Ella me pone cachondo.

Un blues de Muddy Waters

(Adaptado al español por despojosdeoccidente)

Ella me pone cachondo,

No sé como lo hace

Pero me pone cachondo.

Ella enciende mi mecha,

Pero no me ayuda a aliviarme.

 

Cuando ella está cachonda

Dice que no me encuentra en ninguna parte.

Ella dice que soy un pobre tonto.

¡Yeeeaaahhh!

 

¿Qué clase de mujer es esta?

Ella hace que los locos recobren la cordura.

Una vez fue a un funeral,

Y los muertos se despertaron.

Una vez le acarició el pelo a un sordomudo,

Y ahora oye y habla.

Una vez rozó a un ciego,

Y ahora puede ver.

¿Qué clase de mujer es esta?

 

Ella me pone cachondo,

No sé como lo hace

Pero me pone cachondo.

Ella enciende mi mecha,

Pero nunca me ayuda a aliviarme.

COMENTARIO:

Ciertamente es tremendo que una mujer te ponga cachondo, pero que no te ayude a aliviarte. Esa estremecedora sensación que te imprime una mujer de vértigo, ese desasosiego, no tiene cura posible. ¿Por qué hay mujeres que hacen eso? Y, ¿por qué hay hombres que se dejan hacer eso? Las calientapollas siempre han existido, existen y existirán, al menos mientras los virus no se lo lleven todo por delante. La seducción femenina es algo perfectamente lícito y normal que está inscrito en la fitrah –la naturaleza que nos es propia-, pues la explotación del atractivo femenino es requerido para encender la llama del deseo en los hombres, cuantos más mejor, de modo que ellas puedan elegir entre un amplio ramillete de pretendientes al que más les satisfaga y les guste. Lo que no es permisible, ni razonable, es pasar de la seducción al calientapollerismo,  puro y duro, sin más finalidad que la de echar un rato divertido y aprovecharse de los infelices pagafantas.

Desde aquí hacemos un llamamiento a todas esas calentonas sin escrúpulos a que depongan de inmediato su actitud pecaminosa, y que se centren en lo que realmente importa, que no es otra cosa que tratar de desenredar la enredadera de esta enredada trama existencial, hasta lograr hollar las luminarias imperecederas subyacentes. Una vez establecidas allí, desde ese foco alumbrador podrán discernir fácil y sabiamente entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo falso y lo verdadero, entre la cordura y el fatídico extravío.

Y si no hacen eso, al menos compadézcanse y alivien, de vez en cuando, a esos pobres pendejos.

¡Vamos cariño, ayúdame a aliviarme!

¡Yeeeaaahhh!

Comentarios

One comment on “Ella me pone cachondo.”
  1. ¡Yeeeaaahhh! Cariño. ¡Yeeeaaahhh!…. I LOVE YOU.

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