Diario del hundimiento (5)

Sevilla, 17-mar-2020. Año 0, día 5 tras la declaración formal de hecatombe sanitaria.

INFORME:

2020 prometía ser un año muy ilusionante, nos habíamos propuesto dar un giro a nuestras vidas y deshabituarnos de unos vicios para sustituirlos por otros, mucho más emocionantes y excitantes, que dejarían ya atrás por fin nuestras aburridas vidas. Planes, al ganado humano (goyim) le gusta hacer todo tipo de planes para iniciar un nuevo año, que espera que mejore a los años anteriores; a la gente le gusta tener la sensación de que vivir, realmente, merece la pena.

Nos proponemos dejar de fumar y apuntarnos a un gym, nos proponemos correr un maratón, nos proponemos desenquistar las tóxicas relaciones que tenemos con nuestra familia, nos proponemos algún objetivo solidario que nos haga recobrar la esperanza en la humanidad, y de paso poder viajar a conocer culturas hetero-patriarcales fascinantes… nos proponemos tantas cosas, nos fijamos tantas metas ilusionantes. Nos proponemos crecer como personas, nos proponemos terminar los estudios universitarios, nos proponemos jugar a experimentar a ver si con otra identidad sexual fluimos mejor con la vida… Nos proponemos tantas cosas… Nos gustaría sentirnos vivos, realmente vivos, y buscamos, buscamos y planeamos cómo extraerle todo el meollo a la vida para experimentar la verdadera felicidad alguna vez, antes de que la parca llegue con su demoledor mazo y escupa a alguna oscura fosa nuestro pestilente cadáver.

Ahora todo eso se ha esfumado, ahora todos esos giros que pretendíamos dar a nuestras vidas para huir del tedio de vivir sin más sentido que comer, follar y dormir… ahora todas esas expectativas están en stand-by, o bien directamente se han ido por el desagüe del vacío existencial que se nos ha venido encima, pues intuimos que ya las cosas no van a volver a ser como antes, cuando siempre teníamos la posibilidad de recurrir a los disfrutes mundanos, a los placeres efímeros, a las drogas, a las fiestas, al fútbol y a las putas para tratar de olvidar el sinsentido de no saber para qué vivimos y para qué morimos.

Pero ahora no podemos hacer eso, no podemos escapar de la insoportable levedad del ser, no podemos escapar de ese desconcertante vacío existencial que ya no podemos enmascarar con nada, pues ahora todos somos sospechosos de estar infectados del virus y tenemos que quedarnos confinados en casa para evitar los contagios. Ahora el ejército y la policía patrullan las calles para vigilar que se cumpla el toque de queda, y comprobar que todo el mundo se ha creído la amenaza fantasma del coronavirus.

Sólo los hombres de Dios sabrán afrontar esta dramática situación, sólo aquellos que saben que este mundo no es más que un velo tendido frente a las luminarias eternas que los egos constriñen sabrán como bucear en esas tediosas aguas del vacío existencial, pues sólo ellos saben que el vacío, es decir, la ausencia de entidad individual (ego), es el espacio infinito del desenvolvimiento de la consciencia, la cual brilla siempre esplendorosamente radiante, más allá de causas, de condiciones y de virus. Todos los demás, esto es, todo el mundo -ya que hombres de Dios hay muy pocos- están abocados a la autodestrucción de su psique por haberse creído el cuento de que Dios no existe y que venimos del mono por azar, con su corolario inevitable de que a este mundo venimos a tratar de disfrutar lo que se pueda, y nada más. En muchos casos el suicidio será el alivio.

¿Por qué hemos llegado a esta situación?

Cuando el hombre se olvida de Dios, Dios se olvida del hombre. El hombre se ha olvidado de que fue creado con una consciencia a modo de espejo para que reflejara las luces eternas a través del cultivo de las nobles virtudes desenraizadoras de egos: amor, generosidad, belleza, nobleza, sinceridad, humildad, pudor, etc, y en consecuencia la impostura egocéntrica es lo que predomina en el mundo, en detrimento de los resplandores magníficos de las luminarias imperecederas que en los corazones moran.

El hombre se ha olvidado de Dios, por lo que este mundo, desplegado para que el ser humano lo habitara, lo cuidara y lo enseñoreara, ya no tiene objeto alguno y va a ser plegado como se pliegan los pergaminos. El Creador desplegó la creación para que el hombre, a través de su consciencia, remontara el vuelo desde lo creado hasta las luces que todo lo alumbra; ese es el objeto de este mundo, luego como ya nadie responde a ese requerimiento, este mundo va a desaparecer y todo quedará reintegrado en Allah -la fuente primigenia.

Los virus -fabricados en laboratorios o no-, las guerras, las hambrunas, los colapsos económicos, etc, todo eso son síntomas, síntomas de la enfermedad terminal del hombre moderno. Sin una quibla existencial, sin un Sagrado Corán que le lleve de las sombras de esta contingente existencia hacia las luces eternas, al ganado humano solo le espera encarar su fatal destino y experimentar la agonía de haber vivido para nada, la agonía de saber que ha desperdiciado su vida persiguiendo sombras, en detrimento de las luces que tras la muerte se alzarán magníficas para aquellos que mueran en la paz y el sosiego de la certeza en Allah, y en el cumplimiento de Su promesa.

(27) No hemos creado el Cielo y la Tierra ni lo que entre ambos hay en vano. Eso es lo que piensan los encubridores. ¡Ay de los encubridores por el fuego que se han ganado! (28) ¿Acaso vamos a poner a los que creen y actúan con rectitud en el mismo lugar que a los corruptores? ¿O vamos a tratar a los temerosos (conscientes de Dios) de la misma forma que a los depravados?

Corán, Sura 38.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s