Trozos de carne obedientes.

Unos trozos de carne obedientes, sin iniciativa, sin capacidad de indagación reflexiva, sin espíritu crítico, sin empatía, sin sentimientos, sin consciencia; unos trozos obedientes de carne, debidamente adoctrinados en el miedo a morir por alguna amenaza fantasma y, tiempo al tiempo, debidamente vacunados, chipeados y conectados a la “NUBE” –una Inteligencia Artificial Centralizada. De eso se trata, de eso se trató siempre en definitiva. Todo este embrollo vírico planetario se trata de crear, de fabricar a las nuevas generaciones al gusto de la gobernanza mundial ashkenazi y satánica –el deep state.

El feminismo, el transgenerismo, la apología homosexual, el igualitarismo, el ateísmo, la superstición de la evolución por azar desde el mono –y éste desde una ameba-, el vivir por vivir, sin consciencia del Absoluto Trascendente que todo lo sostiene y que todo lo vertebra… todo eso fue sólo la antesala preparatoria para amoldar al ganado humano a lo que está ahora llegando, con la fuerza arrolladora de una horda de un millón de demonios. Se trataba, en las sociedades precoronavíricas, de allanar el terreno para propiciar la ciega obnubilación de las masas amodorradas en los placeres inmediatos, su total rendición, su sumisión y su aceptación sin rechistar del nuevo orden mundial, la tan cacareada “nueva normalidad” que recién comienza.

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La vuelta al cole

Las imágenes de los escolares galos y chinos que han retornado al cole son estremecedoramente apabullantes y descorazonadoras. Trozos de carne obedientes, de eso se trata todo, de fabricar los niños del mañana, sin corazón, sin alma, que juegan solos en la soledad de unos rectángulos pintados en el suelo, que llevan bozal y que guardan las distancias. ¿Acaso se trata de algo provisional, hasta que se vaya el bicho? Claro que no, el bicho no existe, pues no es más que la excusa fabricada para la vía libre a la implementación del nuevo mundo de zombis, de vida ciento por ciento online, de comida basura, de bonos de supervivencia, de vacunas, de injertos de chips inteligentes –cada vez más inteligentes; unas sociedades de trozos de carne obedientes, igual que las sociedades precoronavíricas, pero ahora con vidas online intramuros y con excitantes viajes solo hasta la vuelta de la esquina. Todo más recogidito, todo más controlado.

Esto es solo el inicio de los estragos demoledores que están por venir. Sus propios vecinos serán los encargados de que ustedes obedezcan, de que se ajusten en todo a la nueva normalidad, sin desviarse ni medio milímetro del plan establecido. Al principio, tan solo les mirarán mal por no rendirse y negarse a llevar mascarilla, luego les recriminarán a grito pelado y, finalmente, llamarán a la policía o a los sanitarios. Los vectores de infección incontrolados no serán tolerados, de ninguna de las maneras.

Esta debacle humana ya no puede ser revertida, pues los hombres que podrían hacerlo huyeron al desierto, o bien, quizás actualmente se estén pudriendo en el interior de los vientres de las putas.

ico despo

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