El camino de la virtud.

Quien hace el bien, hijo mío, nunca transita el camino de la muerte.

-Krisna (Bagavad Guita)

Comentario:

Los maestros de la tradición primigenia, siendo el Islam su update final, enseñan que el bien es el camino hacia la vida verdadera en las luces eternas omni-alumbradoras, pues el bien posibilita el desanclaje de los resortes del ego, el cual es definido como la errónea creencia en una entidad autónoma y separada, a la que etiquetamos como “yo”. Es en base a esa errónea imputación sobre el lecho de la manifestación pura y radiante del Uno-Único, como surge la ilusión de que haya alguien que nace, que se desenvuelve, que sufre, que goza y que muere. Hay percepción sin perceptor, pues el perceptor ya está extinto en la luz que lo alumbra. Los que no saben esto deambulan en el océano de la ignorancia de su sagrado sí mismo luminoso y eterno, no nacido y no muerto; una ignorancia que los lleva a la autoafirmación febril constante por medio del deseo, para de esta forma quedar velados con respecto a la percepción pura que percibe que el deseo (y cualquier emoción) no es más que la claridad auto-irradiara en el espejo de la consciencia.

El bien desarticula la impostura egocéntrica, y por ello todos los sabios lo practican, con vistas a transitar el camino de vuelta desde lo creado hasta la luz que todo lo alumbra, esto es: el Creador.

Por el contrario, los ignorante se limitan a autoafirmarse por medio de los placeres efímeros, perpetuándose así en la errónea idea de un ”yo” separado, y quedando así expuestos al dolor, al sufrimiento y a la muerte de la ruptura de esa identificación egocéntrica, una vez que el soporte del ilusorio cuerpo se quiebra. Y también padecen innumerables padecimientos, mentales y físicos, a modo de efectos de su proceder desviado en la vida, movidos por la creencia falaz de que ellos son los personajes que aparentan y que experimentan.

Así pues, si quieren vivir eternamente en las luces sempiternas, exuberantemente radiantes, hermosas y bellas, practiquen el bien, el amor, la generosidad, y todo aquello que debilita el impostor “ego”, el cual no es más que un velo interpuesto frente a las llamas de las luminarias sublimes e incombustibles. De esta forma se volverán inmunes al sufrimiento del nacimiento, del crecimiento, de la enfermedad, de la decrepitud y de la muerte.

virtud

NO HAY TIEMPO QUE PERDER, ENCIENDAN LA LAMPARA DE LA CONSCIENCIA.

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