Llueve, llueve, llueve… no para de llover.

Un blues de JOHNNY WINTER

Adaptado al español por despojosdeoccidente

Tengo una ventana con vistas a ninguna parte,

Tengo una casa solitaria y silenciosa como una tumba,

Tengo miles de recuerdo escondidos

En cada esquina y en cada recoveco

De cada una de estas habitaciones.

 

Imágenes evanescentes que retornan,

Mantenidas a flote a golpe de lágrimas;

Y así, todo flota inamovible e intacto

Desde el mismo momento en que me dijiste adiós.

 

Llueve, no para de llover…

Llueve, no para de llover…

Llueve, no para de llover…

 

Tengo una imagen tuya viva, repleta de colores;

Cada mañana me da los buenos días

Y cada noche me da un beso de despedida.

Guardo esa imagen tuya indeleble en mi memoria;

Otras miles de imágenes tuyas las hice trizas,

Pero quería conservar alguna.

 

Llueve, no para de llover…

Llueve, no para de llover…

Llueve, no para de llover…

 

Cuando pienso en la libertad,

Pienso en un radiante día soleado

Despejado de nubes.

Pero entonces los recuerdos vienen como truenos

Para atormentarme,

Y me dejan así,  paralizado,

En medio de una persistente lluvia.

 

Llueve, no para de llover…

Llueve, no para de llover…

Llueve, no para de llover…

COMENTARIO:

Los días soleados ya no volverán, ella se fue para siempre y las imágenes enretinadas de su belleza sin igual es lo único que me ha quedado. Llueve, no para de llover.

Los días soleados ya no volverán, ella se desprendió del manto del dolor, y ahora surca ingrávida las Tierras Puras que el sol de la perfecta pureza,  incontaminada y radiante, baña. Ella se fue, pero su imagen fiel y deslumbrante siempre me acompaña, aunque llueva, aunque no para de llover y una cobriza cortina de agua todo lo engulla.

Los días soleados ya no volverán, ella se desnudó para revestirse de las luminarias imperecederas, en cuyo fulgor mi  corazón ahora anida, ajeno a todo, ajeno a esta sombría vida y a su tenaz lluvia.

Llueve, llueve, llueve… no para de llover.

Los días soleados ya no volverán a este mundo de perros amaestrados y sumisos, donde un perro rabioso como yo está de sobra; Ella se fue y la cuenca de mi ojo quedó vacía. En el abismo de mi mirada ahora no hay cabida para otra cosa que no sean los efluvios de sus fulgores magníficos y los recuerdos sus candorosos tocares, andares y mirares.

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