El decrecimiento personal – El único tratamiento eficaz para derrotar al virus fantasma.

Los expertos en felicidad mundana y en fluir armoniosamente con la vida, acordemente a los tiempos modernos y al progreso humanitarista, igualitarista y LGT-BISTA, se han quedado estupefactos por la pandemia de miedo que ha traído consigo ese traicionero bicho de laboratorio “made in” estado profundo (deep state) –Covid19. Andan esos niñatos influencers -especialistas en vivir bien y en aprovechar el fascinante potencial de la vida, antes de que a la vida se la trague la parca-, andan esos expertos desconcertados, en medio de la zozobra humana del claustrofóbico confinamiento, y ya no carburan adecuadamente sus traumatizadas mentes.

Y es que, queridos amigos, a estas alturas de la implementación de la satánica agenda vírica por parte de los amos del mundo, todavía hay insensatos coach’s emocionales empeñados en decirle a la gente lo que tienen que hacer con sus vidas, con vistas a fluir empoderadamente y felizmente, y con vistas a la plena realización de todos sus sueños y metas mundanales. ¿Qué cojones les pasa a estos expertos de pacotilla?

La excitante vida de placeres desprejuiciados, de viajes turísticos, de orgías sexuales, de citas a ciegas, de relaciones amatorias abiertas y divertidas, de amigos, de folla-amigos, de los másteres de piano, de los másteres en mindfullness (mente plena), de los postgrados en inteligencia emocional asertiva y positivista… la fascinante vida de las discotecas, de los días del orgullo gay y feminista, de las putas, las juergas, las drogas, el futbol, el rock, el reguetón en los parques, etc.. todo eso se ha desvanecido… para siempre.

Cuando Ájira (la Otra Vida) desaparece de la consciencia del ser humano, éste se enfoca en la construcción de un paraíso aquí en la Tierra, un paraíso existencial en el que refugiarnos, como en una burbuja, de las acometidas del infortunio y del sufrimiento que van siempre indisociados a esta contingente vida. El paraíso, esto es, la felicidad pura y genuina, sólo reside en la trascendencia, a saber: en la toma de consciencia de la realidad subyacente al velo de lo creado, la cual, una vez desvelada, refulge siempre esplendorosamente radiante más allá de condicionantes, causas y avatares. En lo que realmente somos, en nuestra realidad eterna e interna, luminosa e indeclinable, así como deslumbrante y radiantemente hermosa y bella, es donde reside el paraíso de nuestro verdadero ser, y no en esta efímera e ilusoria existencia.

La burbuja del bienestar y de los logros personales ha reventado, pues el deep state tiene planes, funestos planes. Empero, los influencer siguen empeñados en aconsejar a la gente cómo enfocar positivistamente sus vidas, para que cuando el gobierno derrote al bicho todo sea maravilloso, y podamos disfrutar, como nos merecemos, de la vida.

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Tras la gran purga se dará inicio a la era transhumanista. Todos los impulsos vitales serán descargados directamente desde la nube. El sexo no será carnal, sino virtual, y los logros y metas mundanas serán proyectadas en la interfaz de la visión a modo de película. El trabajo será 100% robotizado, y las relaciones humanas, inexistentes. Los bebés serán producidos en laboratorios.

El caso es que el hombre moderno, ateo y hedonista, no se merece nada mejor que una mierda bien condimentada y excelentemente servida. ¿Por qué?

RESPUESTA:

Porque cuando el ser humano se olvida de su Creador, el Creador se olvida de su criatura, y ésta queda desprotegida ante las acometidas descendentes y ofuscadoras del maligno –la bestia de los siglos.

Para llegar a esta situación, al borde del precipicio de la autodestrucción final, fue necesario deshumanizar al ser humano paulatinamente, casi inadvertidamente, a lo largo del último medio siglo, más o menos, mediante el adoctrinamiento en lo que se viene en llamar el marxismo cultural: ateísmo, homosexualismo, feminismo, relativismo moral, hedonismo, transgenerismo LGTB e igualitarismo. De esta forma se construyeron las desquiciadas sociedades precoronavíricas, las cuales quedaron deshechas y deshabilitadas para luchar y resistirse al impulso definitivo de la bestia de las eras.

Una vez que el hombre queda deshumanizado, es decir, cuando ya solo busca satisfacer sus impulsos primarios egocéntricos por el placer y los logros mundanos, y en consecuencia ya no busca la trascendencia a través de las sempiternas luces del Creador que en el corazón mora, entonces el hombre queda expuesto al mal del susurrador de engaños y de señuelos, con vistas a degradarlo y que su consciencia ya no alumbre la verdad de lo que en su fuero más intimo es, que no es otra cosa que luz eterna.

De esta forma, con la culminación de la deshumanización, la trama existencial llega a su fin, al igual que la trama de una película que se esfuma, cuando se cierra el telón y se encienden las luces. Con esta agenda vírica, las tuercas deshumanizadoras se han apretado muchísimo, pues la empatía entre los hombres ha sido erradicada –ahora todos somos unos infectados peligrosos, lo cual quiere decir que el telón de esta vida está a punto de caerse y de abrirse las luces del Creador, a las cuales sólo se unirán aquellos que las cultivaron y no fueron desatentos de las advertencias y enseñanzas de los profetas, siendo Muhammad Rasulul-lah su sello y su colofón definitivo.

No escuchen a los expertos en felicidad mundana, no les hagan caso, son unos completos ignorantes y no saben ni donde están de pie parados. Hablan de crecimiento personal para ser felices y fluir, cuando la realidad es que la “persona”, la “personalidad”, no es más que un personaje, es decir, una impostura proyectada sobre el espejo de la consciencia. Los que creen eso, se creen su propio personaje, y jamás penetrarán en el foco emisor de la luz que alumbra la trama de la existencia. También hablan esos endiosados y alquimistas del buen vivir de “crecimiento espiritual”, cuando en realidad el espíritu no está sujeto ni al crecimiento ni al decrecimiento, pues es nuestra realidad innata y sempiterna, infinita y luminosa, que nos sustenta y que nos vertebra de instante a instante. Decrezcan sus personas, maten a su personaje, y sean felices.

Escuchen a su corazón, que en esta hora de extrema necesidad les convoca a la plenitud del gozo de sus sublimes y magníficas luces.

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