Diario del hundimiento (3)

Sevilla, 15-mar-2020. Año 0, día 3 tras la declaración formal de hecatombe sanitaria.

INFORME:

La situación se puede tornar catastrófica de aquí a varias semanas si es que, como todo hace indicar, se declara un estado de alarma indefinido, con el consiguiente indifinimiento del confinamiento obligatorio de las personas en sus casas. El acojonamiento del ganado humano va en aumento, a medida que los medios de información del sistema siguen alarmando incesantemente, y se van reportando más y más infectados y muertes. El miedo y el estrés psicológico, como es bien sabido, debilita el sistema inmunológico y propicia la somatización de enfermedades, por lo que al menor síntoma de resfriado la gente acude a los hospitales en masa, donde ya solo se atienden a los casos graves de personas en situación de riesgo por su avanzada edad o por tener otras patologías crónicas asociadas; al resto se les manda a recluirse en casa, con la indicación de tomar paracetamol para aliviar los síntomas, reales o imaginarios.

Ayer decidimos variar el itinerario de nuestra inspección de las calles para palpar el ambiente general que se respira, optando por rutas más inhóspitas y retiradas de las vías centrales, ya que la policía está muy asustada por tener la obligación de estar en la calle expuestos a la amenaza fantasma, y están reprimiendo con multas y un trato malaléchico a los pocos viandantes que no tienen miedo y no se creen todo esta estafa pergeñada por el deep state (estado profundo) para derribar el actual sistema económico mundial basado en la emisión infinita de dinero-deuda, con el consiguiente reventón de las burbujas de los divertidos placeres mundanos, pues pronto los bancos y los cajeros dejarán de suministrar papeles, o sea, billetes. Unos billetes que más allá de para poder limpiarse el culo con ellos, no servirán para nada.

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Esta crisis es una oportunidad para el despertar de las aletargadas consciencias. Quizás la última oportunidad ya.

Está muriendo gente, ¿cuál es el problema? La muerte forma parte de la vida, y todos habremos de  morir para encarar la vida verdadera que se abra a la consciencia tras la caída del velo de este mundo contingente y efímero. El auténtico problema es no saber por qué se vive y por qué se muere. El auténtico drama humano es no saber por qué el hombre fue creado en esta forma magnífica. La tragedia de verdad es no saber por qué se le concedió al hombre la consciencia, a modo de espejo, para que reflejara las luces imperecederas -no nacidas y no muertas- del Uno-Único, del Hacedor Eterno. Solo al ser humano se le concedió esa capacidad y esa responsabilidad, la de buscar a su Creador y remontar el vuelo desde lo creado hasta Su luces. Una capacidad y responsabilidad que las montañas, los cielos y las tierras rechazaron por temor a no ser capaces de cumplimentarla -pero el ser humano aceptó.

Ahora la gente está encerrada en sus casas, conteniendo la respiración, y todos tienen miedo. Un miedo atroz que irá increchendo hasta devenir en pánico y en histeria colectiva.

Ahora todos están en casa y aguardan, aguardan indicaciones, alguna directriz nueva o alguna consigna de última hora acerca de qué hacer y qué no hacer. Ahora todos aguardan expectantes alguna señal de que se ha derrotado al virus y pronto podrán volver a su anterior vida de trabajo duro y placenteros disfrutes que justifiquen todo el esfuerzo que hacemos por mantenernos vivos a toda costa. ¡Son tantas las emociones fascinantes y excitantes que este mundo le tiene reservado a los que se esfuerzan con denuedo y trabajan duro en pos del éxito y la consecución de sus metas personales! ¿Podremos volver a viajar a conocer esas maravillosas culturas hetero-patriarcales? ¿Podremos volver a la toscana italiana para bañarnos en sus cálidas luces? ¿Podremos volver de nuevo a follar con alguien que no sea nuestra aburrida esposa o esposo? ¿Volverán los guateques? ¿Volverá el divertido aquelarre del día del orgullo gay? ¿Volverán las charlas-coloquios de empoderamiento feminista y perspectiva de género? ¿Volverá el desahogo del fútbol? ¿Volverán esas oscuras golondrinas a picotear en nuestras ventanas otra vez?

Ahora todo eso se ha ido y nos hemos quedado solos, con nuestra esposa fea, gorda y quejica, con nuestros hijos maleducados, con nuestra cretina suegra, con nuestros vecinos infectados de virus. Ahora no nos queda más remedio que volver a ver todas esas películas una y otra vez, las películas del tedio y del aburrimiento; estamos desbordados por la situación y la imposibilidad de tapar con distracciones esa oscuridad del vacío existencial de la nada que se cierne sobre nosotros. ¿Qué va a pasar? Ese vacío, esa nada, ese tedio, ¿a cuántos va a devorar? ¿Cuántos recurrirán al alivio del suicidio?

Pronto estaremos todos muertos, muy pronto. Y los que no mueran verán con envidia a los finados que reposan en las tumbas, o en cualquier esquina.

Merece la pena aprovechar el tiempo que nos queda en arrodillarnos, llevar la frente al suelo y suplicar; suplicar desde lo más profundo del corazón abatido para que Allah nos llene de paz, de sosiego y de luces. Si quedamos llenos y plenos de Él, entonces ya no tendremos necesidad de nada más; el miedo quedaría extinguido, y con él quedarían extinguidos los virus y los desquiciantes y obnubilantes apegos de los divertidos apetitos de este mortecino mundo.

Fin del informe.

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