La autodestrucción inevitable.

Se acabó la fiesta de los disfrutes mundanos desprejuiciados, ahora todo se tambalea y las expectativas del ganado humano de volver a los divertidos aquelarres del becerro de oro no dejan de menguar, a medida que no se ven visos de que todo vuelva a la normal anormalidad de vivir para comer, para dormir, para follar y para viajar. ¡Vivir desconscienciadamente era tan divertido! Trabajábamos duro para poder explayarnos el fin de semana en fiestas, plenos del éxtasis inducido por las drogas y por las putas. Las compras compulsivas de ropa y de accesorios tecnológicos, el fútbol, las apuestas deportivas, las risas con los amigos, las botellonas, las orgías sexuales, la experimentación con nuevas identificaciones sexuales avaladas con el certificado de veracidad de la ONU… todo eso se ha esfumado, y el ganado humano ahora posee muy pocos recursos para enmascarar su miserable existencia de hombre-simio. El desasosiego del vacío existencial desvelado, que el confinamiento le ha traído al primer plano de su trama existencial, le martillea incesantemente la cabeza. La nada, y la muerte del espíritu en la que antes medraba el ganado humano, ahora se muestra en toda su visceral crudeza, revelándose el suicidio como el único alivio posible.

 ¿A qué oscuro desagüe han ido a parar ahora todas esas emociones emocionantes, todo ese jolgorio? ¿Vivir como una animal, que come, duerme, folla y muere, le reporta algún beneficio en esta hora de extrema dificultad que la agenda vírica ha implementado? ¿Vivir sin consciencia de Dios, sin consciencia de la realidad eterna, luminosa y radiantemente hermosa y bella que subyace al velo de lo creado –y que es lo que somos en nuestra sagrada intimidad-, vivir así, enfocado en la frágil y evanescente materialidad física, le puede reportar ahora algún beneficio?

La única esperanza del hombre-simio, de los ateos, es que esta pesadilla pase cuanto antes, que el gobierno derrote al virus fantasma y que se reanude la fiesta-aquelarre del becerro de oro. Pero nada volverá a ser como antes, pues estamos ante la demolición del sistema económico mundial basado en la emisión infinita de dinero/deuda, con el consiguiente reventón de todas sus burbujas del bienestar asociadas. La gran purga del ganado humano ha comenzado, y el deep state (estado profundo) no va a parar hasta dejar un mundo perfectamente ajustado a la medida que ellos consideran ideal. 500 millones de criaturas es cuanto necesitan, el resto será sacrificado en hambrunas, en revueltas sangrientas por comida, por las vacunas asesinas y finalmente por la gran guerra nuclear entre oriente y occidente. Los sobrevivientes de esta agenda satánica envidiarán a los muertos en sus tumbas, pues una brutal tiranía al estilo de orwel-1984 es lo que luego viene.

El hombre moderno, ateo y hedonista, es ganado, y como tal está siendo llevado al matadero. Los amos del mundo han decidido que sobra gente, mucha gente, por lo que la purga se llevará por delante, igualitariamente, a todos –ateos, derechistas, izquierdosos, feministas, podemitas, machistas, feministas, hedonistas, maricones, transexuales, etc. Ahora todos serán barridos por el imparable avance del influjo del maligno, el cual tiene planes, planes funestos; una limpieza propiciada por la carencia de luces que medró al abrigo del malsano ambiente cultural que, desde hace décadas, los mass-mierda, la TV, el cine y los expertos en vivir bien inocularon en las gentes.

Las sociedades precoronavíricas eran unas sociedades descompuestas y corrompidas en grado sumo, donde lo único que primaba era el placer individual por medio de la explayación placentera mundanal y los logros materiales. Nadie buscaba ya la sabiduría de los ancestros, nadie se guiaba conforme a las nobles virtudes desenraizadoras de egos; las mujeres precoronavíricas desconocían el valor del pudor y el significado profundo de su feminidad sagrada, y los hombres se embrutecieron -o bien se homosexualizaron-,  de modo que ahora el ganado se halla indefenso para defenderse de lo que se le viene encima, que no es otra cosa que su sacrificio en el altar consagrado de la bestia de los siglos, que ahora, demoledoramente, da la cara.

zom

Pronto empezarán los saqueos, el fuego, el llanto, la sangre, el canibalismo y la muerte. Hollywood lo sabía.

¿Acaso pensaba el ser humano que este mundo fue desplegado para el ocio y el esparcimiento? El ser humano es, sin duda, propenso a la cerrazón y al desvarío. Este mundo es el espejo de las luces magníficas, sempiternas e indeclinables, que sobre las consciencias depositadas en su incontaminado lecho se reflejan. Cuando este mundo deje de cumplir la función para la cual fue creado, es decir, cuando Él no se vea más reflejado en su criatura, entonces la Tierra será aventada en un solo soplido de trompeta, quedando disuelta y reabsorbida en la fuente primigenia de la que dimana.

La degradación espiritual del hombre es lo que ha propiciado el empuje coronavírico final de la bestia, pues las ensombrecidas consciencias de los hombres están ennegrecidas por sus apetencias mundanas, y ya no reflejan la eternidad pergeñadora de lo contingente y perecedero, que es su razón de ser y su soporte existencial último. Tras los últimos coletazos del maligno y la persecución final de los hombres de Dios, el velo será retirado y el Juez Supremo dictará Su sentencia, plena de bendiciones para unos, y estremecedoramente sobrecogedora y demoledora para otros.

A todos se llevará por delante la satánica agenda vírica, a todos, excepto a los hombres de Dios, frente a los cuales el maligno se muestra impotente, pues se consagraron y viven sus vidas al amparo del resplandeciente fulgor eterno del Uno-Único, que en los corazones mora, más allá de este plano de la materialidad física.

(13) Cuando se sople en el cuerno una vez, (14) y la Tierra y las montañas sean aventadas y demolidas de un solo golpe, (15) ese Día se habrá establecido la Hora. (16) Se hendirá el Cielo y no podrá ese Día sostenerse. (17) Los malaikah estarán por todo él, y ocho de ellos llevarán ese Día el Arsh de tu Señor. (18) Ese Día quedaréis expuestos sin que podáis ocultar nada de vosotros.

Corán, Sura 69

Comentarios

3 comments on “La autodestrucción inevitable.”
    1. Muchas gracias por el video. Son tiempos dificiles, los coletazos finales de la bestia. Un saludo.

      Me gusta

      1. Así es… un saludo,

        Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s