La forma de la tierra sí importa.

La forma de la tierra sí importa, porque dicha forma es la expresión de una particular cosmovisión en torno a la cual establecernos en la vida y adoptar la forma de vida individual y los modos de convivencia con todo cuanto nos rodea. Hay eruditos del Islam que le restan importancia a este asunto, por considerar que la verdad de la tierra redonda es una verdad científica incuestionable, cuyo cuestionamiento ridiculiza a sus detractores, habiendo temas más acuciantes que los sabios del Islam deben tratar, como el posicionamiento definitivo e  inamovible del nuevo orden mundial satánico auspiciado por una pequeña casta de poderosos, o la situación de opresión de palestina y de otros pueblos.

Nosotros no estamos de acuerdo con que no importe la forma de la tierra, y no creemos que sea incompatible dicho tema con la denuncia de la opresión por parte de los satanistas-sionistas.

Existen tres concepciones acerca de la forma de la tierra, cada una de ellas lleva asociada una particular cosmogonía, es decir, una particular forma de concebir al ser humano, al mundo y al sentido o no sentido que pueda tener la existencia.

Terra-pelotismo

Terra-planismo

Terra-singularismo

Nos centraremos ahora en analizar dichas posturas, con especial énfasis en el aspecto filosófico en lo que atañe a cómo dirigirnos en la vida.

(1) Terra-pelotismo.

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Modelo de la tierra-pelota

Según este posicionamiento ideológico la tierra es una bola que se desplaza a 2 millones de km/h a la deriva de la inmensidad de un universo repleto de amenazantes amenazas y de extraterrestres con los que que aún no hemos contactado; un universo repleto de infinidad de planetas y astros peloteros, agujeros negros, gusanos cósmicos, radiaciones electromagnéticas, materia oscura, materia no oscura, etc; un universo cuyo origen se desconoce. Dice la ciencia moderna que hubo una explosión primigenia, pero se desconoce cómo se indujo y se desconoce qué había antes de ese reventón. A partir de la nada todo surgió y fue ordenado por casualidad hasta el devenir del ser humano y de la consciencia, y ese absurdo es lo que se le enseña al hombre moderno como una verdad científica. Según esta superstición del surgimiento por azar, la vida no tiene más finalidad que ser vivida y morida, tras disfrutar todo lo que se pueda. El hombre es fruto del azar y su eliminación supondría un gran bien a la naturaleza, pues así podría reemprender su feliz existencia desconscienciada sin la presencia del depredador simio-hombre.

(2) Terra-planismo.

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Modelo de la tierra-plana

Según este posicionamiento ideológico la tierra es una planicie inamovible desplegada por una Inteligencia Creadora que dispuso el orden cósmico, y estableció en medio de él al ser humano como califa y garante de dicho orden. Se trata de un mundo con una finalidad trascendente, al contrario que el mundo del simio-hombre. La finalidad de la tierra aplanada y desplegada por el Creador es servir de morada al ser humano, y la finalidad de éste es conocer y reconocer al Creador, como siendo la fuente,  no nacida y no muerta, de la que todo dimana y hacia la que todo tiende. El conocimiento de la verdad del Creador es una realidad que enraíza en el corazón del ser humano tras el estudio y la práctica de la vía revelada para el desvelamiento de las luces eternas que todo lo presiden: las luces del Creador, Dueño y Señor de todos los mundos. Según esta cosmovisión, el ser humano es el único ser dotado de consciencia del cosmos, es decir, el único ser capaz de indagar hasta descubrir a su Señor. La tierra está protegida por una cobertura de luminarias en rotación continua, de la cual nada entra ni sale, y el sol y la luna rotan armoniosamente alrededor de la torta terráquea.

(3) Terra-singularismo.

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Modelo real

Según este posicionamiento ideológico la tierra es una singularidad, es decir, un espacio infinito que tiende a cero, sobre el cual es proyectada la ilusión de la visión dual de la existencia. La consciencia del ser humano es esa singularidad, en la cual transcurre la ilusión de la muerte y de la vida, con su tierra (plana o redonda), con sus emociones, con sus sensaciones, con sus sentimientos, con sus miedos y alegrías, etc, todo ello constituido por formas vacías que parece que van y vienen, pues la única realidad es la de la singularidad, esto es: el infinito, o el cero, pues vienen a ser lo mismo.

Las cosmovisiones (2) y (3) son las erigidoras de civilizaciones a lo largo de la historia. Mientras que la cosmovisión (1) es el pilar sobre el que se erige la decadencia y la autodestrucción de los pueblos y, en suma, de los hombres que la adoptan.

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