Poema de muerte a la sombra del gran monte Meru.

No hay muerte; no hay vida.

Ciertamente,

Los cielos están despejados

Y las aguas de los ríos

Fluyen cristalinas.

–Toshimoto, Taiheiki. Crónica de la Gran Pacificación.

(Adaptado al español por despojosdeoccidente)

COMENTARIO:

En verdad que no hay muerte, y en verdad que no hay vida. Sólo los hombres de Dios –los verdaderos hombres­– logran alzarse, majestuosos, más allá de los densos nubarrones de las proyecciones egocéntricas que sobre el caprichoso tomar y dejar se erigen, deviniendo el espejo de sus consciencias en una inexpresable realidad, pura, cristalina y radiante.

El maestro nos recuerda que nuestra verdadera esencia, innata e indeclinable, es no nacida y no muerta. Las aguas del río de la vida y de la muerte fluyen calmas, reflejándose en ellas la luz de la verdad oculta en los significantes, una vez consumidos y consumados en el ímpetu arrollador de su significación última.

El que sabe esto, el que sabe que no es lo que nunca fue, y sabe que es lo nunca dejó de ser, siempre está contento y satisfecho, nunca anhelante de otra cosa que no sean las aguas refrescantes de la visión en la Gran Luz, omni-abarcadora y omni-penetrante; los demás se limitan perpetuarse en la ilusión del tiempo, velándose así con respecto a la eternidad del instante.

monte1

Vuela por encima de las nevadas cumbres

Del Rey de los Montes, el monte Meru.

Vuela hasta mí, ven hacia mí, regresa a mí…

Jugaremos y reiremos juntos

Al arrullo de los vientos celestiales.

 

Dedicado a Ella.

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