Un canto al verdadero amor

Las luces descienden
Sobre los corazones de los enamorados,
Tras el abandono de lo que creyeron ser
Mientras vagaban obnubilados
Imaginando que de Ella
Estaban separados.

Las torrenciales aguas
Del cristalino océano de la presencia única
Anega a los enamorados,
En la antesala de su encuentro definitivo
En la alcoba de amor,
Donde lo igual se une a lo igual
Después de quedar todo lo que no es Ella
Aniquilado.

-Fátima Nurihi

Comentario:

El amor es la máxima expresión del conocimiento de nuestra sagrada e innata realidad interna, un conocimiento que elevado a la cúspide de su amorosa manifestación última nos integra a la realidad de lo que somos, más allá del aparataje de la aparente apariencia, esto es: tras quedar desintegrados, dispersos y aniquilados en medio de las evanescentes formas del mundo.

Lo demás no es amor, sino emoción, cuya gradación varía en función de la fuerza del imperativo animalesco no domesticado que predomine en la psique humana. Una gradación que va desde el más básico impulso follatorio por follar y ser follado característico del hombre-simio ateo, occidental y democrático, hasta el amor elevado y exclusivista entre un hombre y una mujer, sujeto a un compromiso de fidelidad inquebrantable que trasciende este plano físico. Tanto el deseo animalesco como el anhelado deseo del amor sano en pareja, son “emoción” y no amor verdadero; pues ya hemos dicho que el verdadero amor es la expresión del conocimiento de uno mismo, esto es, de las luces imperecederas que todo lo sustenta y todo lo penetra.

Como es lógico, y tal como apunta la legislación islámica, existen formas del deseo insalubres y opacadoras de la consciencia, y otras formas del deseo saludables, permisibles y clarificadoras de la consciencia. Las formas del deseo dañinas a la psique humana son aquellas que más apetecibles resultan al degenerado hombre moderno occidental, a saber: el sexo sin compromiso de fidelidad y sin miramientos de género o identidad sexual, las cuales perturban y traumatizan las aguas de la consciencia, de modo que no se reflejan en ellas las luces eternas. Mientras que las formas del deseo saludable y beneficiosas son aquellas que implican amor y fidelidad entre una mujer y un hombre (el amor homosexual no existe), tal y como se estila en el mundo civilizado –el mundo islámico o allí donde perviven las luces de la tradición.

Al ser humano le encanta follar, porque follar es una muerte, una extinción, un olvido de uno mismo que culmina en el clímax orgásmico; es pues en la extinción máxima del conocimiento sagrado acerca de la irrelidad del “yo” donde reside el amor verdadero, y no en ir por ahí percutiendo vaginas y envolviendo nabos.

Del verdadero amor, del amor que es el conocimiento de uno mismo, nos habla este bello poema que nos ha remitido nuestra amiga y colaboradora Fátima Nurihi, con el cual hemos editado este video, audicionándolo con una bellísima música.

El tiempo se agota y el ajuste de cuentas se acerca. Las señales están cumplidas y este mundo será plegado y desplegada una balanza; así pues follen menos y busquen el conocimiento mientras aún hay posibilidad de hacerlo.

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