Ellos siguen siendo unos campeones y nosotras unas prostitutas, según la experta Teté Delgado.

En España las mesas de debate televisivas de los magazines desinformativos echan humo, los contertulios y las contertulias se rebanan la sesera tratando de dilucidar por qué pasa lo que pasa en occidente, por qué tanto descorazonador suceso, por qué tanta inhumanidad rampante, que a estas alturas del progreso y la evolución humana no deberían estar presentes en las sociedades democráticas avanzadas. Empero, los estragos demoledores rezuman por doquier, en España y en todo occidente en general, y los tertulianos expertos no se lo explican, y seguirán sin explicarse nada, mientras sus análisis de la realidad se centren en los síntomas del mal que aqueja al hombre moderno, y no profundicen en las profundidades de las causas últimas de esta desoladora debacle espiritual, moral y humana.

En la edición de hoy de “delirios de occidente” leemos una noticia ciertamente alarmante, y es que los expertos, y especialmente las expertas en vivir bien y disfrutar de esta efímera vida antes de que el cáncer o los virus den al traste con todo, aseguran que la juventud española es muy machista, algo a todas luces desconcertantemente desconcertante y alarmante, en vista de que tras más de 40 años de democrático adoctrinamiento en la ideología feminista y de género, el machismo ya debería estar finiquitado. Las expertas no se lo explican.

En concreto, la experta en felicidad Teté Delgado, una actriz de la tercera división española y esporádica contertulia en la TV, asegura que a pesar de los avances, ellas, las mujeres, siguen siendo unas prostitutas, y ellos, los hombres, siguen siendo unos campeones, en lo que concierne a la fornicación.  ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir, que los hombres españoles, en especial los jóvenes, tratan a las mujeres españolas, en especial a las jóvenas, como si fueran una mierda, es decir, machísticamente. Lo que no dice esta especialista mequetrefe es que las mujeres también tratan a los hombres de similar manera, esto es, como un cagañón de dimensiones y textura parecidas, feminísticamente hablando. Y es que cuando en la mente, en la consciencia, no habitan las luces, todo deviene en una fatal oscuridad que no distingue entre sexos, ni identidades sexuales, ni genotipos.

tete-delgado

La actriz comedianta y comentarista Teté Delgado dejó estupefactos a los pocos españoles que aún conservan medio gramo de cordura, al declarar en un show de la SextaTV lo siguiente:

“No podemos fardar de con quién hemos ligado -entre nosotras sí-, pero en la tele no porque quedamos de mujeres de mala vida y ligera de cascos”

¿Qué os lo impide? Teté de los cojones, dinos, ¿qué os impide presumir de folladas en la tele, o en la calle? ¿Acaso no estáis ya empoderaras y liberadas?  ¿Por qué os importa quedar como mujeres de mala vida y ligeritas? Nada. Nada os impide hacerlo, así que si no lo hacéis es precisamente porque os importa mucho quedar como unas guarras.

La pregunta acuciante aquí es, ¿por qué le importa a la mujer occidental de vida disoluta quedar como una puta?

Evidentemente, y es algo que no va a cambiar, los buenos hombres sienten atracción por las buenas mujeres, y las buenas mujeres sienten atracción por los buenos hombres, lo cual excluye a las gentes de vida promiscua y desconscienciada. Eso es algo que no va a cambiar porque está así codificado en la fitrah (la naturaleza que nos es propia). Pretender fardar de puta (o puto) y que la gente normal no lo vea mal, o incluso que lo vea bien, eso es propio de personas que adolecen de una inmadurez profunda y de una insensatez rocosa a prueba de bomba.

¿Por qué te importa el “qué dirán”? Teté Delgado. Sois libres, adelante, coged un megáfono y vociferad a cuantos  os folláis a la semana… ¿a quién cojones le importa eso?… Os importa a vosotras. Y, ¿por qué os importa? Os importa por una razón que reposa soterrada debajo del consciente, esto es, en el inconsciente humano, donde la fitrah está codificada. Os importa porque quedar como guarras limita enormemente vuestra capacidad para encontrar a un buen hombre con quien compartir la vida y ser felices.

El nivel de afectación del “qué dirán” por llevar una vida desordenada ordenada en torno a la fornicación, en los hombres es mucho menos acuciante que en las mujeres, ya que en la incivilización occidental los hombres mujeriegos son muy bien valorados por las mujeres hombreriegas, pues llevarse a la cama a uno de esos “don juanes” supone todo un reto que eleva su autoestima como mujer seductora, empoderada y libre. Por el contrario, los hombres mujeriegos, o no mujeriegos, siempre son atraídos por las mujeres decentes, pues se trata ese de un impulso irresistible que nos convoca a la felicidad y la dicha plena de compartir la vida con una buena mujer no feminista y no hombreriega. De ahí que a las mujeres les joda mucho que se sepa que son unas guarras, pues limita mucho su agenda de hombres futuribles para vivir una relación estable; mientras que a los hombres, en el degenerado occidente, les importa poco, o nada, que se sepa que son unos guarros, pues saben que esa cualidad de “conquistador” engatusa a las mujeres occidentales, tanto a las indecentes como a las moderadamente indecentes.

Esto que estamos exponiendo es lo que se ciñe al estándar de “normalidad” imperante en el decadente occidente, es decir, lo que se ajusta a la anormalidad de llevar una vida sin consciencia de Dios y sin consciencia de la vida post-mortem. Estos anómalos patrones de comportamiento no están presentes en el mundo civilizado, esto es, en el mundo islámico, donde tanto los hombres como las mujeres se esfuerzan por llevar una vida digna y decente, y donde la sexualidad es salvaguardada hasta el vínculo del sagrado matrimonio, en aras de atraer a su contraparte, igualmente digna y decente, con quien compartir felizmente la vida.

(3) Un fornicador no tendrá con quien casarse, salvo con una fornicadora o con una idólatra, y nadie podrá casarse con una fornicadora, salvo un fornicador o un idólatra. Es ilícito para los creyentes involucrarse en tales enredos.

Corán (24:3)

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