Ella prefiere a los chulos y a los canis de barrio. ¿Por qué pasa esto?

A nadie parece importarle la debacle humana en la que la juventud española, y occidental en general, anda sumida. Aquí a todo el mundo parece parecerle bien las formas, hábitos y costumbres de los niñatos; pareciera que percibirse y atreverse a denunciar que algo no marcha bien en las mentes de los imberbes sería contraproducente, pues ello implicaría que el progreso, la evolución y avance de los tiempos, la cultura y la educación que han medrado al abrigo de la democracia, etc… pareciera que si eso fuera así sería tanto como reconocer que vivimos en una gran mentira, la mentira del progresismo de las sociedades democráticas avanzadas, ateas y hedonistas. Si se llega a esa conclusión, al corolario de que nos han estafado, entonces habría que volver a recomenzar de nuevo con la ayuda, quizás, de libros sagrados como el Noble Corán y los Vedas, y no de la constitución española.

Los hechos son abrumadores, y abrumadoramente delatan que occidente está sin civilizar, pues las cosas que vemos aquí elevadas a la categoría de normalidad, son anormales en cualquier sociedad sana y civilizada, esto es, en el mundo islámico o allí donde aún pervive el espíritu de la tradición.

Como muestra aquí tenemos la noticia de hoy del diario “delirios de occidente”, acerca de una niñata de 18 años que acudió al programa de TV “First Dates” en busca del amor a ciegas. Las cosas que dijo esa pobrecilla, una tal Ana Belén (18 años), son alucinantes. Sus apetencias en cuanto a los chicos son en todo contrarias a las apetencias de la mujer civilizada, o sea, de las musulmanas. Ana Belén afirma que no le gustan los “pijos”,  sino que prefiere a los chulos y a los “canis” de barrio.

Pasamos ahora, Dios mediante, a explicar el significado de dichos vocablos de uso tan extendido en España, no así en otras latitudes hispanohablantes, en aras de su comprensión y dilucidación tendente a esclarecer lo que la inclarecida mente de Ana Belén está diciendo.

La R.A.E. – la real academia española de la lengua, los lenguajes, los linguismos, los lenguarismos y los lenguafonismos (fónicos o infónicos)-, dice al respecto lo siguiente:

PIJO:

Dícese de una persona que, ostentosamente pertenece o simula pertenecer a una clase social pudiente.

Ámbito: España.

Uso: se emplea también como sustantivo, despectivo.

Antónimo: Cani.

CANI:

Tipo de personaje urbano que se da en España, perteneciente a toda una subcultura alternativa. Se caracteriza por su comportamiento superficial, con muy baja educación y cultura, con una elevada agresividad y con tendencia a cometer delitos o provocar enfrentamientos, y su manera de vestir, casi siempre ataviado con pantalones de chándal, gorra y adornos de oro.

Ámbito: España.

Uso: se emplea también como sustantivo, despectivo.

Antónimo: Pijo.

Aquí ilustramos unas ilustraciones ejemplarizantes de dos especímenes representativos de ambas categorías de sub-humanos, para un mayor alcance comprensivo.

cani pijo

Ambas instancias gregarias están conformadas por supuestos seres humanos, anómalos y sin consciencia acerca de por qué ha sido desplegada la tortilla terráquea y por qué el hombre fue depositado en ella como custodio, por lo que sus vidas giran en torno al mero placer mundano. La diferencia entre ellos estriba en los modos superficiales de conducirse, y así, el pijo es capaz de adoptar y tolerar ciertos niveles de educación y respeto hacia el prójimo y hacia su entorno, mientras que el cani es un ser totalmente repulsivo, sin educación ni respeto hacia el prójimo y hacia su entorno, siendo uno de sus pasatiempos favoritos reventar papeleras e incendiar marquesinas de autobuses, así como chillarle y asustar a los ancianos (especialmente a las ancianas).

Tanto el pijo como el cani son unos seres en los que la animalidad primaria simiesca, en pos de la satisfacción de los disfrutes mundanos, es lo que prima, por lo que no merecen la consideración de seres humanos, empero, el pijo, como hemos dicho, conoce la educación y la vergüenza, aunque sea la ajena, por lo que para establecer un vínculo emocional de larga data es mucho más conveniente que los orcos, esto es, que los canis. Sin embargo, Ana Belén, la niñata objetivo del presente estudio intelectualoide, prefiere a estos últimos, a los indeseables canis.

¿Por qué? ¿A qué se debe el despropósito de que Ana Belén los prefiera chulos, rastreros, maleantes y sin educación? No solo esa pobrecilla, sino que en general a todas las niñatas les gustan los “malotes”, pues los “buenotes” les resultan muy aburridos por carecer de chispa.

La causa es que la juventud occidental está sin civilizar, lo cual ha propiciado el desquicio de sus consciencias, es decir, que el quicio vertebrador de una vida sana y luminosa ha desaparecido de sus vidas. Empero, el inconsciente clama por volver al eje pivotador de la fitrah (la naturaleza que nos es propia), que en la mujer reside en el desarrollo pleno de su maternidad en compañía de un buen hombre, y por eso buscan a los que las tratan de manera humillante y despreciativa, para que por las brechas del dolor se asome la clarividencia de la visión verdadera que las convoque a una vida armoniosa, dichosa y estable, tras quedar desoladas por su libre habituación a esos maltratadores.

La mujer occidental no tiene quibla moral, y por eso es que, a base de palos auto-propiciados, se fuerza inconscientemente a volver a su fitrah, tras quedar machacada psicológicamente y tomar consciencia de que es preferible relacionarse con los buenos hombres, aunque sean aburridos, antes que emparejarse con los malotes y dañinos canis.

En el mundo civilizado, esto es, en el mundo islámico, la mujer no tiene ese problema, pues al recibir una educación basada en los nobles y trascendentes valores del Corán, sabe desde joven que la felicidad radica en decirle “sí quiero” a un buen hombre para compartir la vida, lo cual excluye a los maleantes, a los  moralmente sucios y a los rastreros sin educación.

Por el contrario, la educación de la juventud occidental está basada en los valores democráticos y en el ateísmo, por lo que lo que prima ante todo es el placer descohibido y sin compromiso de fidelidad estable, sin más perspectiva que la de pasárselo bien y ahuyentar el aburrimiento; y de ahí que sean los orcos los que triunfen y más follen hoy en día en las sociedades democráticas avanzadas, como la española. De esta forma, lo que la mujer musulmana aprende y ejerce de manera natural gracias a la buena y sana educación recibida, la mujer atea occidental se ve forzada a tener que aprender a fuerza de palos auto-infringidos.

Delirios de occidente, 29-feb-2020.

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