Una excelente oportunidad para educar a nuestros hijos en valores.

Ahora que los colegios y universidades están cerrados por temor al virus fantasma, estamos ante una oportunidad magnífica para hacer tabla rasa en lo que respecta a la educación de nuestros hijos, una vez liberados del adoctrinamiento en la educación democráticamente reglada en el marxismo cultural: ateísmo, hedonismo, relativismo moral, hedonismo, ideología de género, feminismo, transexualismo e igualitarismo.

Ya es hora de empezar a educar conforme Dios manda a los niños, algo que está fuera del alcance de la generalidad de los padres que medraron en las sociedades precoronavíricas, pues tanto los progenitores como sus hijos compartían el mismo estado de enajenación mental propiciado por el olvido y el alejamiento de la fitrah –la naturaleza original que hizo de molde para la creación del ser humano.

Sólo los padres creyentes en Dios y en Ájirah (la Otra Vida) están en condiciones de reencauzar a sus hijos y aprovechar el arresto domiciliario para salvaguardarlos de la deriva satánica a la que los ateos están condenados en esta fase final de la instauración del nuevo ordenamiento mundial demoniaco. La gran purga del ganado humano es inminente, y por eso no hay tiempo que perder. Es urgente inocular en los niños y los adolescentes el sentido de la trascendencia, para hacerles ver que esta efímera vida no es más que un tránsito hacia la verdadera vida, que una vez desplegada nos servirá de deleitoso solaz, si es que se cultivó la perennidad de las luces del corazón; o bien será la morada de la iniquidad tormentosa, si es que lo que se cultivó en vida fueron los desenfocadores, ensombrecedores y enajenantes apetitos egocentristas.

Para ello, para transmitirles la paz de espíritu y la certeza a nuestros hijos conforme marca la educación en los valores islámicos, lo primero que hay que hacer es apagar la TV. De nada sirve que los colegios y universidades estén cerrados si luego ven la TV, y se siguen empapando ahí del paradigma antihumano que pergeñó la ruina y la descomposición total de las sociedades modernas, ateas y hedonistas precoronavíricas.

Hay que enseñarles a nuestros hijos que el ateísmo no es más que una superstición sin base ni fundamento alguno. De la nada no surge nada, y del caos no surge más que caos. Sin Inteligencia Creadora (Allah), no hay manifestación coherente ni equilibrio; por lo que sin Dios, sin Creador, este hermoso y perfectamente sincronizado mundo no habría sido visto. Se trata de un razonamiento sencillo que los niños pueden comprender muy bien.

Digámosles también que no existe creación sin objetivo, es decir, que todo cuanto se asoma a la trama existencial lleva indisociada una funcionalidad que le da sentido, sin la cual lo creado se desintegra y desaparece en la fuente primigenia de la que dimana –el foco emisor omnipenetrante y omnialumbrador que todo lo sostiene y que todo lo vertebra.

El ser humano fue depositado en la Tierra para convertirse en el fiel reflejo de su Creador, tras buscarlo, anhelarlo y amarlo íntimamente. La consumación de este amor es la realización de la Unidad Absoluta, frente a la cual todas las demás existencias son irreales, como meros espejismos.

El ser humano no descendió a la planicie terráquea para disfrutar y pasárselo bien, sino para descubrir su sagrada e innata realidad eterna y luminosa. Lo hemos olvido, hemos olvidado de dónde venimos, y ahora Él recogerá Su mundo y todo quedará extinto, reabsorbido y reasumido en Su incólume regazo. Ahora, sólo Él permanecerá.

Con estas sencillas consignas que acabamos de dar, los padres creyentes deben encauzar a sus hijos para afrontar adecuadamente el hundimiento del actual sistema.

(1) ¿Acaso no te hemos expandido el pecho? (2) ¿Y te hemos librado de la carga (3) que tanto pesaba sobre tu espalda, (4) y hemos puesto en alto tu recuerdo? (5) En verdad que junto a la dificultad está la facilitad. (6) Sí, junto a la dificultad está la facilidad. (7) Así pues, cuando hayas cumplido con las obligaciones propias de esta vida, dedícate exclusivamente a lo que es de Ajirah, (8) y a tu Señor anhela.

Corán, Sura 94.

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¿Acaso no te hemos expandido el pecho?

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