Un canto a la toma de consciencia acerca de la realidad de la muerte y de la vida.

60 cantos de Milarepa (n.29)

-Adaptado al español por despojosdeoccidente-

Dijo Shindormo: “Estoy decidida a practicar más las enseñanzas sagradas. Por favor, háblame ahora acerca del sufrimiento asociado a la muerte.” En respuesta Milarepa cantó esto:

Escucha, mi infeliz benefactora.
Al igual que uno tiene que afrontar el sufrimiento
Por tener que pagar las atrasadas deudas,
Así el sufrimiento de la muerte llega inexorable
Cuando sus guardianes nos apresan.

Cuando llega la hora de morir,
El rico no puede comprar más vida,
Y el héroe no puede derrotar a la muerte
Con la espada.
Tampoco las astutas mujeres pueden esquivarla
Con sus triquiñuelas.
Y el erudito no puede posponerla
Con su elocuencia.
Los desdichados no pueden apelar por más vida,
Y estéril resulta el valor de los hombres valientes.

Cuando las aspiraciones y anhelos
Giran en torno al cuerpo,
Uno queda aplastado como si estuviera aprisionado
Por dos montañas, y la consciencia se oscurece.
Cuando los rituales de los chamanes
Dejan de ser útiles, los médicos pierden toda esperanza.
Es imposible comunicarse con el moribundo,
Los amuletos y santones protectores se desvanecen
En la nada.
Aunque la respiración aún sigue fluyendo,
Se puede oler el rancio olor de la carne podrida.
Al igual que un trozo de carbón entre cenizas frías,
El moribundo se acerca al borde de la muerte.

Cuando llega la muerte, algunos todavía
Piensan en fechas y acontecimientos festivos.
Otros lloran, gritan y gimen.
Algunos siguen pensando en bienes mundanos,
Y algunos otros se dan cuenta de que su riqueza
Será disfrutada por otros.

Sin importar cuán profundo es nuestro amor
Hacia otros, habremos de partir solos.
Si tenemos una amiga, habremos de dejarla atrás.
El amado cuerpo de retorcerá sobre sí mismo,
Hasta devenir en un grotesco bulto.
Luego será arrojado al agua, o quemado al fuego
O simplemente arrojado a una desierta planicie.

Queridos benefactores, al final, ¿qué tenemos?
¿Es sensato permanecer ociosamente divertido
Mientras se acerca la hora?
Cuando tu aliento se detenga
Ninguna riqueza o bien podrá asistirte.
¿Por qué entonces empeñarse en vivir sin consciencia?
Los amables parientes rodean la cama del moribundo,
Pero nada pueden hacer por él.
Sabiendo que todo ha de ser dejado atrás,
Uno realiza que los apegos mundanos son fútiles
E intrascendentes.
Cuando llega la muerte,
Sólo las enseñanzas sagradas nos pueden ayudar.
Querida amiga, deberías esforzarte
En la búsqueda de la sabiduría
Y prepararte para morir lucidamente.
Así, cuando llegue la hora de partir,
Desconocerás lo que es el miedo
Y la mala conciencia.

COMENTARIO:

La muerte es una bendición para todo el mundo, excepto para los obnubilados con los logros y apetitos mundanos, es decir, que la muerte es una maldición para todo el mundo, pues hoy en día ya nadie aspira al conocimiento sagrado desenraizador de la impostura egocéntrica.

Queridos amigos, la consciencia es el espejo de la sempiterna luz que todo lo alumbra, que todo lo abarca y que todo lo sustenta. Ese espejo queda empañado por las inercias afianzadoras de la ilusión en la idea de “yo”, velándonos así con respecto a los resplandores magníficos de los fulgores en la visión del Uno-Único.

No pierdan el tiempo en vano. Tras la caída del velo de la apariencia, que el común de la gente denomina como “muerte”, confluyen las dos aguas: las aguas del océano sin orillas de la presencia única, y las aguas estancadas por la errónea creencia en una individualidad separada. Si estas aguas devinieron apacibles y serenas en vida, en serenidad y paz armoniosa confluirán en las cristalinas aguas de la Gran Luz Omnialumbradora; mientras que si las aguas fluyeron temerosas y  tempestuosamente en vida, tempestuosa y tormentosamente confluirán al otro lado de la cortina de esta efímera, ilusoria  y engañosa existencia.

Ni siquiera ahora, en la cárcel de sus casas, aprovecha el hombre moderno para buscar el conocimiento de la verdad eterna  y luminosamente radiante y bella que tras el velo de la apariencia se oculta, sino que se dedica a contar los días para que todo vuelva a la anormalidad de vivir como antes, es decir, de vivir para follar, comer, trabajar y dormir. Volver a la misma vida sin consciencia de antes, en la que todo orbita en torno a los logros y placeres mundanos, es la única aspiración de los rumiantes de miserias desde la cárcel de sus casas. Una vida miserable, la de antes, que poco a poco va supurando los detritus de la falta de luces, por el olvido y alejamiento de la fitrah –la naturaleza que nos es propia-, hasta que devenimos en zombis, en un despojo olvidado por todos en alguna destartalada residencia-escombrera de desechos humanos.

La vida animalesca en las sociedades precoronavíricas era un puro sinsentido, en la que todo era una pura obsesión por enmascarar, mediantes efímeros  y excitantes placeres, el vacío existencial de no saber para qué se vive y para qué se muerte. En muchos casos, el único alivio para el hombre de aquella edad previa a la hecatombe vírica-2020 era el suicidio, cuando las drogas, el fútbol, las fiestas, los viajes y el sexo dejaban de surtir su anestesiante efecto.

Mientras tanto, mientras todo se derrumba, los imbéciles siguen aplaudiendo a sus verdugos. A ver si cuando el hambre apriete tienen ganas de seguir saliendo al balcón para hacer palmas.

Tal y como vivimos, morimos; y tal y como morimos, renacemos a la Otra Vida (Ájirah). Cultiven las luces, y sean felices.

vida muerte

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