Volveremos a abrazarnos, pero no aquí.

Es cierto que volveremos a abrazarnos, pero no aquí, sino en los dominios puros de las tierras incontaminadas, que majestuosas se alzan al otro lado del velo de esta contingente vida. ¿No se lo creen?

El hombre moderno, ateo y hedonista, sólo cree en la ilusión proyectada de lo que ve y lo que toca, ofuscando así el foco de su consciencia para poder acceder a otras realidades, otros dominios inmaculados y puros de la ininterrumpida trama de la existencia. Empero, cuando los ateos duermen y sueñan, sí que creen en esas imágenes y mundos que se asoman a la consciencia onírica; hasta que con el despertar recobran la lucidez propia de esta apariencia mundana, y rechazan la trama del sueño como siendo irreal, ilusoria. De igual manera, ahora, dormimos, en este plano existencial en el que nos perpetuamos a bordo de nuestra auto-identidad fabricada (nuestro personaje), tan irreal y ficticio como ficticios e irreales son los personajes de esos sueños que de noche soñamos.

La trama existencial no es más que una sucesión ininterrumpida de despertares…

La trama existencial no es más que una sucesión ininterrumpida de despertares, es decir, de muertes. Y tras cada despertar –tras cada muerte– nuevos horizontes se abren y son volcados nuevos mundos,  nuevos dominios, nuevos paisajes, a modo de proyección sobre la pantalla-espejo del foco alumbrador de la consciencia. Cada etapa de la trama existencial es una preparación para la próxima proyección, la próxima película que se abra a la consciencia. Y cada ámbito/trama de la realidad tiene sus propias normas, derivadas del manual de instrucciones operacionales que lo sustenta.

Actualmente estamos en el mundo de las luces coaguladas en las formas aparentes, sobre la base de una supuesta materialidad física. Un reino (ámbito o dominio) dominado (caracterizado) por la contingencia, la precariedad, el deterioro y la extinción final. En este reino de la materia, las luces eternas están confinadas, es decir, constreñidas por la errónea imputación de una realidad autónoma e independiente que el ojo le otorga a las formas, las cuales, debido a la ignorancia, no lucen por lo que son –LUZ-, sino que lucen por su apariencia externa.

Las razón de que este mundo, finito y con fecha de caducidad, fuera desplegado es para que sirviera de prueba; un aprueba que mediante la templanza y el equilibrio del libre albedrío ajustado conforme a la virtud desenraizadora del impostado ego, nos capacita para proyectarnos sobre la cima de la visión verdadera, allí donde Ella -Layla engalanada de luces- refulge esplendorosa e incondicionada, eterna y gloriosamente sublime.

Tras el despertar del fatídico sueño de esta vida, que el común de los confinados en sus casas (por miedo a morir de gripe) denomina “muerte”, un nuevo alumbramiento ocurre, en el cual cada cual se une a su igual, ya sea en las luces o en las tenebrosas sombras. Tal y como vivimos, morimos; y tal y como morimos, volvemos a la vida.

Estamos viviendo el fin de los tiempos en el plano existencial de la Torta Terráquea, lo cual quiere decir que cuando quede consumado el proceso deshumanizador del ser humano, de aquí a 10 años aproximadamente, este plano será plegado y sus cielos enrollados, pues no tendría ya ninguna razón de ser.

Dejémosles a ellos, a esos hacedores de iniquidad, con sus satánicas agendas víricas y sus funestos planes para un nuevo ordenamiento mundial transhumanista, y vayamos nosotros a lo que realmente importa: vayamos a las luces de las incontaminadas y esplendorosas planicies de las Tierras Puras, con sus jardines y vergeles, con sus Huríes de ojos como perlas ocultas, con sus cristalinos arroyos y con sus brisas, siempre reconfortantes y placenteras.

(1) Cuando el cielo se cuartee, (2) cuando los astros se dispersen, (3) cuando los mares se desborden, (4) cuando salga lo que había en las tumbas, (5) cada nafs conocerá sus obras. (6) ¡Oh tú, el hombre –insan! ¿Qué te engañó, apartándote de tu Señor, el Generoso? (7) El que te creó, te conformó y te equilibró (8) en la forma en la que te quiso componer. (9) ¡Pero no! Negáis la rendición de cuentas, (10) siendo que tenéis guardianes pendientes de vosotros, (11) nobles escribas (12) que conocen vuestras obras. (13) Sabed que los virtuosos estarán en un perpetuo deleite (14) y los libertinos en el yahim. (15) En él arderán el Día de la Rendición de Cuentas, (16) y no podrán eludirlo. (17) ¿Mas cómo sabrás qué es el Día de la Rendición de Cuentas? (18) De nuevo te pregunto, ¿cómo sabrás qué es el Día de la Rendición de Cuentas? (19) Es el Día en el que nadie podrá hacer nada por nadie. Ese Día el juicio será únicamente de Allah.

Corán, Sura 82.

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