decreta hasta el movimiento de la más insignificante brizna de hierba sobre la faz de la tierra. La muerte de cada ser humano está escrita en un registro decretado por Allah, el Dueño y Señor de todos los mundos; y tratar o destratar con ciudadanos de origen chino es indiferente para el cumplimiento de nuestra hora, la cual recaerá sobre nosotros inexorable como una losa, pues el viaje de la trama existencial debe continuar y seguir quemando sus sucesivas etapas.

Así pues, no teman a los chinos, sino a su propia ignorancia.

Delirios de occidente, 6-feb-2020.

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